Ignacio Garriga, la Kamala Harris española
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Juan Soto Ivars

España is not Spain

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Ignacio Garriga, la Kamala Harris española

Garriga tiene a primera vista todos los ingredientes para ser ensalzado a tontas y a locas por el identitarismo posmoderno

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Ignacio Garriga. (EFE)

A mí me educaron mis padres para no valorar el color de la piel de nadie de ninguna forma. Tuvo su efecto: pienso que solo hay una raza, la humana, y que todos somos iguales. Por tanto, pienso que existen gilipollas y buenas personas de todos los colores y detesto a los racistas. A los gañanes que se asustan de un negro como el labrador de 'Amanece que no es poco' puedo perdonarles la ignorancia, pero no a los nazis que hacen de esta perversión ideología, ni tampoco a los adictos al discurso interseccional, que reprochan al blanco ser blanco y tratan a la gente de otras razas con interesada condescendencia.

No siento orgullo alguno por ser blanco, ni por ser hombre, ni por nada de esto, y tampoco valoro en bien o mal a quienes no comparten mis parámetros identitarios. Por consiguiente, desconfío de quienes manifiestan su gusto o su vergüenza por estos hechos incontrolables. Sin embargo, mi postura se considera hoy casi racista, puesto que los blancos estamos obligados a sentirnos mal o fingirlo debido a las políticas de la identidad que Estados Unidos ha exportado a todo Occidente con tanto éxito como la Coca-Cola. Hemos de escuchar, aprender y revisar nuestros privilegios. Pero yo me niego a hacerlo: no siento más responsabilidad que tratar igual a todo el mundo, lo que implica poder decirles a miembros de cualquier tribu identitaria que no tienen razón.

Vox se proclama líder de la oposición tras sus buenos resultados en Cataluña

Cuando Kamala Harris fue nombrada vicepresidenta, tuvimos sobredosis de este tipo de discurso. Nos contaron que esta mujer de casta privilegiada, bien situada desde la cuna, como lo estuvo Barack Obama (los padres de Harris se conocieron en Berkeley), era una heroína por el simple hecho de ser medio negra y medio india. Leí entonces sobre las dificultades que habría tenido que vencer pese a los talonarios, contactos familiares y la educación exclusiva en las Ivy Leagues. El discurso me molestaba por su racismo intrínseco, pero es algo típico de los Estados Unidos, donde el color de piel importa para mal y para bien.

Ahora, todas aquellas loas me hacen reír de forma retrospectiva, porque en España hemos adelantado por la derecha las políticas de la identidad y le hemos dado la vuelta al calcetín, por así decirlo. Deberíamos enviar las últimas noticias electorales a los Estados Unidos para que los fieles de la religión woke adapten a toda prisa el dogma de las opresiones sistémicas a la necesidad de expulsar de la casta de los oprimidos a Ignacio Garriga, primer jefe de grupo parlamentario negro de la historia de España. De Vox, para más señas.

La situación en Cataluña respecto a los identitarismos y las xenofobias ya era lo bastante endiablada como para que al líder de un partido supuestamente de izquierdas, alabado por Iglesias 'himself', se le permitiera decir en un artículo que el ADN de los catalanes se parece más al de los franceses que al de los sucios españoles. Hablamos de una tierra donde que te llamen 'botifler' o 'ñordo' ni cotiza, y donde un montón de gente ha decidido que no eres facha si odias a un determinado grupo social de tus compatriotas. Ahora, para colmo, el partido de ultraderecha lanza al hijo de una ciudadana ecuatoguineana, es decir, de una emancipada colonia española. ¡Toma ya, teoría poscolonial!

Foto: Ignacio Garriga, miembro del Comité Ejecutivo Nacional de VOX. (VOX)

Dentista de profesión, Garriga tiene a primera vista todos los ingredientes para ser ensalzado a tontas y a locas por el identitarismo posmoderno, pero si algo hemos aprendido de los artículos de Buzzfeed y la edición inglesa de 'The Huffington Post' es que la 'negritud' no es una condición válida para obtener tu carné de víctima sistémica, sino que tienes que serlo además de una determinada forma, pensando de una manera correcta, puesto que la ideología es un vector dominante en la negritud. Por resumir, serás considerado blanco pese a ser negro si el progresismo woke no puede utilizarte.

