Reconstruyendo la decapitación de un profesor francés

La ciudadanía supone una aceptación de los principios rectores de la democracia liberal, entre los cuales está la libertad para blasfemar

Foto: Profesores dejan flores frente al instituto del profesor asesinado. En los carteles, se lee Yo soy profesor. (EFE)
Profesores dejan flores frente al instituto del profesor asesinado. En los carteles, se lee "Yo soy profesor". (EFE)

Un profesor de secundaria francés quiere explicar en clase qué es la libertad de expresión y de credo. Consciente de cómo es la piel del alumnado en estos tiempos, pone en práctica el americano 'trigger warning', es decir, advierte a sus alumnos musulmanes que algunas cosas de las que van a decirse pueden ofenderles y hasta les ofrece la posibilidad de que abandonen la clase si quieren. El motivo: tiene pensado mostrar las caricaturas de Mahoma publicadas por 'Charlie Hebdo', un asunto central para cualquiera que quiera comprender qué es la libertad de expresión, más todavía en Francia. Después de esto, va a ser asesinado y decapitado por un joven de 18 años en plena calle, en pleno corazón de Francia.

Nordine, padre de uno de los alumnos musulmanes, explica a Reuters que su hijo, de 13 años, interpretó las acciones del maestro como hechas por bondad y respeto por su fe. “Lo hizo para proteger a los niños, no para escandalizarlos”, dice. Sin embargo, varios padres fueron a quejarse. Dice Nordine que la reunión, a la que asistió su mujer, “salió bien. No hubo gritos ni discusiones entre ellos. Ella dijo que el hombre cometió un error, les pasa a todos”. ¿Cometió un error? ¿Explicar la libertad de expresión es un error? ¿Mostrar las caricaturas que provocaron el mayor atentado en Europa contra la libertad de expresión es un error? ¿Incluso ofreciendo a los musulmanes que salgan si no quieren ver una blasfemia?

Cuenta Reuters que otro padre “calificó al profesor de historia de matón y publicó el video en las redes sociales. La publicación fue compartida por una mezquita de París, entre otros”. El vídeo fue borrado más tarde (hay pantallazos) y, pese a que el rector de la mezquita condenó el atentado, parece que fue en los comentarios de la publicación de Facebook donde apareció la identidad del profesor y empezó a crecer la bola de nieve que condujo a su asesinato. En el vídeo, un padre llama a unir las fuerzas: “este matón no debe permanecer en el sistema educativo nacional, ya no debe enseñar a nuestros hijos. Debería ir a educarse”, clama en la grabación.

¿Cuántas veces hemos oído en los últimos años que determinado "matón" o "matona" no debe seguir hablando, sea en clase, en los medios de comunicación o en un espectáculo porque ofende los sentimientos de algún grupo social? ¿Cuántas veces este mismo argumento que confunde las palabras con los puñales ha sido difundido por toda clase de activistas beatos de todas las ideologías? ¿Cuántas veces un grupo ha considerado moralmente urgente y necesario purgar a un individuo por sus opiniones? ¿Cuántas veces se ha considerado un “matón” a alguien por el simple hecho de hablar?

Padres y alumnos dejan flores en la puerta del instituto en el que trabajaba el profesor asesinado. (EFE)
Padres y alumnos dejan flores en la puerta del instituto en el que trabajaba el profesor asesinado. (EFE)

En Francia, llueve sobre sangre. Hace tres meses, un pakistaní recién llegado a Francia hirió de gravedad a dos tipos que estaban fumando en la puerta de la antigua redacción de 'Charlie Hebdo' porque, según confesó más tarde, la revista había vuelto a mostrar las caricaturas al inicio del juicio por el atentado mortal contra sus redactores, y él creyó que esos tipos trabajaban allí. Según publica 'El País', el asesino del profesor, nacido en Moscú, compartió en Twitter una foto de la cabeza cercenada de su víctima y dirigió sus palabras a Macron: “He ejecutado a uno de tus perros del infierno que han osado degradar a Muhammad”.

