Noticias de Madrid: Yo fui al máster con Cristina Cifuentes

Yo fui al máster con Cristina Cifuentes

Cristina era la chica guapa y ensimismada de primera fila. Era la que más participaba en clase. Cuando Cristina hablaba, los profesores aprendían

Foto: Ilustración: Raúl Arias.
Ilustración: Raúl Arias.

La maledicencia de la prensa, toda ella al servicio de Caracas, persigue a una mujer íntegra y simpatiquísima. ¿Quieren pruebas? Yo les voy a dar pruebas. Ella, Cristina, me pasaba los apuntes en el máster de Derecho Público Autonómico de la Universidad Rey Juan Carlos. Sí. Yo fui su compañero de pupitre y aprobé gracias a ella. Cristina ha dicho que no asistía porque es una mujer humilde que no quiere quedar como empollona. Pero lo era. La mejor estudiante del máster. Que le pusieran un notable es prueba de que no estaba enchufada. Los profes eran durísimos con todos nosotros.

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Cristina era la chica guapa y ensimismada de primera fila. Era la que más participaba en clase. Cuando Cristina hablaba, los profesores aprendían. Teníamos seis asignaturas y la más dura era la que impartía Tabardo Flátuez, catedrático de Derecho. El catedrático Flátuez lleva dando clases desde 1965 y sigue creyendo en las leyes orgánicas de entonces. Flátuez ponía todas las preguntas para pillar. En el examen control, me entró el pánico. Cifuentes estaba delante de mí. Su cola de caballo amarilla se agitaba. Le susurré:

—Ps, ps, Cris, ¿artículo 56 de la ley 169/1965?

Me pasó un papel escrito a mano: "El maestro ha de ser persona de vocación clara, de ejemplar conducta moral y social y ha de poseer la preparación profesional competente y el título que le acredite legalmente para el ejercicio de su profesión".

Lo conservo y puedo presentarlo, está escrito de su puño y letra, con su caligrafía angulosa y ordenada, firmado por ella misma y con su DNI al pie. Gracias a ese papel, aprobé la asignatura de Tabardo Flátuez. ¿Por qué se arriesgó a que la pillaran poniendo sus datos personales en una chuleta? Porque Cris no tiene nada que ocultar.

Yo leí su TFM. Me lo pasó porque no estaba segura de su calidad y quería una lectura sincera. Le dije la verdad: que es una obra literaria perfecta

Por cierto, que yo leí su trabajo de fin de máster. Me lo pasó porque no estaba segura de su calidad y quería una lectura sincera. Le dije la verdad: que es una obra literaria perfecta. Tengo una copia en casa, editada por Cátedra, y puedo mostrarla a quien quiera verla. Escribió este trabajo con el seudónimo James Joyce porque es muy discreta y su trabajo tiene el sugerente título de 'Ulises'. Yo le dije: "Cris, tienes que mostrar esto al mundo, es una grandiosa aportación a la cultura universal". Ella le restó importancia. En su TFM, varios planos se entremezclan aglutinando una poderosa voz narrativa. El escenario autonómico elegido es Dublín, porque Cris no es de las que se conforman con algo tan fácil como Extremadura o la Comunidad Valenciana.

Ahora os voy a contar un poco la vida en el campus para que entendáis por qué Cris es reacia a presentar pruebas. Tiene un motivo. Cris tiene miedo de que se sepa lo de los porros. Perdona, Cris, pero tu honor es más importante que lo de los porros. Lo de los porros es una tontería, si todo el mundo fuma, mujer. Nosotros pasábamos la mayor parte del tiempo en la cafetería fumando porros. Cris traía el hachís porque, aunque todavía no era la presidenta de la Comunidad de Madrid, ya tenía contactos en la policía gracias al PP. La policía le pasaba un hachís buenísimo, pata negra, del que quitan a los moritos. Esto no tiene nada de malo porque la policía no va a darte un hachís de mala calidad nunca.

España necesita más universidades como la Rey Juan Carlos. El decano y los profesores se preocupan por todos igual que por Cifuentes

A Cris le da miedo que se sepa lo del fumercio, o quizá lo otro, lo del bebercio. Porque, en el Salón de Grados, Cristina Cifuentes tenía instalado un alambique que fermentaba su propia cerveza las 24 horas. Lo que nos reíamos con ella. Le preguntabas dónde tenía la cerveza y te decía: en el Salón de Grados, guiño, guiño.

La Universidad Rey Juan Carlos es el mejor centro educativo donde he estudiado. Mejor que Harvard y Yale, donde hice otros másteres, y donde me encontré en clase con Rafael Hernando y Albert Rivera, que también me pasaban los apuntes y son unos tíos de puta madre.

España necesita más universidades como la Rey Juan Carlos. El decano y los profesores lo dan todo por sus alumnos. Se preocupan por todos nosotros igual que por Cifuentes. Un día me puse malo y la universidad contrató a un doble para que asistiera en mi puesto. Nadie se dio cuenta de mi ausencia. Así que dejen ustedes de malmeter contra Cristina Cifuentes y esta prestigiosa universidad. El lema de la Rey Juan Carlos, 'Non nova, sed nove', que en 'sermo vulgaris' es 'No nueva, pero de forma nueva', hace referencia a la revolucionaria forma de sacarse allí los másteres. Todas las universidades deberían aprender de esta.

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