Cataluña, 15 años después de la independencia

Celebramos la Diada con una crónica de periodismo-ficción

Foto: Un joven porta una 'estelada' durante la manifestación que bajo el lema 'A punt' (A punto), han organizado entidades independentistas. (EFE)
Un joven porta una 'estelada' durante la manifestación que bajo el lema 'A punt' (A punto), han organizado entidades independentistas. (EFE)

I. Banderas lánguidas

Han pasado 15 Diadas desde que Cataluña se independizó del 'Estat espanyol' y es 11 de septiembre otra vez. Los coches del Gobierno llevan toda la mañana recorriendo arriba y abajo Barcelona con la megafonía "a tota hòstia". El mensaje, grabado hace seis años con chirriante acompañamiento de chirimía, tiple, flabiol y tamboril, recuerda a los barceloneses que “és un bon moment per treure la bandera al balcó”.

El Govern incluyó esta estruendosa medida en su Pla Estatal d'Alegria Nacional, aprobado con los votos a favor de las fuerzas políticas “constitucionalistes” Partit Artúric (PA), Esquerra Desnatada Catalana (EDC) y Raholistes de Pro (RaRaRa!), el voto en contra de los 'nostàlgics' Ciutadans Mirant a Cuenca (CMC), Partido Español Popular Español (PEPE) y PSC (Per Seny, Collons), y la abstención de la maraña de siglas de izquierdas, que en aquel momento, como ahora, negociaban la significación marxista comparada de “el comú” y el alcance del concepto “sí que es pot” según el materialismo dialéctico.

Un momento de la manifestación de la Diada en Lleida. (EFE)
Un momento de la manifestación de la Diada en Lleida. (EFE)

Al oír el mensaje pregrabado que atruena la calle, el viejo nacionalista Jordi Gispert ha salido al balcón y ha dejado colgar su vieja estelada obedientemente mientras los vecinos del otro lado de la calle hacían lo propio. Acto seguido, Gispert ha vuelto a meterse en casa con expresión disgustada. Recuerda perfectamente el día en que compró su estelada, en 2015, cuando la historia de Cataluña estaba por escribir, tan rutilante y exitosa como el proyecto de una novela antes de ser destrozado por la torpeza del escritor. Con los auriculares puestos, Gispert se tumba en el sofá para escuchar con placer culpable su viejo recopilatorio de Los 40 Principales.

“Te di todo mi amor arroba love punto com, y tú me arroba-arroba-arrobado la razón”. Esta mañana, los versos de Tam Tam Go! llevan a Gispert al borde de las lágrimas. Es curioso, porque antaño la sola mención de esta clase de música le habría provocado un rechazo tan nauseabundo como un trozo de hígado agazapado en su plato de 'arròs amb conill'. Ahora le parece notar un hilo que conecta el estribillo con su propia experiencia nacional

Tam Tam Go! lleva a Gispert al borde de las lágrimas. Es curioso porque antaño la sola mención de este tipo de música le habría provocado rechazo

Cuando le pregunto si asistirá a la gran manifestación de la tarde, Gispert responde sin demasiado entusiasmo que “més per veure si pillo cacho que una altra cosa”.

II. Castell i calçotada

Un grupo de escolares rinde tributo ante el mausoleo de Jordi Pujol y señora con un 'castell' de cinco pisos. Los críos catalanes dominan la técnica del castillo humano a la perfección después del entrenamiento intensivo en los 'Casals de Vacances Patriòtiques'. Para ellos, la prodigiosa arquitectura cárnica tiene tan poco misterio como la coreografía de una sardana para Nacho Duato. En lo alto de la torre humana, la 'enxaneta' levanta la mano derecha con expresión protocolaria ante los aplausos desmañados de los viandantes. Cuando baja le pregunto:

—Què? T'ho has passat bé?

Me mira con desinterés y responde:

—A mi el que m'agrada és jugar a la consola.

Gracias a los avances en ingeniería genética de la Universitat Autónoma de Barcelona, la temporada de 'calçots' dura todo el año, no solo de noviembre a abril

El olor a 'calçotada' ya impregna el ambiente. Gracias a los avances en ingeniería genética de la Universitat Autónoma de Barcelona y a la suculenta inyección del Pla Estatal de Recerca del Fet Diferencial Genètic, la temporada de 'calçots' dura todo el año y no solo de noviembre a abril, como cuando Cataluña estaba sometida al férreo control de Madrit. El 'calçot' transgénico ha sido solo uno de los descubrimientos de esta línea de investigación pionera en Europa, que ahora trata de conseguir un híbrido que traiga ya sabor a salsa romesco, mientras adapta platos de las antiguas comunidades autónomas a la fenomenología catalana.

Por fortuna para los paladares propensos a aburrirse con la monotonía, gracias a los avances de 'L'escola de cuina' de Ferran Adrià, en las comidas al aire libre se puede degustar la 'Monxetada' de Oriol (sucedáneo de fabada asturiana), 'Aròs dels Països Catalans' (adaptación libre de la paella valenciana), 'Gaspatxo d'Horta' (gazpacho andaluz con bajo contenido en vagancia sureña) o 'Molles de Llach' (migas turolenses con productos del Empordá).

Vista general de la concentración en Berga durante la celebración de la Diada de Cataluña. (EFE)
Vista general de la concentración en Berga durante la celebración de la Diada de Cataluña. (EFE)

III. Diada B

Quince años es el tiempo que tarda una generación en disgustarse por culpa de los logros de sus padres. De la misma forma que los nacidos en los ochenta abominaron de la 'pax' de la Transición Eepañola, los catalanes nacidos después de la Independencia empiezan ahora a rebelarse. No han conocido otra cosa que República catalana, y todo lo que era lucha sin cuartel para sus padres a ellos les parece tradición. Algo contra lo que cantar. Algo contra lo que gritar. Algo contra lo que llenar de pintadas los muros y las puertas de los baños. 

Desde hace un par de años, no es raro encontrar en las calles pequeños epigramas cervantinos en los muros del Eixample Dreta i Esquerra. Han proliferado bares de copla, saeta y pop español en los barrios del Raval y el Gótico, y las cinco sedes del Instituto Cervantes repartidas por las provincias catalanas no dan a basto para absorber la riada de matriculados que desean estrechar su vínculo con la lengua del otro lado de la frontera y el Atlántico.

De la misma forma que los nacidos en los ochenta abominaron la Transición española, los catalanes nacidos después de la Independencia se rebelan

Buena parte de esta generación se niega a hablar catalán y ha desarrollado una nueva forma de hablar en español, cercana a la jerga 'valleinclanesca' y plagada de palabrería caló. Son jóvenes extraños que se hablan de usted los unos a los otros y ejercitan sus conocimientos de flauta flamenca para dolor de cabeza de sus padres, que tratan de reconducir estas desviaciones sin demasiado éxito.

Por eso esta tarde, mientras los viejos nacionalistas asistían a la manifestación multitudinaria de la Diada, cientos de adolescentes se recluyeron en un tablao miserable donde zapatearon y rasgaron las guitarras desconsoladas hasta altas horas de la madrugada. Para ellos, España significa lo mismo que para sus padres la 'Catalunya Lliure'. Una arcadia pintada con trazo grueso, una fantasía estilizada que oculta la realidad: que a un lado y otro hay prácticamente lo mismo. Gente que trata de vivir lo mejor posible mientras los gobernantes apelan a una clase de emoción que hace mucho que está apagada y en ruinas.

España is not Spain

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