En casos como este, la maligna lógica se convierte en nuestra mejor amiga. Usémosla para demostrar, a modo de juego, que Garriga tiene más mérito que Kamala Harris y debiera ser celebrado por todos los activistas del mundo con más pasión. Porque, ¿quién lo tiene 'a priori' más difícil para obtener un buen resultado electoral: una mujer mestiza que pide el voto a gente de las minorías étnicas y blancos que se sienten culpables de sus supuestos privilegios, o un negro que pide el voto a gente de extrema derecha que está por la expulsión de los inmigrantes?

Me divierte pensarlo así. Si Garriga fuera miembro de un partido de izquierdas (o nacionalista), lo habría tenido más fácil, pero las portadas de la prensa española parecerían hoy un anuncio de Benetton. Precisamente por ser de Vox, que es lo que hacía su reto más complicado, andan ilustrando las noticias con imágenes de Abascal. Hasta dijo anoche un tío en TVE 1 que el hecho de que Garriga sea negro y de ultraderecha es un drama. ¡Como si la gente de una raza diferente a la blanca tuviera que pensar como a ese tertuliano le sale de las narices!

Foto: Ignacio Garriga se fotografía con una simpatizante. (Reuters)

Pero es que es justamente así como funciona esto. En su libro 'La masa enfurecida', Douglas Murray reseña un montón de casos similares, donde gente de otras razas fue expulsada por los activistas de su condición 'racializada', normalmente por ser de derechas. Si nos fijamos, esta forma de ver el mundo añade a la tiranía de ser negro en una sociedad en que formas parte de una minoría la de tener que subordinar tu pensamiento a los parámetros que te han asignado los supuestos defensores de tus derechos. De la misma forma que a Inés Arrimadas se la podía tratar de tonta sin peligro en pleno auge del #MeToo, a Garriga se le pueden poner 'memes' de 'La cabaña del tío Tom'.

Todo esto es tanto más gracioso en tanto que los mismos que nos han repetido que la diversidad racial es buena y necesaria en sí misma son incapaces, ahora, de digerir la presencia de Garriga. En Podemos, cuando montaron el Ministerio de Igualdad, animaron a 'echarse a un lado' a una asesora blanca para que una persona negra ocupase el cargo, relacionado con la integración racial, y nos dijeron que esto era una maravillosa noticia. Uno podía pensar que era una decisión abiertamente racista y discriminatoria, pero no era prudente decirlo. 'From lost to the river'.

Los mismos que nos han repetido que la diversidad racial es buena y necesaria en sí misma son incapaces, ahora, de digerir la presencia de Garriga

Pues bien, siguiendo punto por punto esta delirante forma de ver las cosas: ¿no es racista negarse ahora a celebrar que Ignacio Garriga esté al frente de un grupo parlamentario? ¿Ahora ya no es buena la diversidad 'per se'? ¿No es, de hecho, todavía mayor esta diversidad cuando hay gente de otras razas que piensa de maneras diversas? ¿Por qué no hay fiesta? Nos dirán que es un negro utilizado por racistas, es decir, un tonto, un alienado, como todas las mujeres que se han manifestado contra ciertos puntos del feminismo hegemónico. Habría que preguntarse entonces en qué clase de universo loco votan los racistas a un candidato negro, pero para qué nos vamos a complicar la vida.

Quédense con la idea de fondo. Ser negro, como ser mujer, gay, trans y hasta trabajador precario, no depende de tus atributos, sino que es un privilegio que obtienes en caso de que hayas logrado rellenar bien el resto del formulario. Puesto que no estamos hablando de la realidad, sino de un complicadísimo e intrincado sistema ideológico. Al fin y al cabo, aquí no hemos venido a repartir justicia, sino a repartir carnés.

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