La equidistancia que ha envenenado a Jordi Évole

No es tiempo de medias tintas. Vivimos un momento dramático. Es ahora o nunca. Hemos de ser firmes y valientes. Hemos de permanecer en la trinchera con el ojo en la mira telescópica

Foto: Jordi Évole.
Jordi Évole.

Tenemos que estar alerta: los equidistantes proliferan entre nuestras filas. Han venido a decirnos que no tenemos toda la razón. Son traidores. Salen de nuestra trinchera y confraternan con el enemigo. Luego vuelven con su sonrisa hipócrita. Son desleales. Quieren estar aquí y allí sin que nada los ensucie. Son espías. Son arpías. Son contradictorios. Violan nuestras fronteras. Van más allá de las líneas enemigas. A su regreso ensucian todo lo que tocan. Lo cuestionan todo. Se atreven a matizar nuestro catecismo. Se creen muy listos. Se creen más listos que nosotros. Se sienten superiores a nosotros.

Pues no lo son. Son los tontos útiles que utiliza el enemigo. Jordi Évole es uno de ellos. Elvira Lindo es una de ellos. Pérez Andújar es uno de ellos. Esteban Hernández es uno de ellos. Xabel Vegas es uno de ellos. Es una enfermedad contagiosa. Es peligroso escucharlos. La equidistancia contagia más y más cabezas a medida que nosotros tensamos la cuerda. Huyen de la guerra como ratas abandonando el banco. Quieren ponerse a salvo.

La única ambición del enemigo es aniquilar todo lo sagrado. El enemigo quiere romper España, quiere someter Cataluña, quiere humillar a las mujeres

No lo vamos a permitir, ni vamos a dejarlos sin castigo. No es tiempo de medias tintas. Vivimos un momento dramático. Es ahora o nunca. Hemos de ser firmes y valientes. Hemos de permanecer en la trinchera con el ojo en la mira telescópica. El tiempo de los matices terminó. Nuestros enemigos preparan sus arietes para derribar nuestras puertas. Los equidistantes son los peores: están entre nosotros y quieren abrirlas.

¿Qué hay que discutir aquí, qué hay que pensar? La única ambición del enemigo es aniquilar todo lo sagrado. El enemigo quiere romper España, quiere someter Cataluña, quiere humillar a las mujeres. El enemigo quiere quitarnos la custodia de nuestros hijos, quiere imponer el catolicismo, quiere que llevemos burka, quiere abolir la religión. ¿Matices? ¿Qué matices hay entre la victoria y la derrota, entre el todo y la nada?

Los equidistantes se creen ecuánimes pero no comprenden nada. Alguien tiró los dados. A nosotros nos tocó el Bien y la Verdad. A nuestros enemigos, el Mal y la Mentira. Esto no admite paños calientes ni términos medios. El camino no discurre por las tierras grises en que los equidistantes pululan. A esa tierra gris tenemos que disparar primero. ¿Cuándo ha ganado la guerra el equidistante? Jamás. La guerra la gana el militante, quien posee la certeza. Los equidistantes caerán por nuestras balas o las balas de nuestros enemigos. A ellos tampoco les complace aguantar a los equidistantes.

Es equidistante cualquiera que no parezca un enemigo pero no dispare al enemigo. Cualquiera que intente explicar cómo piensa el enemigo

Os diré cómo vamos a desenmascararlos. Es equidistante cualquiera que no parezca un enemigo pero no dispare al enemigo. Cualquiera que intente explicar cómo piensa el enemigo. Cualquiera que profane nuestros tabúes. Mientras vosotros disparáis, ellos están tumbados. Les pedís ayuda y os dicen que la guerra no es lo suyo. Cuando al fin se levantan, os insultan. Dicen que esta guerra no tiene sentido.

Si uno de nuestros camaradas dice algo parecido, entonces es un equidistante y nada podemos hacer por salvarlo. No importa si ha sido útil en el pasado. No importa si ha aportado algo valioso. Le negaremos sus logros. Diremos que nunca estuvo realmente a nuestro lado. Y lo haremos de esta forma, porque los equidistantes son más peligrosos cuando parecen ser más próximos. Cogen de nuestro credo aquello que les interesa para disfrazarse.

Los equidistantes os acusarán de gregarios. Vosotros les responderéis que mil cabezas piensan mejor que una

Tenemos que evitar el contagio. Para ello, hay que hacer oídos sordos a las dudas. El pensamiento individual nos enferma. El pensamiento asistido nos salva. Los equidistantes os acusarán de gregarios. Vosotros les responderéis que mil cabezas piensan mejor que una. El castigo por ser equidistante será la soledad. El premio por ser un militante será nuestra defensa. El equidistante acabará en tierra de nadie. El militante será defendido por sus camaradas, incluso cuando haya hecho algo terrible.

El equidistante desprecia nuestra lealtad. Está dispuesto a traicionar a sus camaradas. Está tan ciego que siempre ve algo bueno en el Enemigo. Hemos de humillarlos. Hemos de marcarlos para que no engañen a nadie. Hemos de entregarlos al escarnio. Hay que aislarlos. Que vaguen por la tierra gris, entre nuestros disparos y los de nuestros enemigos. Hasta que no quede ni uno.

España is not Spain

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