Teoría y práctica del humor cruel

¿Se cabrearían si me refiriera a negros, moros, judíos, budistas y empollones sin usar lenguaje inclusivo?

Foto: Un retrato del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en clave de humor hecho por la propia Casa Blanca. (Reuters)
Un retrato del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en clave de humor hecho por la propia Casa Blanca. (Reuters)

No digo humor negro porque puede resultar ofensivo para Obama. Mejor humor de color, o afroamericano. Pero no nos distraigamos. Me pregunto cuántos tullidos leen esto. ¿Podrían levantar la mano, por favor? En caso de que tengan, claro. Y hablando de afroamericanos, ¿cuántos negros? Si ustedes comprenden mi idioma, ¿podrían levantar las manos? No se fijen en las palmas, señores del juzgado, las palmas de los negros son como la conciencia de los corruptos, engañosas. ¿Y cuántos moros hay presentes? Levanten la mano, la mano con la que no sostienen el mando del chaleco bomba. ¿Y cuántos judíos nos están leyendo? Por cierto, que oí un chiste muy bueno sobre judíos, dice así:

Aviso fúnebre en el diario de una comunidad judía: “La familia anuncia el fallecimiento de nuestro querido Salomón Rushkind. Sus restos serán velados en C/ Sefarad 90, piso segundo. Dos dormitorios, salón comedor, dos baños, vestidor, garaje incluido. Muebles a la venta”. Es bueno, ¿eh? Pues no se rían tanto los moros de la sala, porque este chiste me lo contó un judío. Es, de hecho, una muestra del famoso humor negro judío, que sólo un pacato sin remota idea sobre la realidad del pueblo judío puede ignorar.

Pero no nos perdamos en teorías y sigamos con el recuento. ¿Budistas? ¿Algún budista? ¿Eso naranja de ahí es un budista o el anagrama de Ciudadanos? Bien, contabilizado. Y capillitas, ¿cuántos hay? A ver: levanten ustedes sus tronos y sus pasos, y contamos ocho capillitas por cada Virgen o cada Cristo. ¿Y cuantos curas? Suelten a los niños un momento, que no se escapan de la sacristía, y levanten la mano. Veamos, trescientos, cuatrocientos... ¿qué viene luego? Soy de letras, ni idea.

Quiero contar a los fachas. Primero levanten la mano los fachas, que tienen bastante práctica. Después de ellos los rojeras, que para eso perdieron la guerra

¿Cuántos matemáticos, informáticos y físicos hay por aquí? Por agruparlos de manera razonable: ¿cuántos empollones? No hace falta que levanten la mano, ya les reconozco por la cara de no follar mucho. Por favor, ustedes a contar a los que levanten la mano, háganme el favor. Yo no sé contar, sólo se gastar.

¿Cómo? ¿Qué pasa? Oigo murmullos de desaprobación. Oigo gente cabreada. ¿Quiénes son? Por supuesto son las feminazis, escondidas detrás de sus bigotes románicos. Están cabreadas porque me he referido a negros, moros, judíos, budistas y empollones sin usar lenguaje inclusivo. Pues vamos a ver, señoras, levanten los brazos para que pueda contarlas de un tirón. Gracias. Ochomil cuatrocientas veinte, es decir, dieciseis mil ochocientos cuarenta sobacos matogrosianos.

Antes de proseguir con el recuento, les diré algo que me hizo mucha gracia. Con el caso de Zapata había un montón de gente hablando del mal gusto de unos chistes... ¿pero es que no vieron cómo suele ir vestido? ¿No vieron la pinta que lleva? ¿Cuántos perroflautas hay aquí?

Pero sigo, porque ahora quiero contar a los fachas. Primero levanten la mano los fachas, que tienen bastante práctica. Después los rojeras, perroflautas y demás buenistas, después de los fachas que para eso perdieron la guerra. Ahora. ¿Cómo vamos, gafitas? Diez millones. Perfecto. Sigamos: procedo a llamar a los lectores de cada comunidad autónoma. Por supuesto, los vascos levantan la mano primero, están en su derecho. Y ahora que levanten la mano los catalufos, dejen un rato la calculadora. Bien.

Supongo que esos que no saben si levantar la mano o bajarla son gallegos, ¿verdad? Y en cuanto a los murcianos, por favor, saquen la mano del bolso de las señoras que tienen al lado. Gracias.

Vayamos ahora a por los calvos. No hacen falta que levanten la mano, basta con que se pongan de pie. En cuanto a los paralíticos, todo lo contrario, por supuesto. Bien, ¿qué más? Ah, sí. Pido a los escritores que están leyendo esto que salgan un instante de su nebulosa de pedantería. Esto de aquí es el mundo real, ¿hola? ¡Manos arriba! Bien, bien, apuntados. Jejeje, han levantado la mano para ver si les hago una crítica de sus libros. Siempre hacen lo mismo cuando ven un periodista.

¿Cuántos moros hay presentes en la sala? Levanten la mano, la mano con la que no sostienen el mando del chaleco bomba

Uy, casi se me olvida. Gacetilleros del mundo, levantad vuestras garras, no tengáis vergüenza por vuestras uñas retorcidas. Vaya, vaya, cuánto periodista. Ahora, que levanten la mano sólo los que cobran dignamente por su trabajo. Uno, dos, tres, cuatro. Esperanza Aguirre, usted baje la mano. Con lo que cobra por columna, está claro que no es periodista.

Si los empollones van bien con el recuento, por ahora llevo unos treinta millones de españoles en la lista. Aún falta gente, veamos... Ah, sí. ¿Cuántos afiliados a UPyD tenemos? Mmm... Así no vamos a acabar nunca. ¿Cuántos rancios? Veamos, ¿cuántos rancios que nunca se han reído con nada, cuánta gente que se divierte en los bautizos o viendo la teletienda a altas horas de la madrugada? ¿Cuántos exfumadores rabiosos? ¿Cuántos aficionados al running de los que se ponen mallas fardahueviles a lo Ángel Cristo, dispuestos a correr delante de los pobres niños del parque con rostro de aguda agonía? ¿Cuántos abogados? ¿Cuántos albañiles salidos? ¿Cuántos zampabollos? ¿Cuántos dispuestos a admitir en público que son abogados?

Bien. Según los cálculos de los empollones, quedan unas trece mil personas en toda España que todavía no han levantado la mano. Por eso he traído este cartel:

LOS SORDOS, POR FAVOR, LEVANTEN LA MANO

Y nos quedan seis personas. ¿Saben ustedes quiénes son esos seis? Son las seis personas más anodinas e indiferentes de toda España. Seis personas sin pasiones, sin vida en la mirada, sin gracia, sin nada destacable. Ni siquiera seis burócratas, porque los burócratas siempre son pasto de las bromas. Son seis personas que casi ni existen, que no despiertan la más mínima pasión ni la envidia de nadie. Por eso son las únicas seis personas que nunca serán susceptibles de convertirse en una broma o un chiste. ¿Alguien las envidia? Pues este flequillitos pedante, faltón y sensiblero no.

 

PD: Los fachas pueden bajar la mano ya, si quieren.

PD: LOS SORDOS TAMBIÉN.

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