Como perros de Pavlov

La mayor parte de los políticos suelen dar una respuesta previsible a cualquier estímulo que lancen sus oponentes, porque pertenecen al reino animal, salvo cuando les toca hacer autocrítica

Foto: El presidente de la Generalitat, Quim Torra (d), y el resto de diputados, en el momento de la votación en el pleno del Parlament de Cataluña de la propuesta de designación de Miquel Iceta como senador. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra (d), y el resto de diputados, en el momento de la votación en el pleno del Parlament de Cataluña de la propuesta de designación de Miquel Iceta como senador. (EFE)

A Iván Pavlov se lo hubieran comido los animalistas, pero gracias a sus perrerías sabemos cómo funciona el sistema de estímulo-respuesta en animales, animalistas y demás. Pavlov perforó las mejillas de un perro para acceder a sus glándulas salivares y se dedicó al noble arte de contar gotas de baba. Como Pablo Casado cuando lee ciertos pasajes de 'La Razón'.

Dado que todo perro produce saliva al percibir el aroma de una salchicha, Pavlov mostraba una salchicha al perro y hacía sonar un metrónomo al mismo tiempo. Después de varios días con esta rutina —salchicha-ruido—, a Pavlov le bastaba el metrónomo para que el perro se pusiera a babear. El ruido despertaba su apetito. Algo parecido a lo que me pasa a mí cuando alguien, a las 10 de la noche, susurra la palabra 'pizza'.

Estarán de acuerdo conmigo Dani Rovira y Arturo Pérez-Reverte, tan dados ambos a defender a las mascotas de la crueldad de los bestias, en que hubiera podido utilizar Pavlov a un político en campaña electoral en lugar de putear a un perro. La mayor parte de los políticos suelen dar una respuesta previsible a cualquier estímulo que lancen sus oponentes, porque pertenecen al reino animal, salvo cuando les toca hacer autocrítica, momento en que se ponen con la fotosíntesis o la producción de silicio.

En el ecuador de esta campaña electoral, algo deslucida por el reciente maratón de las generales, tenemos suficientes ejemplos de laboratorio para ampliar el estudio de Pavlov hasta los límites del universo conocido. Bastó que Manuela Carmena restringiera el tráfico en Madrid Central para que la derecha se pusiera a cantar las virtudes de los atascos, o que la PAH hostigase a una embarazadísima Villacís para que a Podemos se le olvidara todo lo que repiten sobre la vulnerabilidad de las mujeres.

Los políticos, los militantes y los capillitas son criaturas automáticas, privadas de la libertad: esclavos de sus impulsos, que les llevan de cabeza a actuar en contradicción con sus principios siempre que se les proporcione el estímulo adecuado. El ejemplo más espectacular por el momento ha sido la postura vetadora de ERC respecto a la presidencia del Senado de Miquel Iceta.

A Iceta, desde el independentismo tramontano, se le ha llamado de todo. Gordo, fascista, maricón... Incluso buena persona. En el independentismo que a mí respecta, es decir, entre mis amigos de lazo amarillo, a Iceta se lo considera generalmente 'gent de pau'. Recelan de él por sus siglas pero, aunque no le perdonen el 155, le otorgan un crédito que no le darían nunca a Josep Borrell. El editorial del diario 'Ara' del lunes transmitía exactamente esa sensación.

Considera el 'Ara' que hay pocos miembros y miembras del PSOE más aptos que Iceta para rebajar tensiones y critica la estrategia de ERC

Considera el 'Ara' que hay pocos miembros y miembras del PSOE más aptos que Iceta para rebajar tensiones, y critica abiertamente la estrategia de ERC. Cuál puede ser el plan a largo plazo, se preguntan, si se veta en el Senado a un político que apoyó el acercamiento de los presos catalanes y sugirió, tímidamente, que la posibilidad de un indulto depende más de los políticos libres que de los políticos presos.

La respuesta parece clara si pensamos en Pavlov: posiblemente hay una estrategia a largo plazo incompatible con este veto absurdo, pero, desde el mismo momento en que Moncloa filtró aviesamente el nombramiento, las glándulas boicoteadoras de Esquerra se pusieron a segregar sin control. Aunque todos sus miembros y miembras hubieran estado por la labor de hacerse a un lado, ninguno de ellos hubiera sido capaz de hacerlo. Sánchez mostró el capote y el cabestro solo podía embestir. El PSOE queda como quien intenta hacer las paces, y ERC como una sucursal más de la CUP.

Ojalá esto les pasara solamente a los políticos, y ojalá pasara solamente en campaña electoral. No es así. Juan Manuel de Prada, en una entrevista reciente que le hizo Jaume Vives, reflexionaba sobre el fenómeno que él llama con acierto “esquematismo”. Según De Prada, y según el que firma, hemos embarrancado en una sociedad paralítica en la que somos incapaces de evitar el reflejo condicionado.

Basta mirar Twitter: como camaleones, demasiados han terminado imitando a sus políticos. De los aspirantes a una concejalía se podrá decir al menos que son cínicos, pero de sus seguidores, en cambio, poco bueno se puede encontrar. Parece que muchos han cambiado su criterio propio por el aplauso (sordo) de unas siglas.

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