El manspreading o los hombres que oprimían a las mujeres para no oprimir sus testículos

A lo mejor, en lugar del paternalismo del ayuntamiento, las denuncias tuiteras y los temas de conversación intrascendentes, lo que necesitamos son vagones de metro sin sillas

Foto: Carteles de la EMT contra el 'manspreading'.
Carteles de la EMT contra el 'manspreading'.

El 'manspreading' es una práctica machista objetable, según el nutrido grupo de feministas de las redes, que consiste en la costumbre de algunos hombres de separar las rodillas cuando se sientan en el transporte público. La denuncia nace de un tumblr en 2013, el término se acuña en 2014 en un blog y la cosa se vuelve viral a partir de ahí. Después, el activismo tuitero es tan machacón, y la prensa acude con tanta ansia al reparto de clics, que en 2015 el neologismo va a parar al diccionario Oxford. Por cierto, junto a 'shebagging', el contraataque masculino que denuncia que las mujeres ocupen dos asientos colocando el bolso a un lado (¡¡¡!!!).

Hacer una foto a una mujer que ha puesto el bolso a un lado o a un hombre que lleva las rodillas como los ojos de la Sabater es más cómodo que pedir un poco de sitio por favor, así que las denuncias digitales por 'manspreading' y 'shebagging' han corrido como la pólvora. Tanto, que la Fundéu recomendó que los hispanohablantes usemos 'despatarre'.

¿Cuál es el resultado? ¿Se oye el 'claquido' por el cierre masivo de rodillas? Naturalmente que no: el hombre despatarrado se rebota, la mujer de bolso incordión pasa de todo, las viejas se siguen colando en la cola del súper y los que nos quedamos de pie en el metro por educación podemos disfrutar de una nueva batalla cultural, de un nuevo 'remake' de 'Furor', aquel programa de mierda de chicos contra chicas. Y a criminalizarse y victimizarse tocan.

Ayer el 'manspreading' fue 'trending topic' y hoy el Ayuntamiento de Madrid ha decidido colocar en los transportes la pegatina que ilustra este artículo

¿Os parece que exagero el peso de esta huevonada? Bien. Ayer el 'manspreading' fue 'trending topic' en España y hoy el Ayuntamiento de Madrid ha decidido colocar en los transportes de la EMT la pegatina que ilustra este artículo. Esto no me parece mal. Toda recomendación de civismo es de agradecer, y lo cierto es que hay gente en los transportes de lo más desconsiderada. Pero el origen del asunto y el escándalo que lleva detrás me obligan a hacer algunas preguntas urgentes.

Si es evidente que son hombres quienes separan las piernas en el metro con mayor frecuencia, dadas las connotaciones sexuales de la misma postura en una mujer, ¿son muchos? A juzgar por la intensidad del escándalo, algún cliente de taxis podría creer que sentarse en el metro es una odisea para cualquier chica, pero llevo fijándome desde que se revigorizó la polémica y creo que la cosa no está como para poner el grito en el cielo. Algún despatarrao he visto, generalmente en trenes semivacíos, pero la impresión que me causa el transporte público de Barcelona es de relativa paz social.

Otra pregunta: en el caso de que el despatarre fuera masivo y yo simplemente haya visto vagones extraños, ¿afecta solamente a las mujeres? Si un hombre separa las rodillas, quita el sitio a hombres y mujeres, a no ser que los asientos estén asignados según los roles de género y yo lleve toda la vida sin haberme dado cuenta.

Un ejemplo de 'manspreading'. (iStock)
Un ejemplo de 'manspreading'. (iStock)

Esta segunda pregunta tiene sentido si atendemos a algunas de las quejas de las usuarias tuiteras del transporte público. Un repaso al 'trending topic' de ayer me permitió leer el testimonio de una chavala que decía sentirse VIOLADA —lo escribió en mayúsculas— cuando su acompañante separa las rodillas, y también leí opiniones que equiparaban esta postura al acoso sexual.

Quizá son preguntas indecentes, porque los asuntos de género son poco propicios al matiz en el entorno digital, y la cosa está que arde. Que le pregunten a Tom Hanks, a quien acusaron de despatarre con unas fotos que luego republicaron numerosos medios de comunicación, y cuya respuesta, entre risas, fue esta: "Oíd, idiotas de internet, el tren estaba medio vacío, había muchísimo espacio".

Pero es que la cosa se ha ido de madre. Mirad: en 2015, en plena eclosión de la primera polémica —vivimos ahora en medio de la segunda— el servicio de transportes de NYC empezó a colocar carteles como los de Madrid, convirtiendo la recomendación en ordenanza, y proliferaron otra clase de denuncias. “Dos hombres arrestados por 'manspreading”, titulaba ABC News a la primera noticia de tintes judiciales. (Los indultó una jueza, según creo).

Hay hombres gordos que oprimen a sus compañeros de viaje, hombres de piernas largas que no saben cómo empaquetarse en un autobús

Sigo matizando un poco: si reducimos el 'manspreading' a una cuestión de género, estamos olvidando unas cuantas cosas. Hay hombres gordos que oprimen a sus compañeros de viaje para no oprimirse a sí mismos, hombres de piernas largas que no saben cómo empaquetarse en un autobús o un avión de Ryan Air, y también, no los olvidemos, tipos de huevo gordo que han de separar las piernas para salvar sus sensibilidades. ¿Estaríamos hablando de este asunto si las mujeres llevaran los ovarios en una bolsa, colgando entre las piernas?

Ayer le pregunté esto a una amiga con la que andaba a la gresca y su respuesta fue desoladora: "Pues si tienen los huevos gordos, que se queden de pie". La conversación terminó ahí. Le mando un abrazo con mis piernas cruzadas.

Ejemplo del cartel que lleva el metro de Nueva York.
Ejemplo del cartel que lleva el metro de Nueva York.

Acabemos: no quiero indultar a los maleducados que se espatarran ni a las maleducadas que ocupan dos asientos con sus bolsos gigantescos, pero es bueno recordar que el hombre no está diseñado para las sillas. Los antropólogos han demostrado que el macho humano, en ausencia de civilización, tiende a encontrar la postura cómoda en cuclillas, con la huevada aireándose alegremente como el badajo de campana.

A lo mejor, en lugar del paternalismo del ayuntamiento, las denuncias tuiteras y los temas de conversación intrascendentes, lo que necesitamos son vagones de metro sin sillas. Y contarnos unos a otros historias antiguas al calor de la hoguera.

España is not Spain

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