Laura Borràs, disfrazada de Donald Trump
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Juan Soto Ivars

España is not Spain

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Laura Borràs, disfrazada de Donald Trump

La candidata de Junts a la presidencia celebra que usen su cara como escudo contra las pelotas de goma que disparan los Mossos

placeholder Foto: Protestas en Barcelona. (Reuters)
Protestas en Barcelona. (Reuters)

En la línea del célebre 'apreteu' de Torra, se manifestó el martes por la noche su sustituta en el cargo de muñeco accionado por control remoto desde Waterloo, Laura Borràs. Durante los actos vandálicos provocados por el encarcelamiento de Pablo Hasél en varias ciudades de Cataluña, en los que llegó a reventarse una comisaría de los Mossos d'Esquadra en Vic, uno de los vándalos usaba un cartel electoral de Junts como escudo contra las pelotas de goma que diligentemente les iban repartiendo las fuerzas del orden, comandadas por Junts.

Alguien hizo una foto del heroico momento, la subió a Twitter y otro tío etiquetó a la portavoz independentista con las palabras “Laura Borràs sempre nostra”. La interesada, en teoría jefa del partido del 'conseller' Miquel Sàmper, el hombre que manda a los Mossos disparar esas mismas pelotas de goma y a acompañar a Hasél al trullo, pensó que esta no era una oportunidad de oro para callar y respondió: “Sempre #LibertadPabloHasél”.

Violentos altercados en la concentración de protesta por Hasél en Lleida

Voy a repetir esto, en parte para que lo entendáis vosotros y en parte para intentar entenderlo yo: la candidata a la presidencia de Junts, ese partido dirigido desde Bélgica que está todavía hoy al cargo del departamento de Interior de la Generalitat de Cataluña, celebra que usen su cara como escudo contra las pelotas de goma que disparan los Mossos, es decir, que dispara ella misma. Y además dice que está con los vándalos, que han incendiado contenedores y reventado una comisaría de los Mossos en Vic. Ejem. No me hago responsable si has tenido un derrame cerebral leyendo esto. Bienvenido a Cataluña.

En vano busco tuits de Miquel Sàmper condenando la destrucción de la comisaría de SUS Mossos d'Esquadra o los destrozos en varias ciudades, incluido el saqueo de una tienda de Vuitton (tan del gusto de Laura Borràs), pero no encuentro ni una palabrita temblorosa donde pida un poquito de por favor a sus buenos cachorros. El 'conseller' simplemente no existe mientras los jóvenes idealistas destrozan comisarías y vandalizan calles. Existen sus 'mossos'. Y sus pelotas. De goma y las otras.

Foto: Incendio de contenedores tras una concentración en apoyo a Pablo Hasél. (EFE)

¿En qué otro país del mundo el jefe de las fuerzas del orden se mantiene en silencio mientras se produce el caos y el máximo responsable del partido anima a los vándalos? Me suena que hace poco pudimos ver algo parecido en los Estados Unidos, donde el ex 'molt honorable president' Trump ha demostrado además su afición por convertir los juicios contra él en escenarios propicios para el culto a la personalidad. Mesías del populismo nacionalista, los llaman.

Laura Borràs está imputada por corrupción y es posible que pronto necesite a esos idealistas para el espectáculo que suele acompañar al enjuiciamiento y condena de los líderes del 'poble'. Entiendo que hay un cálculo personal, pero dado que Borràs no tuitea sin que Puigdemont deslice sus dedos por la pantalla táctil, hemos de pensar que detrás del apoyo de la señora a los actos destructivos del martes hay una estrategia más amplia.

De entrada, Junts está utilizando la sentencia contra Pablo Hasél como ariete contra la credibilidad de la Justicia española (camarero: lo de siempre), pero además está posicionándose en ese territorio agradable a oídos de la CUP donde 'els carrers son sempre nostres' y por eso tenemos permiso para incendiarlos. A la CUP, está de más recalcarlo, Junts la necesita como agua de mayo. Son los anticapitalistas los que tienen en la mano la llave del próximo Gobierno 'indepe'. Y hacen sonar, muy cucos, el llavero.

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Ya avisé en 2017 de que esto es una república cuántica donde las cosas son y no son al mismo tiempo, el gato está muerto y está vivo, y en todas las misas hay gente repicando. Si la muchachada sale a reventar una comisaría, se les permite mientras se los reprime y al mismo tiempo se les ofrece apoyo moral con un tuit. En esta línea escribió Daniel Gascón un libro estupendo donde etiquetó estas locuras como golpes posmodernos, y el concepto no ha hecho más que ganar vigencia y profundidad a medida que se sucedían los chalados con membrete y los años.

Un amigo vasco me dijo hace tiempo algo que no olvido: la única razón por la que Euskadi no se fue a la mierda como Cataluña es que, después del Plan Ibarretxe, la derecha nacionalista del PNV supo recular y se mantuvo alejada de las manifestaciones radicales y la órbita de Bildu. Todo lo contrario de lo ocurrido en Cataluña, donde la carrera hacia adelante de Artur Mas huyendo del 3% destruyó no solo su partido, sino el terreno político de la moderación donde había crecido y criado a gusto su corrupción.

Junts, el hijo hiperventilado de aquel coito entre la derecha y los antisistema, sabe muy bien que el electorado nacionalista conservador, antaño conocido por el 'seny', ha desaparecido por completo de la faz de la tierra, como demuestran los resultados obtenidos por el PDeCAT. La moderación que vendían los restos del partido de Pujol no le ha interesado a nadie, y Puigdemont lo sabe muy bien. De modo que vamos a tener populismo nacionalista desacomplejado hasta hartarnos en Cataluña. Las urnas les han dado carta blanca, y esa clase de impunidad no te la quita ni una condena judicial, como bien saben en el PP.

PD: Cuando este artículo está enviado, cae la noche y arden contenedores en varias ciudades más del resto de España. Pablo Echenique abre su Twitter y coloca su populismo a la altura del de Borràs. Como ella, alienta a las hordas desde el sillón anejo al gobierno. ¿Terminaremos acostumbrados a que nuestros políticos promuevan disturbios contra el mismo Estado que dicen representar? Y si nos acostumbramos, ¿quién les frenará? Pienso que el reto es precisamente este: resistir a la normalización de la demagogia populista. Mientras esta piromanía nos escandalice, todavía estamos a salvo.

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