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Jersón, la niebla de guerra
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Jersón, la niebla de guerra

La dificultad para discernir las intenciones rusas tras la retirada de su única capital de provincia conquistada en Ucrania siembra dudas sobre el camino de la negociación, en un momento delicado para Putin

Foto: Edificio destruido en la región de Jersón. (EFE/Hannibal Haschke)
Edificio destruido en la región de Jersón. (EFE/Hannibal Haschke)

Ciudad fundada por Catalina la Grande, Jersón fue la elegida por su amante, el general Potemkin, como escenario de cartón piedra —fachadas de madera— para aparentar el inexistente esplendor que esperaba a la emperatriz, en su visita a la anexionada Ucrania. Puerto estratégico situado a orillas del mar Negro y del río Dniéper, base de la principal industria de construcción y reparación de barcos; en sus astilleros se reparan los buques de la maltrecha flota del mar Negro.

Putin tiene sus razones para luchar por Jersón, inquebrantable objeto del deseo, desde que Moscú invadió la península y la anexionó ilegalmente en 2014: agua dulce y un puente terrestre, desde la Rusia continental a Crimea. La imposibilidad de llegar a Crimea por carretera fue una de las principales razones esgrimidas para gastar 4.000 millones de dólares en la construcción del puente, a través del estrecho de Kerch.

Foto: Imagen satelital del tramo dañado del puente de Kerch. (Reuters/Maxar Technologies)

Además de las líneas férreas que la unen con Sebastopol, existe otra línea, que usan los rusos para llevar suministros entre Krasnodar (Rusia) y Jersón, ya que la anterior utilizaba el dañado puente, ahora en reparación. Cuando ordenó la operación militar especial, las fuerzas rusas en Crimea se dirigieron al sur de Ucrania a través de Jersón. Fue la primera capital regional y única gran ciudad ucraniana que ocuparon las fuerzas de Putin, a la que calificó como una ciudad "que sería rusa para siempre".

En Jersón también se encuentra un canal crucial de la era soviética, que durante mucho tiempo suministró la vital agua a la península. Ucrania lo bloqueó en 2014, lo que costó a Moscú cientos de millones de dólares. Tras el inicio de la invasión en febrero, uno de los primeros movimientos de Rusia fue apoderarse del canal y reavivar los flujos de agua. El canal suministra el 85% del agua que se utiliza en la península de Crimea y las aguas de la presa son esenciales para el funcionamiento de la central nuclear de Zaporiyia, ya que refrigeran sus reactores.

La presa de Nova Kajovka y la central hidroeléctrica, se encuentran bajo control ruso y se han convertido en argumentos clave para disputar Jersón. La destrucción de la presa —que unos y otros se acusan de querer volar— provocaría la inundación apocalíptica de grandes extensiones de terreno, con graves consecuencias para los habitantes de la zona y los cultivos.

Foto: Imágenes satélite de la presa Nova Kakhovka. (Reuters)

Ocho meses de guerra por delegación —con destrucción sin límites y crímenes de guerra— han producido en los contendientes, y en sus respectivos aliados, una fatiga que se mezcla con el recelo e invita a la cautela. El final de la guerra no parece estar cerca, pero las primeras tentativas para iniciar una negociación han empezado a emerger. Y las circunspecciones, en favor y en contra, son diversas y discrepantes.

Unos, tratan de recuperar —de alguna manera— a ciudadanos preocupados por la guerra, en un intento calculado de asegurar que el gobierno de Kiev conserve el apoyo de otras naciones europeas que afrontan opiniones públicas inquietas, debido —entre otras razones— a las secuelas energéticas. En el principal proveedor de armamento —Estados Unidos— la desconfianza a alimentar un gasto desbocado durante muchos años lleva a insinuar que "no hay nada malo en la política de hablar". En este sentido, los resultados de las elecciones midterm han supuesto un alivio para Biden&Blinken.

Los contrarios a la negociación, esgrimiendo que Ucrania no empezó esta guerra y no debería tener que ceder nada, han saltado como un resorte, blandiendo la idea de que negociar con Rusia en este momento es un gran error. Hablar de otra cosa que no sea la retirada del ejército ruso de Ucrania, una afrenta al país que ha sido el atacado. Los acontecimientos que se suceden desde 2014, y han desembocado en esta guerra delirada, ponen de manifiesto que Putin lleva años quebrantando el Memorándum de Budapest, poniendo fin a un principio de paz, genuino sostén del documento: la inviolabilidad territorial.

"En EEUU la desconfianza a alimentar un gasto desbocado durante muchos años lleva a insinuar que no hay nada malo en la política de hablar"

La poderosa alegación que sustenta Ucrania es que Rusia violó el tratado por primera vez, cuando invadió y anexó Crimea, la región donde se encuentran la base naval rusa en Sebastopol y la Flota del Mar Negro. Firmado en 1994 —tras el fin de la URSS— por los gobiernos de Ucrania, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos, el Memorándum sellaba la renuncia de Kiev a su arsenal nuclear —el tercero más grande del mundo— con el compromiso de adherirse al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP) y la devolución a Moscú de las ojivas dejadas en su territorio.

