Este artículo está siendo vigilado por Iván Redondo

Un tipo que se ha hecho famoso por montar campañas electorales y adulterar hasta el CIS estará al mando de un organismo contra la desinformación

Foto: El secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver (i), y el jefe del Gabinete de la Presidencia, Iván Redondo. (EFE)
El secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver (i), y el jefe del Gabinete de la Presidencia, Iván Redondo. (EFE)

1. Cuidado con Rusia

Putin desea cortocircuitar su mayor obstáculo geoestratégico por el oeste: la Unión Europa. Sus intentos de envenenar procesos electorales y acrecentar la polarización social con campañas de bulos son un clásico demostrado. Desestabilizar países de la Unión, alimentar movimientos populistas y dividir a los ciudadanos son procesos en los que influye el clima político autóctono, pero también la mano negra. Todo esto es cierto.

Sabemos que Rusia interfirió en las elecciones estadounidenses de 2016 y que tuvo un papel activo en el intento de secesión de Cataluña y el Brexit. Sabemos que influye, pero no sabemos hasta qué punto lo hace. La Comisión Europea lleva años tratando de levantar una cibermuralla, por si acaso, contra ese ruido que llega del este. Así es la guerra del siglo XXI, y hasta ahora nos hemos estado defendiendo con palos, piedras y cerbatanas.

Ahora, el Gobierno de España se rearma en la línea del European Democracy Action Plan de 2018. Presentan una tanqueta con Iván Redondo y Miguel Ángel Oliver a los mandos para luchar contra la 'infodemia'. La nueva comisión permanente llevará a cabo tareas de monitoreo y detección temprana de desinformación, y podrá pedir a los medios y las plataformas digitales que colaboren, o no hacerlo.

Pero, claro, hay un problema. Salta a los ojos leyendo el BOE. Tras terminar la lectura, llamo a mi amigo jurista Borja Adsuara, uno de los mayores expertos en derecho y libertad de expresión de nuestro país, y el vasco está que trina. “¿Dónde están las garantías?”, pregunta. “¿Tú ves ahí algún dispositivo de seguridad? Además, respecto al texto europeo de 2018, ¡han desaparecido las menciones a Rusia! ¿Dónde está el enemigo exterior? Lo han mencionado en la comunicación que han hecho, pero no está en el texto legal. ¿Dónde está Putin?”.

2. Cuidado con Iván Redondo

En la guerra de la desinformación, ahora tenemos un arma. La ha fabricado el Gobierno y se articula en torno a una orden ministerial, sin pisar el Congreso. Poner a Iván Redondo a los mandos de una máquina contra la desinformación es como confiarle a Raskólnikov las llaves del piso de tu abuela. Un tipo que se ha hecho famoso por montar campañas electorales y adulterar hasta el CIS estará al mando de un organismo contra la desinformación.

Hablando del CIS: ¿os acordáis cuando Tezanos preguntó si toleraríais un Ministerio de la Verdad? La pregunta era: “¿Cree usted que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación sociales, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que hay que mantener libertad total para la difusión de noticias e informaciones?”. Y el 66,7% de los encuestados dijo que sí, que toleraría este control.

Escribí entonces que el CIS estaba lanzando un globo sonda y acerté. De aquella pregunta, esta respuesta. Me dice Borja Adsuara: “Le voy a conceder la buena intención al Gobierno y a confiar en que no va a usar esto para el mal. Vale. Pero con esta norma, cualquier otro Gobierno puede hacerlo. Aquí el juez no pinta nada. Va a ser el Gobierno el que decida lo que es desinformación y lo que no. ¡En el texto no lo especifican!”.

Y es cierto. El texto publicado por el BOE cambia la parte de la injerencia rusa por la situación del coronavirus. Es una corrección sustancial, aunque no lo parezca, que hace sospechar que el Gobierno está aprovechando el ruido de fondo (“cuidado con Rusia”) para calzar un mecanismo de censura ajeno al trabajo de la Justicia, en el que será la comisión la que tome las decisiones y mande monitorizar a los ciudadanos.

“Los bulos no son delito”, recuerda Adsuara. “Si unos bulos quieren provocar desórdenes, será un delito de desórdenes públicos. Si quieren injuriar, serán delitos de injurias o calumnias. Y todo esto lo tendría que decidir siempre un juez. Pero es que además, en sí mismo, el bulo no es nada. Jurídicamente no está definido, y tampoco la desinformación”. Sin embargo, estos conceptos flotan en la orden del BOE sin definición precisa.

3. Cuidado, que el ruso eres tú

Mi sospecha es que el Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias finge que actúa espoleado por el impulso europeo, pero lo hace espoleado por su alergia a la crítica. Este mecanismo de control gubernamental de la verdad viene tras el rosario de declaraciones vagas y amenazantes sobre los bulos que, durante la pandemia, les han servido a los partidos en el poder como estrategia de propaganda y ataque a la oposición. Además, han denunciado muchos bulos (a veces eran críticas) sin dejar de alimentar los que les convenían.

El Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias finge que actúa espoleado por el impulso europeo, pero lo hace espoleado por su alergia a la crítica

En Hollywood, durante la caza de brujas, era común que el tentáculo asfixiante del Gobierno estrangulase a guionistas acusados de trabajar para los rusos. Con la excusa del espionaje, purgaron a personajes críticos y a toda clase de artistas inocentes. Está por ver cómo maneja el Gobierno de Sánchez la escopeta que se ha fabricado, pero visto el clima de irritación y la alergia a las críticas que están demostrando, no me extrañaría verme señalado por el cañón mientras me dicen que el ruso soy yo.

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