El cliente siempre tiene la razón a no ser que sea gilipollas

El trabajador cara al público, el eslabón más débil, peor retribuido y más imprescindible del sector servicios, está permanentemente sometido a las veleidades de la clientela

Foto: Una cajera de un supermercado. (EFE)
Una cajera de un supermercado. (EFE)

Si vamos a ser un país, como parece indicarnos la tendencia, de camareros y vendedores de yogur helado para gordos y turistas, lo primero que tenemos que hacer es dejar claro cuál es el nuevo paradigma: el cliente siempre tiene la razón, como han dicho siempre los 'encargaos', a no ser que el cliente sea gilipollas. En este caso no solo no habrá que darle la razón al cliente, sino que será recomendable endosarle una patada en el culo. Pero vamos en dirección contraria: el trabajador cara al público, es decir, el eslabón más débil, peor retribuido y más imprescindible del sector servicios, está permanentemente sometido a las veleidades de la clientela.

Se ha hecho epidémico el tuit de uno de esos idiotas que confunden a los trabajadores con su séquito personal. Se queja el cretino de que había ido a comprar a Alcampo a las diez menos un minuto y el cajero le dijo que ya no le podía atender. El cliente, con ese tonito agraviado típico del niñato de 40 años, acusaba al cajero de estar demostrando “muy pocas ganas de vender”. Porque los cajeros de supermercado tienen muchas ganas de venderte a ti tus Donuts, claro que sí. No duermen por la noche sabiendo que irás a por tus Ruffles un minuto antes de la hora de cerrar.

En fin. Esto, que no pasaría de 'bocachanclada' de ciudadano aleatorio, ni es lo peor ni lo que me anima a escribir esto. Me repugna la respuesta que le dio Alcampo, vía Twitter, al pejiguero: no solo no arrearon un zasca sino que se le pidió perdón con solemnidad y se le aseguró que se pondrían en contacto con la tienda “para evitar que vuelva a ocurrir”. ¿Parece inaudito un mundo donde la empresa se ponga de parte de su trabajador ante un cliente chalado que quiere hacer sus compras a un minuto de cerrar la caja? Pues sí, hoy día parece inaudito.

Toda la presión del sector servicios recae siempre sobre el que pone la cara ante el zoo de la clientela. Es la infantería quien te llama a las cuatro de la tarde para ofrecerte la nueva oferta de MásMóvil, la empresa más coñazo de la galaxia, y la que trata de orientarte por los misterios del rúter cuando se te cuelga internet a media paja; es la infantería la que te trae la comida a la mesa en el Vips o pedaleando hasta tu casa, y la que repatría tu cadáver borracho en Cabify. Es la infantería la que parece responsable de la guerra de los servicios porque los generales han desarrollado un perverso sistema de validación.

"Os pongo un ejemplo. El otro día, cosa extrañísima, no funcionaba la web de Renfe. Compré unos billetes por teléfono y me atendió Claudia, muy simpática y eficiente. Antes de despedirse su voz cambió de tono. Recitó maquinalmente una fórmula aprendida, “no cuelgue, le pasaremos con una breve encuesta de satisfacción”, y me puso con un robot que me preguntaba cómo me había atendido Claudia. Colgué el teléfono. Me niego a hacer encuestas. Me niego a poner estrellitas, a pulsar botones de caras sonrientes o enfadadas en los váteres de la estación de Atocha o el aeropuerto del Prat. Os diré por qué.

El cliente tiene la razón cuando la tiene, pero las más de las veces es un caprichoso faltón

Si los comentarios que reciben mis artículos tuvieran una influencia sobre mi trabajo, lo más probable es que ya me hubieran despedido. El cliente tiene la razón cuando la tiene, pero las más de las veces es un caprichoso faltón. Me niego a valorar cómo me ha tratado un trabajador posiblemente mal pagado y seguramente cargado de horas cuando me quise comprar un billete a las doce de la noche.

Que un trabajador te maltrate depende casi siempre de sus condiciones de trabajo. Si la empresa quiere mejorar sus servicios con un sistema de encuestas, ¿por qué no me da toda la información? Que el robot me diga cuánto cobra ese trabajador y cuántas horas lleva trabajadas. Y que no me pregunte qué grado de satisfacción he recibido de él, como si fuera mi puta, sino cuál es mi grado de enfado por los fallos estructurales de la empresa en cuestión. La sociedad de la información tiene, como se puede ver, notorios agujeros.

Lo que llaman sector servicios lleva camino de convertirse en el sector servidumbres con esta nueva ola de capitalismo TripAdvisor

Lo que llaman sector servicios lleva camino de convertirse en el sector servidumbres con esta nueva ola de capitalismo TripAdvisor. De ahí los modales relamidos e hipócritas de los camareros estilo 'MasterChef' o de los conductores de VTC: temerosos de recibir una valoración baja, sometidos a los infinitos caprichos de una clientela mimada, convencida por la publicidad de que hay que vivir como duques a bajo coste y de que nuestra palabra es ley, los soldaditos de la infantería te hablan como si les fueras a ladrar.

Así que no contestaré a tus encuestas. Quién soy yo para quejarme del trato de un tipo que lleva trabajando por cuatro perras más horas que un reloj.

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