Motos deleita a Rajoy con un masaje porno en 'El Hormiguero'

Ni las hormigas, ni nadie podía imaginar que estábamos a punto de soportar la emisión en directo de un masaje propagandístico al nivel de una entrevista a Franco en el NODO

Foto: Mariano Rajoy visita 'El Hormiguero' de Antena 3, este miércoles 22 de junio. (Foto: Flickr / 'El Hormiguero')
Mariano Rajoy visita 'El Hormiguero' de Antena 3, este miércoles 22 de junio. (Foto: Flickr / 'El Hormiguero')

Antes de la emisión de la entrevista de Pablo Motos al presidente en funciones, esta pobre hormiga que les habla estaba pensando que nada bueno puede venir tras la frase “¡hoy ha venido a divertirse a 'El Hormiguero' Mariano Rajoy!”. Tenía fresco el recuerdo de la paliza a la que Pablo Motos sometió a Pedro Sánchez hace unos días. Las imágenes del líder del PSOE deshaciéndose como una aspirina en un vaso de agua bajo los palos del presentador giraban como un carrusel en mi memoria a corto plazo.

[Lea aquí toda la información sobre las Elecciones Generales]

Sánchez había sufrido, había titubeado, se había llegado a enfadar pero siguió recibiendo dardos de un Motos que se había desprendido por completo de su simpatía. Al final, Sánchez había suplicado clemencia a Trancas y Barrancas, pero el presentador despidió el programa con gesto decepcionado, en plan “me has fallado, Peter”. ¿Qué iba a pasar cuando llegase el presidente, Dios Santo? ¿Qué imagen iba a proyectar de Rajoy un Motos tan guerrillero?

Pues bien: nadie, ni las hormigas, ni las termitas, ni los mosquitos (y mucho menos las chinches, o los chuches, yo qué sé) podía imaginar que estábamos a punto de soportar la emisión en directo de un masaje propagandístico al nivel de una entrevista a Franco en el NODO. Entró Rajoy como una walkiria al ritmo del himno merengue del partido y el público cantaba. Nada más sentarse en la mesa, Motos rompió el hielo tuteando al presidente, y mientras tanto la frente del presentador brillaba más que la de Fernández Díaz esta mañana.

Terminar la jornada en 'El Hormiguero', famoso por su gamberrismo, su intrascendencia y la notable cuñadez de su audiencia, podía convertirse en una catástrofe

Aunque las hormigas tengamos mala memoria, todavía recordábamos en ese momento que Rajoy no había empezado el día con buen pie. La grabación de las conversaciones de su ministro de Interior con el director de la Oficina Antifraude de Cataluña habían puesto en cuestión la honradez de don Jorge y la seguridad de las conversaciones privadas en su despacho. A las nueve y media de la noche, el eco de su voz aún teñía a España de un amarillo banana digno de repúblicas americanas ampliamente mencionadas durante la presente campaña.

Terminar la jornada en 'El Hormiguero', famoso por su gamberrismo, su intrascendencia y la notable cuñadez de su audiencia, podía convertirse en una catástrofe de proporciones bíblicas para un partido que necesita poner una mampara de silencio en torno a cada vez más frentes. De Motos dependía proyectar una imagen de Rajoy como un torpe que dice no saber nada de eso de lo que usted le habla, o la del simpático campechano gallego aficionado a la retranca del que tantas veces hemos oído hablar a Marhuenda.

Bien: a los pocos minutos, esta hormiga pisoteada llegó a dudar si 'El Hormiguero' se emitía en Antena 3 o en Intereconomía. El diálogo entre Motos y Rajoy empezó tal que así:

-¿Se siente muy solo en el poder?

-Por encima de ti no hay nadie, en las grandes decisiones estás solo.

-Le comprendo.

-Tú si te sientes solo, me llamas a mí.

