Afganistán necesita pensamiento positivo: enviemos a Rafael Santandreu
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Juan Soto Ivars

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Afganistán necesita pensamiento positivo: enviemos a Rafael Santandreu

Unas cuantas conferencias suyas en Kabul y capitales de provincia serían suficientes para que la población afgana aprendiera a vivir bajo el régimen talibán sin que tengamos que estar preocupados

placeholder Foto: Rafael Santandreu con una sonrisa en el rostro.
Rafael Santandreu con una sonrisa en el rostro.

Las noticias sobre la toma de Kabul por parte de los talibanes han provocado una profunda preocupación ('deeply concerned') en todo Occidente. Allí se implanta a toda prisa un régimen reaccionario que produce el espanto y la impotencia del mundo entero. Aparecen los gritos de compasión, las recogidas de firmas para “salvar” a las mujeres y las exigencias en Twitter para que las autoridades hagan algo con los refugiados.

Pero mientras los grandes líderes del mundo libre se reúnen para coordinar acciones necesariamente torpes y declaraciones innecesariamente untuosas, el tiempo corre en contra de la población local. Todos querríamos hacer algo por Afganistán, pero ¿cómo echar un cable en un país lejano cuya población empieza a sentir de nuevo los candados del totalitarismo? ¿Cómo aportar un poco de luz a las vidas de esas mujeres encerradas en burkas, de esos hombres detenidos y torturados por su colaboración con el régimen anterior?

Podemos hacerlo. No es tan difícil. Tenemos en España el arma definitiva. Aquí hemos visto crecer a la figura que da la solución de cualquier problema animándonos a poner un poquito de nuestra parte. Ha dicho que se puede ser feliz incluso en un vertedero y que para deprimirte te lo tienes que currar mucho. Su éxito de ventas avala sin duda la fiabilidad de sus estrategias: me refiero al psicólogo Rafael Santandreu. Dice de sí mismo: “Mis libros son una colección de principios filosóficos que te convencerán de que puedes ser feliz frente a cualquier adversidad. Encontrarás muchos argumentos que, juntos, te llevarán a decir: ¡No hay nada que pueda hacerme infeliz!”. Así que, digo yo, ¿por qué no montarlo en un avión militar y lanzarlo en paracaídas sobre Afganistán?

Tenemos el arma definitiva. Hemos visto crecer a la figura que da la solución de cualquier problema poniendo un poquito de nuestra parte

¡Una bomba atómica de psicología positiva! Pero ¿no estaría en peligro Santandreu? ¿No pasaría horripilantes penurias en Afganistán? Pues no, señora, tranquilícese. Siguiendo con su propia filosofía, es más que dudoso que unas condiciones duras lo doblegaran. “Uno de los principios fundamentales es combatir la 'necesititis', la creencia de que necesitas muchas cosas para estar bien. La verdad es que solo necesitamos el agua y la comida del día”. Han leído bien: agua y comida. Así que con una cantimplora llena y una barra de chóped estaría más que pertrechado para sembrar de felicidad Afganistán.

Pero ¿y si enfermara en su viaje? ¿No sería una lástima que, una vez sobre el terreno, sufriera algún tipo de percance su salud? Ningún problema: “Apegarse a la salud es absurdo. Y te aseguro que podemos ser felices incluso con una enfermedad grave. Tienes el ejemplo de Stephen Hawking y muchos otros. Una vez más, lo que cuenta es lo que te dices a ti mismo: si terribilizas o no terribilizas”. Así que con no “terribilizar” sería suficiente en el caso de que nuestro héroe se viera, por ejemplo, infectado por el cólera o cualquier otra fuente de diarrea.

Pero, más allá de la salud física, ¿acaso no se sentiría por allí muy solo, muy triste, desorientado en un país donde nadie habla su idioma? En absoluto, porque, según dice él mismo, “la bastantidad es el secreto de los más fuertes y felices. La bastantidad consiste en decirse a uno mismo: “Con muy poco tengo bastante”. Pero ¡cuidado!, hay que tener bastantidad no solo de cosas materiales, sino de cosas inmateriales, como tener bastante con la mínima inteligencia, con tener un amigo y basta, alegre de ser tímido, contento aunque no tenga pareja...” [sic].

A una mujer encadenada a la cocina y tapada con un burka, por ejemplo, podría explicarle Santandreu su versión de la historia de Epicteto

Se habrán dado cuenta los lectores más empáticos y humanitarios que escuchar estas palabras les vendría muy bien a los de aquellos lares. A una mujer encadenada a la cocina y tapada con un burka, por ejemplo, podría explicarle Santandreu su versión de la historia de Epicteto, que nació esclavo. “Sus padres ya lo eran y a él lo vendieron al nacer. Su amo, Epafrodito, se lo llevó a Roma. Pese a eso, él fue feliz. Se decía a sí mismo: 'Mientras pueda hacer cosas valiosas por mí y por los demás, yo seré feliz'. Igual que Stephen Hawking. Ahí podemos ver que la clave de la felicidad está en tu diálogo interno. Si todos los días controlas tu diálogo, aprenderás a ser feliz”. Pues eso.

Unas cuantas conferencias suyas en Kabul y capitales de provincia serían suficientes para que la población afgana aprendiera a vivir bajo el régimen talibán sin que nosotros tengamos que estar preocupados por su bienestar. Porque el problema de los afganos no son los talibanes, sino los propios afganos, igual que el problema de los españoles no es la pobreza o la precariedad, sino nuestra mala sombra. La clave para ser feliz es comprender que tú mismo puedes y debes salvarte aplicando principios de psicología canino-conductual, como los recogidos en los libros de nuestra eminencia.

Puede salvar muchas vidas, aclarar cielos nublados y colocar una sonrisa debajo de cada burka, frente a cada barba, en cada corazón

No hay excusas, menos todavía cuando vives en la más absoluta pobreza, porque “la comodidad no da la felicidad y la gente se cree que sí. Fíjate que hay pacientes a los que les recomiendo que cada semana escojan meterse en dos situaciones incómodas como hacer ayuno todo un día o no dormir. Pero a muchos de mis pacientes les va genial: dejan de ser cascarrabias, de deprimirse, de quejarse de todo. Nosotros tenemos endiosado el concepto de 'comodidad' y eso es muy malo. Hay que dejar de darle tanta importancia a la comodidad porque, si no, nos volvemos hipersensibles: no soportamos el ruido, las colas, los fallos y pequeñas adversidades”.

Cuanto más leo a Rafael Santandreu más me convenzo de que es urgente enviarlo a Afganistán a enarbolar su filosofía. Dijo que "también que a Hitler hay que aceptarlo incondicionalmente y lanzarle amor. Estaba muy loco; pero su potencial era maravilloso", así que podrá aplicar esta máxima con los talibanes. Su mera presencia, sonriente y tensa como en aquella entrevista de Andreu Buenafuente, puede salvar muchas vidas, aclarar cielos nublados y colocar una sonrisa debajo de cada burka, frente a cada barba, en cada corazón.

¿Cuánto tiempo debería permanecer? Por interés propio, os diría que mucho, peor creo que tres semanas de 'tour' de nuestro prestigioso psicólogo por Kabul serían más que suficientes. Ahorrarán a la ONU miles de millones en ayuda humanitaria y, además, el problema de los refugiados desaparecerá, porque nadie querrá salir de Afganistán. Quizás ni siquiera él.

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