Puigdemont delira en cuatro idiomas

El expresident de la Generalitat de Cataluña Carles Puigdemont ha aparecido en Bruselas para dar una rueda de prensa. Saludó en francés, mintió en catalán, acusó en español y se lamentó en inglés

Foto: Carles Puigdemont, a su llegada al club de la prensa en la ciudad de Bruselas. (EFE)
Carles Puigdemont, a su llegada al club de la prensa en la ciudad de Bruselas. (EFE)

El expresident Carles Puigdemont ha aparecido en Bruselas para dar una rueda de prensa. Saludó en francés, mintió en catalán, acusó en español y se lamentó en inglés. No dijo la verdad en ninguno de los cuatro idiomas. Quizás no le dio tiempo, porque fue una rueda de prensa muy breve. Admitió sólo cinco preguntas "porque se tenía que ir", dijeron, y yo supuse que marcharía a contemplar el Manneken Pis para inspirarse. Mientras el expresident hablaba, tomaron más notas los psiquiatras que los periodistas.

La honestidad de Puigdemont sólo puede leerse desde la ironía. Prometió a su electorado que haría todo lo posible por irse de España y ha cumplido su compromiso escapándose a Bruselas. Sonriente y tranquilo, se plantó con toda su cara ante las cámaras para pedir a los catalanes que se partan la suya. Ande yo caliente, juéguesela mi gente. Respeto al independentismo, y por eso creo que merece un líder valiente y entregado, incluso un mártir. Una cobardía como esta debería costarle el prestigio si no fuera por la capacidad de alguna gente para justificar a los suyos hagan lo que hagan.

Defender a un líder que prometió partirse el lomo por su pueblo pero sale por patas antes de que lo cite la justicia es una labor para funambulistas

Mientras Puigdemont hablaba, buena parte del independentismo hacía equilibrismos en la cuerda floja de las redes sociales. Defender a un líder que prometió partirse el lomo por su pueblo pero sale por patas antes de que lo cite la justicia es una labor reservada a los funambulistas. Hay que decir, sin embargo, que Puigdemont no es totalmente cobarde: se atrevió a mostrarse como la encarnación de las instituciones y del pueblo de Cataluña, que es exactamente lo que queda en tierra cuando él vuela a pedir auxilio. Hace falta tenerlos de cemento.

Puigdemont ha demostrado que se le da muy bien pensar en sí mismo sin importar las consecuencias de sus actos. Su estancia en Bélgica ha encendido un debate virulento, en el que las instituciones oficiales se han apresurado a tildar de "intolerable" que el sector soberanista se haya prestado a acogerle. Ni un solo país de la Unión Europea, ni del resto del planeta Tierra, ha secundado la DUI, pero está claro que el hombre no es de este mundo. Por eso pidió ayuda a una comunidad internacional que ha negado tres veces su nombre, y que ha afeado sus maneras antidemocráticas.

Dijo haberse ido para evitar una algarada de caos y violencia mientras la gente tomaba cañas en las terrazas de Barcelona. Cuando te sacas un Estado de la manga, desafías el monopolio de la violencia. Aseguró que volverá a España cuando él sienta que su proceso será justo e independiente, pero para que ocurra tal cosa tiene que volver antes a la realidad. Como esta posibilidad parece remota, no descarto que se inicie un proceso de extradición.

Hacer una españolada

El público que abarrotaba la sala de prensa del European Club estuvo a punto de desmayarse cuando Puigdemont deslizó que sus aliados concurrirían a las elecciones convocadas por ese supuesto estado represor y dictatorial. En Europa no están acostumbrados a los desafíos soberanistas y mucho menos a los desafíos a la lógica. Acababa de erigirse como gobernante en el exilio y al mismo tiempo se sometía a nuestra ley electoral. Flipen ustedes.

Pero el colmo no fueron las incoherencias de su relato, sino la deslealtad que demostró hacia su propia gente. Me refiero a su alusión a 'los Jordis', esos dos líderes civiles a los que la justicia privó de libertad a la espera de juicio, entendía yo que desproporcionadamente. Y digo 'entendía', porque la huida de Puigdemont ha justificado una medida tan extrema como la prisión preventiva. Así se las gasta el expresident.

Me pregunto si el independentismo se dará cuenta de que sus políticos no están a la altura

En fin. Con el líder supremo escondido en Bruselas, será Carme Forcadell quien pague el pato. Me pregunto si el independentismo se dará cuenta entonces de que sus políticos no están a la altura de sus aspiraciones. De que los utilizan, los calientan y los incitan a desobedecer, pero se escudan en una votación secreta para darles gato por liebre con una Declaración de Independencia Fake antes de hacer mutis por el foro cuando toca afrontar las consecuencias.

Lo decían el otro día los genios de 'La Vida Moderna'. Puigdemont ha conseguido algo inaudito: que el Procés se convierta en una españolada. En Bélgica costará seis años entender lo que acaba de pasar.

España is not Spain

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