Aplausos. A lo de Fernández Díaz, Motos le dedicó una pregunta blanda como papada de ministro que permitió a Rajoy darle la vuelta al asunto. El problema era el micrófono en el despacho y no lo que el micrófono había grabado. Motos, ungido de una flacidez digna de las babosas, escuchó a Rajoy poner al PP de víctima sin hacer la más mínima repregunta.

Cualquier espectador desinformado (y no tenemos noticias de que la audiencia de 'El Hormiguero' vea también la BBC) debió llevarse una imagen maravillosa de Rajoy. Un Rajoy desprovisto de su burocrática seriedad, de su intransigencia, de su cabezonería. Un Rajoy humano, demasiado humano. Detrás, en una pantalla, se lo podía ver votando y tomando cañas. Un Rajoy mucho español.

Esta hormiga pisoteada llegó a dudar si 'El Hormiguero' se emitía en Antena 3 o en Intereconomía

Sin duda, Mariano Rajoy había venido a divertirse. Minuto a minuto, el programa traspasaba los límites de la propaganda política para penetrar en el reino de la pornografía. El lema, “hubo momentos difíciles pero al final estas cosas se arreglan”, servía para todo: para la trifulca de la aritmética parlamentaria, para la crisis económica, para el paro, para la corrupción. ¡Ah, qué bella cosa la corrupción en el mundo humanizado de Pablo Motos! Y la palabra “sensatez” se repitió hasta quedar vacía de sentido.

Después de pedir a su amigo el presidente disculpas por la pregunta desagradable que le iba a hacer, se lanzó al tema con esta pregunta textual:

-De todos los casos de corrupción que hay en tu partido, ¿cuál ha sido para ti el más doloroso? Atención: había resonado en toda España la palabra casos, salida de una nueva hornada de Génova, 13. A continuación, Rajoy volvió a arrellanarse en el sillón de víctima como si todo ese dinero se lo hubieran mangado a él directamente. Pero Motos, no contento con ello, zanjó el tema con la siguiente pregunta:

-¿Has perdido muchos amigos?

Y ya está. La barba blanca de Rajoy, su retranca, su ironía, su calma... Todo iba perforando mis defensas y mi mujer, que es una roja, me miró con odio cuando me reí a carcajadas con una de las bromas de nuestro querido presidente. “Hablemos del paro”, dijo Motos entonces: “Vosotros nos vendéis que hemos bajado de cuatro millones de parados, que en cifras está muy bien. Pero ¿por qué ahora debemos creernos que si votamos al PP se van a crear dos millones de empleos?”.

Atención a la fórmula: en cifras está muy bien y si votamos al PP se van a crear millones de empleos. El horno propagandístico de Génova, 13, echaba unas humaredas blancas con olor a pan y Rajoy se lanzó ávido encima del bollo.

Pablo Motos junto a Trancas y Barrancas.
Pablo Motos junto a Trancas y Barrancas.

Después se habló de los pobres. En la pantalla del fondo salían imágenes de monjitas repartiendo comida y Rajoy elogiaba la solidaridad de los españoles. “Somos uno de los países más solidarios del mundo”, dijo, y Motos no le preguntó por los refugiados. “Tenemos millones de pensionistas, de perceptores del seguro de desempleo, damos millones de ayudas a la dependencia”, dijo, y Motos no le preguntó por los recortes.

El clímax llegó con una pregunta destinada a despertar la compasión por el sufrido presidente de todas las hormiguitas españolas (trabajadores precarios, parados de larga duración, enfermos a los que se les cicatea la ayuda por dependencia, becarios).

-¿Cuánto darías ahora por ir al centro de Madrid, sentarte en una terraza, tomar una cerveza fría y ver a la gente pasar?

Rajoy lanzó una mirada dulce desde el horizonte de la vida:

-Pues probablemente lo mismo que darías tú -respondió.

En ese momento ya era difícil determinar si Pablo Motos y Mariano Rajoy eran la misma persona.

España is not Spain