¿Qué sentido tiene prohibir los juguetes sexuales para pedófilos?

El Ministerio de Consumo ha reclamado a Amazon que retire de la venta unos juguetes sexuales destinados a pedófilos. El producto es, claro, perturbador

Foto: Algunas de las muñecas de silicona que ofrecía Amazon. (Amazon)
Algunas de las muñecas de silicona que ofrecía Amazon. (Amazon)

El Ministerio de Consumo ha reclamado a Amazon que retire de la venta unos juguetes sexuales destinados a pedófilos. Se trata de masturbadores de silicona con forma de piernas (y entrepiernas) de mujeres y niñas sintéticas, ataviados con braguitas y faldas. El producto es, claro, perturbador. Más que otros engendros de 'sexshop', que a veces recuerdan más a curiosidades de ortopedia o exvotos que a cosas que a uno le puedan poner cachondo. Los veis en la foto de arriba: la inmensa mayoría de los que leáis esto sentiréis pesadumbre solo de pensar en desahogaros con una cosa así. También me pasa a mí. Y sin embargo...

Como dijo Claude Lévy-Strauss refiriéndose a la caca, el objeto tabú es malo para comer y bueno para pensar. ¿Podemos pensar en esto sin que la gente empiece a gritar por la calle? Lo intentaremos, pese a que Consumo ya ha exigido la retirada e Irene Montero lo ha tildado, con la retórica típica del consistorio calvinista en el que vive, de “incitación a la pedofilia y al abuso infantil, a la violencia machista. Repugnante y denunciable”, no sin anunciar que también emprenderá medidas desde su inútil ministerio.

Bien. Partamos de la base de que la “incitación a la pedofilia” es dudosa. La pedofilia es repelente, aleja de sí a las personas por su intrínseca monstruosidad. No hay pruebas de que un objeto pueda incitar a ella. De la misma forma que para un heterosexual no es incitación a la homosexualidad el porno gay o la presencia de un consolador con forma fálica, para una persona con un deseo sexual sano nada incitador hay en juguetes sexuales con formas infantiles. Más bien al contrario, el deseo sexual sano se mustia ante una imagen como esa. ¿Estamos de acuerdo hasta aquí? ¿Alguno de ustedes ha sentido deseos al ver esas cosas? Bien, sigamos.

Quizá Montero se refiere a la 'pederastia' cuando habla de lo que esos juguetes estarían incitando, pero aquí vuelve a equivocarse. Anotemos esto: el español es uno de los pocos idiomas que presentan una distinción esencial y necesaria que diferencia la pedofilia y la pederastia, es decir, el deseo desviado del acto monstruoso. Quien viola a niños es un pederasta, un criminal, mientras que el pedófilo, como el heterosexual o el homosexual, es una persona con una inclinación sexual determinada y un objeto de deseo que, en este caso, para su desgracia, son los niños y las niñas. Un pedófilo célibe no es, por tanto, ningún monstruo.

¿Pueden incitar esos objetos a un pedófilo a cometer un acto de pederastia? En todo caso, lo compraría para desahogar su deseo desviado

¿Pueden incitar esos objetos a un pedófilo a cometer un acto de pederastia? Nuevamente, parece dudoso. En todo caso, un pedófilo podría comprar uno de esos consoladores y desahogar con él su deseo desviado, de forma que el juguete sería más bien una salvaguardia contra la pederastia que mantendría al pedófilo entretenido con un ser inanimado. No es, de hecho, la primera polémica relacionada con juguetes sexuales para pedófilos. Pablo de Lora trató el asunto en un libro que Irene Montero debería leer para hacer algo útil con su ministerio: 'Lo sexual es político y jurídico', editado por Alianza.

