Braco The Gazer, el gurú que se forra sin abrir el pico

Sus artes sanatorias consisten en salir a un escenario de palacio de congresos y mirar ('to gaze') en absoluto silencio al público. Sus resultados son asombrosos

Foto: Braco The Gazer. (YouTube)
Braco The Gazer. (YouTube)

Le llaman Braco The Gazer y es el sanador con menos cosas que decir que se ha visto en este mundo. Por no decir, no dice ni cuál es el milagro que ofrece a sus consumidores. Sus artes sanatorias consisten en salir a un escenario de palacio de congresos y mirar ('to gaze') en absoluto silencio al público. Sus resultados son asombrosos. No sé cuál es su ratio de curaciones por cabeza cuadrada, pero sí me imagino el tamaño de su negocio.

Braco vende miles de entradas en todo el mundo a un precio relativamente reducido (entre ocho y 15 dólares por recibir 10 minutos de su mirada), pero su influencia ha sido suficiente como para que una de las organizaciones adscritas a la ONU le entregue un premio de la paz en una ceremonia multitudinaria en Nueva York. Además, famosos como Naomi Campbell lo consideran una encarnación de Dios sobre la tierra, y su público se conecta en 'streaming' a su web para recibir unos cuantos gramos más de su milagrosa mirada desde casa. Braco regala su poder con silencioso desprendimiento.

Su biografía oficial condensa todos los elementos clásicos de esta clase de santos contemporáneos. Nacido en Zagreb (hoy Croacia, entonces Yugoslavia) en 1967 con el nombre de Josip Grbavac, conoció el lujo y el dinero pero se sintió vacío entre tanta opulencia. Durante la sangrienta guerra de desmembración nacionalista que partió su país en microestados rivales, dicen que empezó a desarrollar su técnica sanatoria. Conoció a su mentor, Ivica Provic, que le sugirió el apodo antes de morir, y heredó parte de sus poderes. Hay una intensa teoría de la conspiración sobre la muerte de Provic que Braco no se ha molestado en desmentir. Porque no habla, claro.

Su prestigio en el mundo de la sanación paranormal se basa en un truco muy viejo: dejar que sean los demás los que explican y se contradicen. Podría haber sido mentor del depuesto Rajoy, este Braco. Aunque lleva desde 2004 sin abrir la boca en público, en su web encontramos lo más parecido a las declaraciones del gurú. Allí se hace hincapié en que él no trata de vender nada (ya lo hace su público por él) y en que diversos científicos han estudiado su poder y corroboran sus sanaciones (al estilo de los productos de la teletienda avalados por universidades remotas e ingenieros con pinta de diseñar máquinas tragaperras).

Su prestigio en el mundo de la sanación paranormal se basa en un truco muy viejo: dejar que sean los demás los que explican y se contradicen

Las reacciones del público que asiste a sus eventos son espectaculares. La gente lleva fotos de toda clase de parientes aquejados de abominables síndromes porque creen que Braco endereza espinas dorsales con forma de muelle simplemente mirando una foto. Mientras suena una música de sala de masajes, el sanador camina hasta el centro del enorme escenario. Lleva el pelo grasiento y peinado para atrás y algo de ropa clara, con frecuencia camisas arrugadas por la parte de abajo, como si solo en el último momento hubiera decidido Braco sacárselas del pantalón para dar una imagen más cercana a la de un mesías.

Parado en el centro, el gurú desata sobre el público su mágica mirada silenciosa, y en las butacas se expande el 'petricoso' aroma de las lágrimas y el rímel. Niños y viejos, mujeres y hombres, ricos y pobres pasan 10 minutos sometidos a esta suerte de hipnosis primitiva. Según los testimonios desparramados a lo largo y ancho de la red, allí encuentran el sentido a sus vidas, abandonan los vicios, reciben por vía telepática ideas convertibles en dinero o restauran los lazos partidos con padres, madres, abuelos y mascotas.

En una sociedad dominada por el ruido, la prisa y la palabrería, el silencio y el mirar a los ojos a otro ser humano son algo tan raro como el platino

Pensando un poco en Braco y sus poderes, sospecho que su existencia sí nos da un mensaje interesante. En una sociedad como la nuestra, tan dominada por el ruido, la distracción, la prisa y la palabrería, el silencio y el mirar a los ojos a otro ser humano son algo tan raro como el platino. La sociedad del ruido es el caldo de cultivo perfecto para que un hombre que simplemente te obliga a estar 10 minutos callado mirándolo fijamente se convierta en una suerte de fenómeno paranormal.

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