Barcelona podrida: así envenenaron el homenaje a las víctimas

La manifestación de los CDR arrancó antes de las 10h30 con una pancarta amarilla que decía que el homenaje es del pueblo y para el pueblo, seguida por otra que informa de que Cataluña no tiene Rey

Foto: Ilustración: Raúl Arias
Ilustración: Raúl Arias

Este viernes he madrugado para pasar vergüenza ajena y sentir asco de la ciudad en la que vivo. Me dirigí a la manifestación silenciosa que habían organizado los CDR, que a las nueve y media empezaban a congregarse. Eran los típicos guerreros defensores de la república: jubilados, tietas y unos cuantos nebots de la CUP. La media de edad rondaría los 65 años. Las pancartas culpaban al Rey de los atentados por vender armas a Arabia Saudí, reivindicaban a las víctimas “del poble” y a los presos políticos. Se oían delirios de las teorías de la conspiración: que “el CNI había permitido el atentado para disolver la independencia” y que “por eso el Congreso de los Diputados impide que haya una comisión de investigación, como pasó con el 11M”.

Barcelona podrida: así envenenaron el homenaje a las víctimas

Una señora me dijo que “sin Forn y Trapero” no hay homenaje que valga y que “a los Mossos los premian con la cárcel por perseguir a los terroristas”, como si la prisión para los responsables de los Mossos de Esquadra tuviera como causa la lucha antiyihadista. Mientras tanto otra señora, de nombre Soledad, le dice a la compañera de 'La Sexta' que “cualquier español decente tendría que estar enfadado por cómo el gobierno español no investiga los atentados” y que ellos hacen esto porque están en contra de las palabras que el Jefe del Estado pronunció después del referéndum 1 de octubre.

La manifestación convocada por los CDR.(Juan Soto Ivars)
La manifestación convocada por los CDR.(Juan Soto Ivars)

El odio al Rey de España es la nota común. Los comentarios que le dedican hablando entre sí no podrían ponerse en Twitter, pero hay solamente una pregunta que me ronda la cabeza y que tardo un rato en formular. Termina saliendo con estas palabras ante la mirada desconfiada de un setentón con lazo amarillo en la correa de la mariconera: “Oiga, señor, ¿y si entre las víctimas del atentado hubiera un monárquico? ¿Seguiría siendo lícito que ustedes se manifiesten contra el Rey?” A lo que me responde que si el Rey no vendiera armas a las dictaduras saudíes no habríamos tenido que sufrir el atentado. Recordemos, por si a alguien se le hubiera olvidado este detalle, perpetrado con una furgoneta. En fin.

La manifestación arrancó antes de las diez y media con una pancarta amarilla que decía que el homenaje es del pueblo y para el pueblo, seguida por otra que informa de que Cataluña no tiene Rey. Avanzaban despacio y en silencio como una santa compaña amarilla, cuando a la altura del carrer del Arc del Teatre la camarera de un bar sale y les grita que “viva España y viva el Rey”, a lo que la multitud, de unas dos mil personas a ojo de buen cubero, responde con un “ssssssh” como de sala de cine. Hago lo que haría cualquier español a las once de la mañana en plena jornada laboral: entro a ese bar a tomarme un café. La camarera dice que ha gritado eso porque no puede ser que utilicen un día como este para sus monsergas. “Tienen todos los domingos para manifestarse”. Pago y me largo, suerte que la marcha es lenta.

En el mosaico de Miró, donde el terrorista dejó la furgoneta antes de darse a la fuga, se acumulan las flores. Ha venido gente de todo el mundo a dejarlas: amigos y familiares de las víctimas, gente sensibilizada, de todo. Pues bien: los CDR han decidido que allí termina su marcha. Rodean el mosaico, dejan flores amarillas y se aplauden mucho a sí mismos. De todo el tinglado, esta es quizás la decisión más repulsiva, la más vergonzosa. El mosaico de Miró queda rodeado de pancartas, incluso despliegan una en un edificio anexo, contra el rey. En Plaza Cataluña ha terminado el homenaje institucional, también politizado según me cuenta el compañero Marcos Lamelas, y las masas han empezado a bajar por la Rambla.

Un dispositivo de los Mossos de Esquadra se despliega con cara de pocos amigos y pasamontañas delante de la boca. Las Ramblas, que tendrían que ser el escenario de la unión de todos contra la violencia y el integrismo, están partidas en dos. Quienes tratan de acercarse al mosaico a dejar sus flores se encuentran una barricada policial y al otro lado, con lazos amarillos, a quienes han decidido que las calles serán siempre suyas. Me encuentro con una pareja de sevillanos que ha venido a dejar flores y que discute, con buenas formas, con dos independentistas igualmente educados.

La manifestación convocada por los CDR.(Juan Soto Ivars)
La manifestación convocada por los CDR.(Juan Soto Ivars)

Dice el sevillano: “Nosotros vinimos cuando el atentado de Hipercor y cuando la casa cuartel de Vic, somos pacifistas, y nunca habíamos visto una cosa así, que la policía tenga que ponerse en medio para que no se pelee la gente es inaudito. Esto está muy mal”. Responde la indepe: “Aquí no pasa nada, usted puede manifestarse como quiera y nosotros también como queramos”. El sevillano: “Joder, pero los sentimientos tendrían que ser los mismos”. La indepe: “Los sentimientos han cambiado, han pasado muchas cosas”.

Barcelona, este viernes, ha sido la demostración de que las ciudades partidas tienden a podrirse. Y este homenaje apesta, porque las víctimas han sido la última preocupación de demasiada gente.

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