Manuel Lamela y la sanidad pública: un cuento de vampiros

Quien fuera consejero de Sanidad con Aguirre y promotor de la privatización de hospitales se ha ofrecido a emprender ahora la batalla para sacarle al Estado grandes indemnizaciones

Foto: Manuel Lamela, durante una comparecencia cuando era consejero. (EFE)
Manuel Lamela, durante una comparecencia cuando era consejero. (EFE)

Manuel Lamela, quien fuera consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid con Esperanza Aguirre y un promotor de la privatización de hospitales, se ha ofrecido a emprender ahora la batalla judicial para que las empresas de sanidad privada le saquen al Estado indemnizaciones millonarias. Lo contó este lunes en la Cadena SER y a mí me recordó al Drácula de Bram Stoker, que viajó a Londres con ataúdes llenos de tierra de Valaquia para comprar propiedades inmobiliarias.

No me escandaliza que lo haga un abogado cualquiera, sino que lo haga alguien que ha sido consejero de Sanidad. Pero es el doble juego típico de políticos/empresarios como él. Al igual que Drácula, Lamela jamás se desprendió de sus fermentos mientras ocupaba el cargo, y cuando dejó la política siguió trabajando codo con codo con la misma gente a la que había favorecido como responsable público.

Es decir: cobraba de un sector y lo 'gestionaba', pero lo hacía como el carnicero que gestiona la vaca con el cuchillo. De ahí que ahora haya tildado de “incautaciones y requisas” la cesión de un material médico esencial para la supervivencia de miles de enfermos de coronavirus. La elección de palabras deja clara su idea de la sanidad. Con muchos responsables como él, sin duda ya estaríamos pagando hasta por la pediatría.

Y ojo, no pretendo demonizar con esto la sanidad privada. Según la 'Gaceta Médica', ellos han atendido entre un 16% y un 19% de todos los enfermos de coronavirus, y además muchos centros no han podido tratar a los pacientes con otras dolencias, lo que ha tenido que ser terrible para sus cuentas de resultados. Pero ¿incautaciones y requisas?

Lo que ha pasado en España ha sido una catástrofe. El Estado ha tenido que tirar de todos los recursos a su alcance, ¿os acordáis de cuando no había ni mascarillas? También pasa en las guerras o las inundaciones que el Estado dispone de los bienes privados. No me parece mal que el Estado acuerde con el sector compensaciones, pero que un antiguo consejero de Sanidad emprenda la batalla para lograrlo (y se reserve un 8% del dinero que le saquen a la ubre moribunda) lo deja todo bastante claro.

Vampiros del sector público

Por desgracia, la figura de Lamela es muy común en la política española, particularmente entre la derecha, pero no solo. Ocupan cargos del Estado puestos a dedo por los políticos electos y jamás dejan de trabajar para el sector privado, al que acceden de vuelta en cuanto dejan el cargo, bien sea montando empresas con subvenciones públicas (como hizo Lamela) o por la vía mucho más segura de atravesar una puerta giratoria.

La estrategia de los vampiros es la siguiente: como responsables públicos, gestionan lo peor posible, corroen los servicios, provocan desorden, abaratan, externalizan, promueven la mediocridad de los cargos de responsabilidad internos y recortan los medios materiales, es decir: hacen un sabotaje más o menos sutil. Mientras tanto, no hacen más que alabar ante la prensa la gestión mixta, que es un eufemismo de la privatización.

Con gestores vampíricos como estos a cargo de los hospitales, las colas se hacen interminables, los enfermos crónicos empeoran, a tu abuela le dan cita para dentro de 10 años, el servicio se presta regular, falla la tele, falla el aire acondicionado, te cobran hasta por el agua, faltan vendas en un dispensario, te encuentras con médicos extenuados y con ojeras que no hacen más que mirar la pantalla del ordenador, se reciclan hasta guantes y los pacientes terminan durmiendo en camas de los pasillos.

Mientras tanto, oyes de fondo eso de que “lo público no funciona”. ¿De quién es esa voz? Del mismo vampiro que está gestionando lo público. Así, en la sala de espera, rodeado de 40 tosedores, agarras un periódico del día anterior y te encuentras al responsable del cotarro de traje y corbata alabando las virtudes de la “gestión mixta”. Y dices: pues sí que es verdad. ¿No te jode? El zorro nunca fue el mejor gestor de corrales.

Que yo sepa, en la Comunidad de Madrid y en Cataluña este programa de sabotaje y propaganda se ha cumplido punto por punto. Riadas de falsos servidores públicos se han dedicado al boicot sutil de las instituciones y de los servicios de los que eran responsables, como vampiros entre dos mundos. Sin embargo, bendita ingenuidad, sigue sorprendiéndome el desparpajo de Lamela. Aunque, claro, sin duda conoce todos los resortes y la letra pequeña para conseguir buenas tajadas económicas en medio de la calamidad. Después de todo, él ya estuvo allí.

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