A qué se refería Carmen Thyssen cuando dijo que ser rico es peor que ser pobre

He venido a explicarles a qué se refiere Tita. El rico se encuentra en su día a día complicaciones de las que el pobre está liberado gracias a su vida sencilla

Foto:  La baronesa Thyssen, Carmen Cervera. (EFE)
La baronesa Thyssen, Carmen Cervera. (EFE)

Le han preguntado a Carmen Thyssen qué tal lleva el martirio de la riqueza y ella ha explicado honestamente que ser rico es mucho más difícil que ser pobre. Solo hay que ponerse en su lugar para entenderlo. Es lo que ella esperaba que hiciera el vulgo después de la entrevista que ha tenido a bien concederle a 'Cinco Días'. Quería dar una enseñanza gratis, pero ustedes, hala, a reírse de ella en Twitter. Están podridos de rabia.

De la misma forma que el ignorante suele vanagloriarse de su incultura y se ríe del que lleva gafas y un libro bajo el brazo, el pobre se pirra por hacerse la víctima y es incapaz de ponerse en el lugar del rico. ¿Protestan ustedes? La historia de la humanidad prueba mis palabras: un rosario de episodios en que los pobres tratan de ponerse en el lugar de los ricos con brutalidad, armando escándalos. ¿Dónde queda la comprensión, la empatía?

En vista de que no recapacitan, he venido a explicarles a qué se refiere Tita. El rico se encuentra en su día a día complicaciones de las que el pobre está liberado gracias a su vida sencilla. Empecemos por los pies: ¿no es infinitamente más difícil elegir zapatos entre los 500 pares del vestidor que decantarse entre bota o alpargata según llueva o pegue el sol? En la sencilla y feliz vida del pobre, es la climatología la que toma estas decisiones. Su papel en el mundo no es embellecerlo, como sí le ocurre al rico.

Yo no entiendo a los pobres. ¿Tanto cuesta cultivar la empatía mientras se friega una escalera? Pero es cosa probada que el pobre lo que cultiva es la envidia

Pero esta grandiosa responsabilidad no termina en los calcetines, claro: habrá que combinar el calzado con el resto del atuendo, y qué sabe el pobre sobre las profundidades de este infierno. Véanlo salir pitando de casa cada mañana, vestido con lo primero que ha pillado. Vean cómo ha tenido tiempo de llegar al trabajo y tomarse el primer café y el segundo -luego dirán que viven mal- mientras la baronesa todavía examina con impotencia el arco iris 'fellinesco' de chaquetas, blusas, faldas y abalorios.

El pobre podrá condenar esta preocupación por el 'outfit' como una prueba visible de la vacuidad de la vida del rico, pero es fácil decir eso cuando uno no sale en la prensa rosa, cuando los periodistas no vienen a casa a hacer una sesión de fotos cada dos semanas. Mientras los pobres pululan por los mercadillos, la esforzada baronesa se desloma en las tiendas de la calle Serrano con la mente fija en la portada del '¡Hola!', publicación, no está de más recordarlo, que solo sirve para regar con un poco de luz y estilo los secarrales feos de la vida humilde.

Al pobre no le importa cómo vaya vestido su amigote: en un bar de cañas mugriento, lo mismo da chándal que jersey de lana, porque el pobre, cuando descansa, se divierte y listo. Recuerden si no esa escena de 'Titanic' donde la alta sociedad se pudre al sol entre tumbonas mientras los pobres lo pasan bomba en las bodegas del barco bailando la polka. Pero, además, los pobres ignoran que la alta sociedad trabaja hasta en sus fiestas. Son largas veladas en las que vuelan los contratos, se compran obras de arte y se genera más dinero en negocios que solo tienen como recompensa un poquito de Dom Pérignon.

¿Por qué no han salido en su defensa sus sirvientes? Deberían hacer un poco de pedagogía entre los de su clase, pero para eso tendrían que tener sensibilidad

Yo de verdad que no entiendo a los pobres. ¿No pasan tantas horas haciendo un curro que no requiere concentración, no trabajan con las manos? Pues deberían aprovechar esas horas para pensar un poco en los ricos. ¿Tanto cuesta cultivar la empatía mientras se maneja un taladro o se friega una escalera? Pero es cosa probada que el pobre lo que cultiva es la envidia.

Y eso que la baronesa, todo el mundo lo sabe, es de las que más se juntan con pobres: tiene un buen montón en su propia casa y además les da trabajo y sueldo. ¿Por qué no han salido en su defensa sus sirvientes? Deberían hacer un poco de pedagogía entre los de su clase, pero claro: para eso tendrían que tener un poco más de sensibilidad y, si el dinero escasea en los bajos fondos, yo digo que allí hay más pesetas que sensibilidad.

A las pruebas me remito: la baronesa muestra sus obras de arte a quien desee contemplarlas, pero ustedes, en lugar de irse al museo, se quedan en casa, se conectan a internet y la ponen a caer de un burro.

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