A nadie le gusta imaginarse a un pedófilo desahogándose con un juguete sexual con forma infantil, así que entiendo uno de los adjetivos empleados por la ministra de Igualdad. Sí, resulta "repugnante", comparto la sensación, pero ¿"denunciable"? Solo si quieres ponerte medallas. Denunciable sería solo en el caso de que esos objetos promovieran realmente la pederastia, pero no encontraréis una sola prueba de ello. Entre otras cosas, no hay pruebas porque el tabú de la pedofilia es tan extremo que muy pocos estudios serios se han podido hacer sobre el asunto. La escritora Loola Pérez sí menciona algunos en su libro, tan recomendable para Montero como el de Pablo de Lora, llamado 'Maldita feminista' y editado en Seix Barral.

Por lo tanto, aunque los juguetes sean repulsivos para la mayoría de nosotros, y aunque la mera idea de imaginar a un hombre adulto desahogándose con ellos produce conmoción y repulsa, ¿qué otra cosa si no el escándalo puritano anima a retirarlos de la circulación? Dado que ningún pedófilo puede satisfacer su deseo sin cometer un crimen, porque ningún niño está preparado para dar respuesta a un deseo sexual adulto, lo que habría que pensar es si un juguete sexual para pedófilos contribuye a frenar los crímenes pederastas o a que se cometan. Y no: no hay una respuesta fácil, aunque yo me inclino a sospechar que la opción correcta es la primera.

Sería genial que los pedófilos no existieran. En primer lugar, sería genial para ellos mismos, puesto que todos los que consiguen reprimirse y ser célibes lo son a costa de muchísimo dolor y sufrimiento. De hecho, muchos buscan tratamiento psicológico y no pocos se suicidan sin haber cometido un solo acto pederasta en toda su vida. Así que quizá sería mejor para la seguridad de los niños y para las víctimas de deseos sexuales por los niños que el Ministerio de Igualdad estudiase seriamente los pros y contras de la existencia de esos artilugios antes de lanzarse al señalamiento virtuoso por las redes sociales. El escándalo moral es muy mala óptica para problemas tan ambiguos e inquietantes como estos. Partamos de la base de que los pedófilos célibes viven su deseo envueltos en el escarnio y la vergüenza más grandes que existen. Así que menos escándalo estaría bien.

Por suerte, no todo el mundo pone el grito en el cielo antes de pensar un poco en el tema. En España, abrió el año pasado la franquicia de una organización francesa, Angel Bleu, que entiende muy bien la diferencia entre el deseo desviado y el acto monstruoso. Ofrecen ayuda psicológica y apoyo a pedófilos célibes, y tratan también a los que llegaron a cometer el acto impuro y abominable y pasaron por la cárcel, puesto que saben que la desviación pedófila no es maldad, ni crueldad, sino una condición mental que ha deformado el deseo.

Repito que el escándalo y el asco moral ante unos objetos inanimados como esos es algo normal, pero hay que subrayar que no son pornografía infantil

Justo antes de la pandemia tenía pendiente entrevistar a los voluntarios (más bien voluntarias) de Ángel Azul España para que nos contasen cómo trabajan con pedófilos. Prometo hacerlo. Todo quedó en el aire, pero un par de conversaciones telefónicas con ellas fueron suficientes para saber que, entre la gente que ayuda a los pedófilos, hay víctimas de la pederastia.

Así que un poco de calma. Repito que el escándalo y el asco moral ante unos objetos inanimados como esos son algo natural, y lo comparto. Pero hay que subrayar que no son pornografía infantil, que nadie ha tenido que sufrir para que se fabriquen y que nadie sufre cuando un pedófilo los utiliza. ¿Deberían ser retirados de Amazon? ¿Venderse con prescripción médica? Pues miren, es posible. Pero, por favor, que la razón para su retirada no sea el escándalo de quienes ni siquiera han dedicado 10 minutos a pensar en el tema.

El problema de la pedofilia se erige sobre un desierto de vergüenza, escarnio y silencio. Sería muy bueno que madurásemos lo suficiente como para empezar a ayudar a estas personas a que ayuden, con su abstinencia, a todos los niños.

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