Ana Mato, el US Open y nuestras ganas de linchar

Esta semana ha sido sorprendente. El día de hoy parece un domingo por la mañana tras una noche de juerga fuera de control, es decir, al

Esta semana ha sido sorprendente. El día de hoy parece un domingo por la mañana tras una noche de juerga fuera de control, es decir, al domingo a las cuatro de la tarde. Me despierto, hago memoria y no sé cómo demonios ha llegado este chimpancé a mi cama, ni por qué hay tenedores y cuchillos clavados al techo de la cocina. Sólo espero que no sea un muerto ese bulto que oculta el mantel de hule extendido en el suelo del salón. Por Dios, qué estuve haciendo... Sé que estaba tranquilamente tomando cervezas y bailando en calzoncillos encima de un coche, pero a partir de ahí no recuerdo nada.

- Estuviste defendiendo a Ana Mato en las redes sociales.

¡La leche! Pues sí. Ahora recuerdo... Yo miraba mis manos moviéndose encima del teclado en el ordenador, miraba el texto que iba avanzando por la página y daba un respingo, como si Satán me hubiera poseído. ¡La estaba defendiendo!

- ¿Te llamo el finde que viene, cariño? ¡Eres un toro!

Mis amigos no me miran a la cara, me llaman vendido, me llaman Sostres y Dragó y cosas así. Pero a veces uno tiene que dejar de hacer lo que le gusta, lo que provoca aplauso en su círculo. Meterse con un político de cualquier partido es un caramelo. Usted haga un chiste medio ingenioso o lance una diatriba sobre la corrupción y en seguida encontrará el aplauso.

- Técnicas para ligar en la crisis económica: plagie a Wyoming en el bar.

Los políticos han alcanzado un punto de descrédito tan alto que la popularidad del comunicador pasa por su habilidad para echarse unas risas con la codicia y la trapacería. ¿Quién deja escapar una noticia funesta sobre la vida pública? La posibilidad de hacer chistes es el consuelo que nos queda en estos tiempos, y nos lanzamos a por el dulce, a por la nueva noticia de sus tejemanejes, como niños hipoglúcidos. Pero a veces el caramelo es un pedazo de corcho.

- ¿Qué significa hipoglúcido?

- Es como un hipopótamo pero hecho de azúcar.

- Entonces se disolverá en la charca.

- Supongo...

El viernes pasado, la web Espía en el Congreso lanzaba una noticia (falsa o equivocada) que rápidamente se convertía en trending topic: Ana Mato había ido al US Open pagando las entradas con dinero de la caja del Ministerio de Sanidad. Voló a Nueva York en primera clase y todas esas cosas de las que nos gusta acusar a nuestros políticos. En lugar de gritar ¡horror! muchos gritamos: ¡hurra! Yo mismo lancé una diatriba genial que en pocos minutos estaba dando vueltas por la red. Si la noticia hubiera sido:

- Ana Mato destruye el planeta Tatoonie con el láser de la Estrella de Muerte. La factura de la luz se cargó al Ministerio.

También gritaríamos:

- ¡Hurra!

Estamos hablando de una señora que presuntamente pagaba confeti a precio de sangre de unicornio y cuyo marido tenía un Jaguar muy presuntuoso en el garaje, que ella decía no haber visto. La sospecha se acentúa cuando la ministra ha protagonizado recortes en lo que más nos duele a todos.

Tenemos que andar con pies de gato. Sí que existe la corrupción, como existe Australia, pero de nada sirve navegar el Atlántico en su busca.

Cualquier indicio de que chupa del bote una dama que obliga a mi abuela a pagar medicinas con su pensión provoca rápidamente mi irritación, fábrica de chistes y dardos. Pero al poco tiempo, el mismo viernes, el Ministerio desmentía la noticia. Varios medios se habían hecho eco del bulo, así que rectificaron. Otros medios hablaron directamente de él, usando al Ministerio como fuente. Medios serios, como este, ni siquiera prestaron atención a un asunto que no debería ser noticioso, por falso. Twitter piaba:

- Leed esta denuncia sobre Ana Mato y sabréis por qué hay que matarlos-, escribió @maxpradera.

Sintiéndome muy culpable por haber difundido una noticia falsa, empecé a hacer esa cosa extraña: me informé. Y a falta de fuentes en España, tuve que ir a medios internacionales. Rápidamente descubrí que Ana Mato había ido a Nueva York para recoger el premio de la Fundación Franklin Delano Roosevelt por los avances en integración social de minusválidos en 2012, y que la final le había pillado allí. La reina Sofía quiso ver a Nadal levantando el trofeo, así que Ana Mato acudió con ella, como dicta el protocolo.

- También tiene cojones el protocolo. Eso sí se paga con dinero público. Lo pagamos todos.

Es otro cantar. El caso es que se acusaba a Ana Mato de hacer cosas que, según el Ministerio, no hacía.

- Pues del Ministerio tampoco creemos una palabra. 

Y yo tampoco. De manera que lancé tres emails. El primero al Ministerio, para pedir (como ciudadano) la acreditación de la ministra al US Open. El segundo al US Open, pidiendo lo mismo y pensando que el Ministerio no iba a contestar. El tercero a la Fundación Roosevelt, para averiguar sin intermediarios el motivo del viaje de Ana Mato. 

- ¿Los escribiste en inglés, los emailsnbsp;

- Los tres. 

- Entonces, el Ministerio no te contestaría.

 Pues no, el Ministerio no contestó, aunque escribí en español. Sí que contestaron las instituciones norteamericanas. Es curioso que con la Ley de Transparencia aún caliente conteste antes a un españolito el yankee que su propio Gobierno. El caso es que desmintieron las noticias de Espía en el Congreso, las noticias que en ese momento (lunes de esta semana) seguían generando reacciones furiosas de algunos plumillas rezagados. Envié la información a Espía en el Congreso y les recomendé una rectificación. Los emails, que son la única fuente realmente fiable, no han sido publicados en ninguna parte todavía. Y aquí viene la parte seria del artículo de hoy.

- Venga, hasta luego. 

Tenemos que andar con pies de gato. Sí que existe la corrupción, como existe Australia, pero de nada sirve navegar el Atlántico en su busca. Esta noticia falsa es sólo una de las muchas que aparecen para saciar nuestras ganas de linchar a unos cuantos cabrones. Pero tenemos que plantearnos qué espera conseguir quien difunde la acusación y poner todo nuestro empeño ciudadano en contrastar informaciones. Sospechemos de los políticos, pero también de los medios de comunicación. Sospechemos, sobre todo, de aquello que leemos en Twitter. Es una postura desagradable, pero la opacidad de nuestra vida pública nos pone siempre a un paso de meter la pata.

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