Emmanuel Macron ha declarado: “Uno de nuestros ciudadanos ha sido asesinado hoy porque enseñaba, porque enseñaba a sus alumnos la libertad de expresión, la libertad de creer y de no creer. Nuestro compatriota ha sido la víctima de un atentado terrorista islamista”. En la primera parte está, creo, la madre del cordero. “Uno de nuestros ciudadanos”.

Ciudadanos contra tribus

Para que decapiten en plena calle a un profesor que ha explicado la libertad de expresión, es necesario que se pongan en marcha muchos mecanismos. Podríamos pensar que esto es un hecho aislado, pero sabemos que no es así. En Francia viven muchos musulmanes que hoy están horrorizados por los actos de un radical, pero ¿cuántos son capaces de tolerar la blasfemia sin ponerse a temblar como gelatinas? La ciudadanía supone una aceptación de los principios rectores de la democracia liberal, entre los cuales está la libertad para blasfemar. La ciudadanía es una condición que proporciona derechos y requiere cumplir obligaciones.

Soy un firme defensor de la sociedad multicultural, pero no de esta. Me he criado en Tánger, una ciudad que funcionó muchos años como un crisol de culturas y religiones donde los judíos, los musulmanes y los cristianos convivían sin problemas, como ha explicado muchas veces José Luis Sampedro. Sin embargo, tengo muy claro que una sociedad diversa no se construye sobre el pavor, ni sobre el tabú, sino sobre el respeto de todas las tribus a unos derechos universales. El multiculturalismo ha fracasado en Francia porque no se ha integrado a los inmigrantes en los valores de la República ni en sus beneficios sociales. Los guetos, la marginalidad, la xenofobia y el radicalismo integrista de las mezquitas han destruido la posibilidad de crear una verdadera sociedad diversa donde todos puedan convivir.

En la tensión del multiculturalismo mal construido, con sus escaleras sociales bloqueadas, el edificio de la República ha empezado a derrumbarse. El auge de la extrema derecha lepenista desde 2014 es una consecuencia de esta mala construcción. Los guetos y la violencia de los musulmanes mal adaptados a la República suponen un desafío al que la izquierda francesa no ha sabido hacer frente. Ante el obcecado mito del buen salvaje condensado en el “día feminista del velo por el empoderamiento”, ante el helado respeto simbólico hacia una religión en la que cabe el asesinato del blasfemo, los progresistas han dejado el campo libre a que la extrema derecha problematizase aquello que debe ser problematizado. Alguien más debería hacerlo, pero no se atreven. El desprecio por la valiente holandesa de origen somalí Ayaan Hirsi Ali, que se ha desgañitado intentando explicarlo, es uno de tantos síntomas.

Las caricaturas de 'Charlie Hebdo' en 2006 supusieron una montaña de debates espantosos sobre los límites de la libertad de expresión. En 'El colgajo', Philippe Lançon, superviviente de la revista satírica, explica cómo parte de la izquierda francesa se puso de parte de los ofendidos después de la publicación de las caricaturas. “Los amigos perpetuos de los parias de la tierra (...) gustaban de calificarla de racista. Habíamos notado el auge de esta rabia estrecha de miras, que transformaba el combate social en espíritu de beatería. (…) Con ocasión de aquella crisis, había sentido una vez más hasta qué punto el mundo de la extrema izquierda tenía el don del menosprecio, del furor, de la mala fe, de la ausencia de matices y la invectiva degradante”.

Una rosa en homenaje el profesor asesinado. (EFE)
Una rosa en homenaje el profesor asesinado. (EFE)

¿Cómo puede una sociedad multicultural sobrevivir si colocamos en una peana los sentimientos de algunas tribus y despreciamos los derechos fundamentales? Ya no hay marcha atrás. Los musulmanes que viven en Europa no volverán a sus países de origen, muchos han nacido aquí, muchos están integrados y son tan europeos como nosotros. La arcadia de una Europa cristiana con la que sueña la extrema derecha es imposible e indeseable. Pero en democracia todos hemos de respetar los mismos iconos, y estos son laicos y liberales: derechos y obligaciones. Ninguna tribu tiene derecho a imponer su beatería a la libertad de los demás, y cuando digo “ninguna” me refiero verdaderamente a “ninguna”. Mientras esto no se entienda y sigamos confundiendo las palabras y los puñales, el multiculturalismo será un fracaso.

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