'Operación Triunfo': estafa en la escuela Hogwarts de corrección política

Pacheco se expresó como si anunciase una verdad irrebatible. Yo me solidarizo con ella desde la más absoluta discrepancia si las reinas de corazones exigen que le corten la cabeza

Foto: Anna Pacheco, durante su charla en la academia de 'OT 2020'. (YouTube)
Anna Pacheco, durante su charla en la academia de 'OT 2020'. (YouTube)

Fragmentos viralizados de la charla de Anna Pacheco en 'Operación Triunfo' han puesto a la derecha a echar espuma por la boca. No es que me extrañe: tuve la misma reacción tras una hora espesa de charla, pero no por los mismos motivos. La razón por la que varios dirigentes políticos se han pronunciado escandalizados como adolescentes son las alusiones, directas o veladas, de Pacheco a sus partidos. En Twitter se llega a pedir el cierre de TVE con la tradicional costumbre de no exagerar nunca nada que tienen los usuarios de esta red antisocial.

La reacción choca con algo tan elemental como que Pacheco se limitó a dar su opinión. Que sus palabras sean discutibles es intrínseco de que formen parte de una opinión, por más que la periodista se expresara como si anunciase una verdad irrebatible y absoluta que tenemos que creer con fe. Pero para discutir estamos. Para combatir dogmas, y no para exigir dogmáticamente que se cancele un programa porque algo no nos gusta.

Discutamos, pues. La periodista iba sacando cartelitos con frases manidas y se dedicaba a decir, básicamente, que todo eso eran herejías. El tema de fondo era que el patriarcado capitalista oprime, ataca y desalienta a las mujeres, y a más de una feminista de las llamadas disidentes le entró la risa: la contradicción que supone hablar de anticapitalismo en un programa tan industrializante como OT saltaba a la vista.

Dijo también Pacheco que no existe el hembrismo, es decir, que no hay odio contra los hombres, lo cual es falso y estoy seguro de que Pacheco lo sabe. Habrá leído a autoras como Andrea Dworkin o Catharine McKinnon y sabrá que el asco esencialista por el hombre ha sido y es, por desgracia, una parte de la diversidad feminista. Igual que existe la transfobia, y esto sí lo critican abiertamente muchas feministas, existe la androfobia. Y me parece que negarlo no le hace ningún bien al movimiento, pero qué sabré yo.

Es cierto que muchos machistas emplean la palabra 'hembrismo' como enmienda a la totalidad del feminismo. También hablaba la derecha de los gulags estalinistas como una enmienda a la totalidad del pensamiento progresista y esto no implicaba que no existieran. El asco por los hombres o la creencia en la superioridad femenina es una desviación tan identitaria como el supremacismo masculino, y la gente, que no es ciega, lo ve.

A estas alturas del artículo, habrá ya más de uno irritado conmigo. De ahí que me solidarice con Anna Pacheco desde la más absoluta discrepancia si las reinas de corazones exigen que le corten la cabeza. Más todavía cuando, no me cabe duda, los fans de OT ('talifans', vocablo de @Teenage_Thunder) hubieran reaccionado de la misma forma si invitaran a Un Tío Blanco Hetero para confrontar ideas.

Que la reacción de la derecha fuese desmesurada no implica que no tenga razón en algo: OT es una maquinaria adoctrinadora que roza la abyección

Porque el problema de la libertad de expresión no son las opiniones discutibles, ni siquiera las idioteces, sino la alergia de la opinión pública. Y eso precisamente, alergia a las opiniones, es lo que hace de OT el peor lugar del mundo para defender la libertad de expresión de Anna Pacheco, o de quien sea.

OT, un monocultivo ideológico

Que la reacción de la derecha sea desmesurada no implica que no tenga razón en algo: OT no es solo un programa de entretenimiento, sino una maquinaria adoctrinadora que roza la abyección. La Academia es la escuela Hogwarts de la corrección política. Un monocultivo ideológico en el que quizá se proporcionan buenos recursos vocales para que los triunfitos se ganen la vida cantando en festivales de verano, pero que intenta adoctrinar a la audiencia con cada polémica, mediante el intransigente discurso de la diversidad.

En otra entrega le tocó a la palabra 'mariconez', supuestamente tan dañina y tóxica que los ángeles custodios del concurso permitieron que fuera erradicada de su verso, pese a que la cantaba un grupo tan 'gayfriendly' como Mecano. Y la semana pasada, cuando la descomunal Estrella Morente se arrancó por los versos taurinos de Bergamín, la organización demostró nuevamente su alergia a la libertad y montó un pollo absurdo en el que el arte inconmensurable de Morente quedó en segundo plano.

Lo más tremendo en aquella ocasión fue cómo se instrumentalizó el tema al día siguiente. A Nia, la chica a la que le tocó en suertes cantar con esta artista verdadera, en vez de felicitarla por haberse medido con una diosa del flamenco la trataron como si la hubieran agredido sexualmente. “Te pondremos el vídeo solo si tú quieres verlo”, le dijeron cuidadosos, como si la mención taurina pudiera herirla, traumatizarla, revictimizarla.

A Nia, en vez de felicitarla por haberse medido con una diosa del flamenco, la trataron como si la hubieran agredido sexualmente

En vez de ayudar a los inexpertos concursantes a entender que el flamenco es el arte más libre, y que la libertad implica que alguien pueda ser taurino, drogadicto y hasta (¡cuidado!) machista, a punto estuvieron de iniciar un tratamiento de estrés postraumático. A Estrella Morente la menospreciaron los profesores más que los alumnos, y para mí, con eso, estaría todo dicho. Más les valdría a esos chicos escapar de la prisión monjil y pasar noches en los tablaos. Aprenderían mucho.

Para la dirección de OT el arte es irrelevante si la canción se considera sucia moralmente. La ideología que transpira el programa es la misma que pretende convertir la cultura en una herramienta ideológica desbordante de moralina barata. En ese monocultivo ideológico es imposible la vocación artística, que es un ejercicio supremo de libertad. ¿Formación? Sin libertad y arrojo, sin angustia, ninguno de los concursantes podrá aspirar a nada que no sea cantar misas.

La óptica de la corrección política está negando a un montón de chicos talentosos la formación que les ha prometido ofrecer. El programa los está utilizando para lanzar un mensaje de propaganda política a la audiencia. Y eso se llama estafa.

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