Quiero visitar a mi abuela porque soy un racista

Manifestantes: tu gusto por la pancarta y tu atracción por las ideas abstractas de justicia social se llevan por delante las consideraciones sobre la salud de los que te rodean. Entiendo

Foto: Manifestantes en la Puerta del Sol durante la concentración convocada en Madrid por la comunidad negra africana y afrodescendiente en España (CNAAE). (EFE)
Manifestantes en la Puerta del Sol durante la concentración convocada en Madrid por la comunidad negra africana y afrodescendiente en España (CNAAE). (EFE)

Cada vez que se produce una nueva manifestación, cada vez que paso por una bola de gente apiñada bebiendo cerveza, tengo que volver a mirar la hemeroteca, a ver si es que llevo tres meses y medio sin ver a mi abuela, que cumplió en soledad los 90 años hace una semana, porque soy un antisocial y una pésima persona. Está claro que los buenos son los que se manifiestan, lo han sido siempre. Veamos en qué lugar me deja a mí el hecho de considerar que la gente que se está manifestando en España es del todo indiferente al verdadero sufrimiento.

Un policía mata a un hombre en Estados Unidos y es fundamental salir a pegarle gritos a la policía de Madrid ahora mismo, en esta fase, y luego retirar a toda prisa una estatua de Colón de Barcelona antes de que siga señalando con el dedo objetivos para los neonazis. Pasan los días y las causas se mezclan: unos contra Pedro Sánchez en Galapagar y otros contra la policía de Mineápolis en Getafe. Una causa justa, sea la que sea, desactiva el virus. Lo ha dicho la OMS.

Quizá tienen razón los conspiranoicos que también se manifiestan— y todo esto es una prueba piloto de Bill Gates. Está visto que nos ha dado por hacer pruebas piloto loquísimas, como hacinar gente en el metro o el AVE, cambiar criterios de separación en los colegios que tienen que reabrir urgentemente justo antes de que termine el curso, o importar miles de alemanes en Baleares para ponerlos tibios de playita y cerveza mientras sigo sin ver a mi abuela porque está en Murcia y yo en Barcelona.

Una causa justa, sea la que sea, desactiva el virus. Lo ha dicho la OMS

Todas las recomendaciones sanitarias son fascistas si se oponen a la causa que en un momento dado nos dicta el 'trending topic'. Si es cierto que Bill Gates quiere convertirnos a todos en zombis, habrá que tirar de la literatura autorizada. Los reconocerás porque se mueven en bandada, como los pájaros. Arrastran los pies hacia donde les dicta la maldición y no pueden tolerar que la gente utilice su cerebro. El zombi se mueve por apetito. Siempre termina formando una multitud, se convierte en parte de la nueva sociedad, y en ese momento la gente que no se ha convertido en zombi es la que molesta. Visto así, pues quizá sí es verdad lo de Bill Gates.

Examino las razones por las que se han sumado aquí muchos humanos comprometidos a la propuesta de arrancar a Colón de su ubicación en Barcelona y pienso en zombis. Las leo de arriba abajo preguntándome si las ha redactado una máquina. ¿Alguna idea propia? ¿Algún pensamiento madurado? No: copian lo que han dicho otros y convierten la disidencia en herejía. Que Colón diera forma a los mapas del mundo con su absurda expedición hacia la India, que su viaje iniciase no solo la conquista y masacre de pueblos indígenas sino también la idea del mundo tal y como lo conocemos, es del todo indiferente.

No hay sutilezas históricas. O bueno, o malo. Cuando hay que poner dos hechos contradictorios en liza, colapsamos, como demuestra el hecho de que se produzcan manifestaciones o la gente haga lo que le sale del níspero mientras nos encontramos en medio de la mayor crisis sanitaria que ha vivido nuestra generación.

Cerca y lejos

Manifestante: se te hacen muy lejanas las decenas de miles de muertos de tu propio país, la calidad de vida de unos médicos y enfermeros llevados hasta el límite, el turbio asunto de las residencias de ancianos o tu propia abuela en cuanto anuncian en Instagram el asesinato de un solo hombre en tierras lejanas. Tu gusto por la pancarta y tu atracción por las ideas abstractas de justicia social se llevan por delante las consideraciones sobre la salud de los que te rodean. Entiendo.

Los negros no te han importado nunca, pero son lo más importante del planeta en el momento exacto en que te lo dice internet

Todo se vuelve muy urgente y no puede esperar. Tienes que demostrarle a todo el mundo que estás muy comprometido aunque demuestres no estar comprometido en absoluto con la gente que se manifiesta contigo. Tu amor por la justicia abstracta es tan grande que se te apaga el cuidado por el prójimo. Esto es lo que explica que los negros no te hayan importado nunca cuando te los cruzas en tu barrio, empujando un carrito del Mercadona lleno de chatarra, pero de pronto sean lo más importante del planeta en el momento exacto en que te lo dice internet.

Estos movimientos miméticos a miles de kilómetros de distancia por una causa que en pocas semanas habrá sido convenientemente sustituida por otra son la constatación de que el humano-pantalla del siglo XXI tiene serios problemas para categorizar y distinguir entre lo abstracto y lo concreto. Me pregunto cuántos de los manifestantes estarán, como yo, sin ver a sus seres queridos desde hace meses. Me lo pregunto cuando los veo gritar consignas a 30 centímetros del manifestante contiguo, mientras se anuncian rebrotes epidémicos.

En fin. Me quedaré solo diciendo estas paridas si es necesario. Nunca entenderé que esté pasando todo esto durante una pandemia hipercontagiosa que ha matado a tantos y nos ha obligado a vivir tan solos. Pero quizá todo esto no son más que los pensamientos de un egoísta al que le importa más la visita a su abuela nonagenaria que la fantasía de una guerra abierta contra la injusticia internacional.

España is not Spain
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