Ministerio de Igualdad, productora audiovisual

Los vídeos del ministerio de Irene Montero no creo que lleguen nunca a ganar un goya, pero lo cierto es que tienen mucho interés antropológico

Foto: Captura del vídeo de Podemos.
Captura del vídeo de Podemos.

Cuando os oigo debatir sobre las subvenciones al cine español, siempre pienso que se os olvida el Ministerio de Igualdad, que actualmente es la productora audiovisual que más dinero está recibiendo con diferencia. Este ministerio dice que hará leyes y traerá por fin la Justicia universal (con perspectiva de género), pero por el momento lo que está haciendo es un programa de televisión para internet.

La webserie 'Menuda es Irene', protagonizada por la ministra y su equipo de risueñas colaboradoras elegidas a dedo por la ministra, tiene un argumento muy bonito. Todos los personajes se dedican a decir lo buena jefa que es la ministra, mientras la ministra sonríe pletórica y deja ver a su bebé. También sale un tipo calvo con barba que les hace los recados a las chicas y se llama Manel.

Manel es el necesario contrapunto dramático de una serie optimista y positiva. Una figura trágica que representa al hombre entregado y servicial que jamás levantaría la voz si no es para gritar “yo sí te creo”. En su primera aparición, en el capítulo 'El cumpleaños de Irene', se dedicó a traer una tarta. Quizás en la tercera temporada surja un romance con alguna compañera, siempre consensuado, empático y respetuoso, porque ya se sabe que en este ministerio las relaciones amorosas ocupan un lugar predominante.

Los vídeos del ministerio de Irene Montero no creo que lleguen nunca a ganar un goya, sobre todo ahora que los goya los ganan películas bien hechas y no necesariamente panfletarias. Sin embargo, como pasa con las películas del destape o las del Vaquilla, lo cierto es que tienen mucho interés antropológico. Como el vídeo en que Pablo y Teresa anuncian a sus hijos, los españoles, que se divorcian pero de buen rollo, esta clase de propaganda política 2.0 quedará en los anales en los libros de historia.

Para disfrutar de los vídeos del ministerio de Irene Montero, hay que ponerse gafas especiales. Concretamente, unas gafas moradas

Sospecho que este material audiovisual ganará valor cuando dejemos de ser medio gilipollas. En el futuro, verán estas películas con la misma fascinación que tenemos hoy por el cine quinqui o 'Los bingueros'. Los espectadores de pasado mañana se preguntarán, quizá, cómo es que se reían tanto y sonreían tanto y se daban tantos besos y tantos abrazos en un ministerio cuyo lema principal, pronunciado siempre con urgencia, es 'Nos están matando'.

En fin. Que la ciudadanía pueda seguir en directo a través de su teléfono el trabajo (el ocio) de un ministerio es un avance social importantísimo: la culminación de aquel lema tan exitoso del año 2014 que los de Podemos repetían hasta la saciedad, lo de acercar la política a la gente. Lo malo es que hemos descubierto ahora que con acercar la política a la gente se referían a producir una propaganda personalista, pero menos da una piedra.

Para disfrutar de los vídeos del ministerio de Irene Montero en toda su plenitud, hay que ponerse gafas especiales, como pasa con 'Gravity'. Concretamente, unas gafas moradas. Distorsionan la realidad pero la distorsionan bien, con perspectiva de género, y realzan hasta cotas de impudicia propias del rap o de Corea del Norte los rasgos positivos de la ministra. Con las gafas puestas, alguien puede llegar incluso a tener la ilusión óptica de que todo este material es adecuado y hace un buen servicio al Gobierno.

La ministra de Igualdad, Irene Montero, durante una rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Ministros. (EFE)
La ministra de Igualdad, Irene Montero, durante una rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Ministros. (EFE)

Hasta aquí, los rasgos positivos y los elogios. Ahora, lamentablemente y a riesgo de caer en el 'mansplaining', me toca hacer una crítica. El problema de los vídeos del Ministerio de Igualdad es el mismo que el del cine de acción feminista. Pasa como con la película 'Aves de presa' o la nueva de 'Los ángeles de Charlie': que hay muy poca intriga, porque el espectador sabe que cuando una mujer aparece en pantalla, encarna todas las virtudes de la humanidad.

Esto hace previsible el desenlace. Sabemos que Irene Montero nunca será grabada gritando a alguna de sus subalternas, ni mandándola a comprar al Bershka como hacía, según parece, con la segurata de su finca. La que la denunció y luego quitó la denuncia, tras el unte. Aquella que necesitó un poco de pasta para comportarse con la suficiente sororidad y exclamar risueña: ¡menuda es Irene!

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