A cambio de la desnuclearización, los gobiernos signatarios se comprometieron a "respetar la independencia, la soberanía y las fronteras existentes de Ucrania" y "abstenerse de la amenaza o el uso de la fuerza" contra el país. Para los más avisados de la élite ucraniana, no dejaba de ser una decisión "romántica y prematura". Visto lo visto, tenían razón.

"Para los más avisados de la élite ucraniana, no dejaba de ser una decisión romántica y prematura. Visto lo visto, tenían razón"

Ahora, sin armas nucleares, Ucrania ha pasado a ser un país embestido por su vecino. Con ataques a la infraestructura civil y militar y convoyes rusos tous azimuts, sacaron de sus casas a personas inocentes, las mataron brutalmente, muchas previamente torturadas. Bombardearon escuelas, hospitales, hogares. Han dejado el país hecho añicos y alrededor de 10 millones de ucranianos refugiados.

Con este balance, se pretende que Ucrania "negocie" con Rusia, en línea con lo que plantea un iluso profesor de asuntos internacionales en la Universidad de Georgetown, Dr. Charles A. Kupchan: "Más pronto que tarde, Occidente tiene que trasladar a Ucrania y a Rusia del campo de batalla a la mesa de negociaciones". En el documental de NetflixPutin's Long Road to War— que recomiendo a mis lectores; líderes europeos y diplomáticos estadounidenses explican el trasfondo de la situación en Ucrania, la apropiación de Crimea y el largo conflicto en el Donbás.

Todos coinciden en que es inútil negociar con Putin porque "Él quiere toda Ucrania" y la idea que descuella es que el líder ruso es ahora más peligroso que nunca, porque está perdiendo, humillado por las sanciones y arrinconado. Es lo más arriesgado que ha vivido y ahora se ha convertido en existencial para él. En lo que podría quedarse como estertores de una guerra que todos quieren que termine, un hecho nuevo es de gran relevancia: la decisión de abandonar la ciudad de Jersón —300.000 habitantes— con una formidable importancia estratégica y política para el Kremlin.

Foto: Ucranianos, en la protesta frente a la embajada rusa en Madrid un día después de la invasión. (EFE/Rodrigo Jiménez)

En una inusual comparecencia televisada, el ministro de Defensa ruso dio luz verde, en directo, a la petición del nuevo general con mando en plaza, Sergei Surovikin, de abandonar la capital, único punto de apoyo importante de Moscú en el lado occidental del río Dniéper, buscando una mejor posición defensiva, y el repliegue del ejército ruso a la margen oriental del río.

Este movimiento, que supone ceder el control, cambiaría las tornas, ya que ahora es Ucrania la que intenta reconquistar el territorio anexionado y está poniendo a los rusos a la defensiva. En definitiva, lo que subyace es quién lleva la delantera. ¿Podría ser este el principio del fin de la guerra? En el pasado ha habido falsas esperanzas puestas en un posible desenlace, por lo que antes de avanzar cualquier cálculo, hay que esperar a conocer los detalles y disponer de pruebas más sólidas. Al no estar claros los planes de Rusia, florece la desconfianza y el escepticismo.

Y de paso, recuerda el desastroso resultado de las negociaciones con Hitler, cuando este jugó con el miedo europeo. Francia y Reino Unido, firmantes del Pacto de Múnich (1938), creyeron haber desactivado los ánimos belicistas y pronto descubrirían que se habían equivocado, porque Hitler había quedado tan convencido de la inacción de Reino Unido y Francia, que cuando decidió invadir Polonia, en el verano de aquel año, pensó que no harían nada para impedirlo.

Foto: Lanzadores de cohetes HIMARS. (US Army)

Una lección de los efectos del apaciguamiento, que solo da lugar —más adelante— a una guerra aún más destructiva. Esta encrucijada lleva a los más audaces a la cómoda conjetura: "Se acerca el 'general invierno' y el ejército del emperador no tiene ropa; ¿para quién será más duro?" Difícil respuesta porque los informes contradictorios sobre las intenciones rusas y las incógnitas que se encadenan plantean una ecuación espinosa de despejar y empañan cualquier pronóstico.

Mientras el G20 discutía en Bali sobre la conveniencia de acabar con la guerra, Putin ordenaba un nuevo ataque, con más de 100 misiles sobre objetivos civiles, ubicados en Ucrania, y con el objetivo de destruir instalaciones energéticas. Aunque la lucidez de la razón sea incontestable, dos misiles cuyas explosiones fueron causadas, probablemente, por un misil ucraniano que se defendía de un ataque ruso, dejaron dos muertos en un país miembro de la OTAN, contribuyendo a espesar la niebla de la guerra.

Ciudad fundada por Catalina la Grande, Jersón fue la elegida por su amante, el general Potemkin, como escenario de cartón piedra —fachadas de madera— para aparentar el inexistente esplendor que esperaba a la emperatriz, en su visita a la anexionada Ucrania. Puerto estratégico situado a orillas del mar Negro y del río Dniéper, base de la principal industria de construcción y reparación de barcos; en sus astilleros se reparan los buques de la maltrecha flota del mar Negro.

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