Desokupa, zorros y gallinas
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Juan Soto Ivars

España is not Spain

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Desokupa, zorros y gallinas

Matinales de televisión han dado un bombo espectacular a Desokupa desde su fundación. Su éxito queda demostrado con la proliferación de competencia

placeholder Foto: Uno de los operativos de Desokupa en Barcelona. (Desokupa)
Uno de los operativos de Desokupa en Barcelona. (Desokupa)

Todos estos hechos están corroborados por la policía, según la información que publicaba este viernes 'El País': Desokupa, la empresa del forzudo Daniel Esteve, alentó una campaña de acoso contra una estudiante de Filología Hispánica de origen marroquí, Luna, que vivía realquilando por 400 euros una habitación. El piso estaba alquilado en primer lugar por una octogenaria, de nombre Carmen, con un contrato de renta antigua de poco más de cien euros que la señora mantenía desde los años cuarenta en el centro de Madrid. La señora Carmen, que está mal de salud, se había ido a vivir en 2019 a otro piso con su hermano.

Cuando la trapacería fue descubierta por la propietaria del piso, esta amenazó a Carmen con rescindir el contrato vía burofax. Carmen respondió negando que realquilara la habitación, aunque según parece ya lo había hecho más veces. En este momento y ante la perspectiva de que se perdiera este contrato privilegiado, la familia recurrió a Desokupa. Querían echar a Luna para arreglar su propia situación con la propietaria de la vivienda, e inventaron la historia que contó 'Cuatro al Día' en un reportaje nauseabundo por el que Mediaset ha pedido disculpas. Dijeron que Luna era la cuidadora marroquí de Carmen y que no la dejaba entrar a su casa tras una visita al hospital. Así que la familia de Carmen habría engañado a Desokupa.

Luna, para empezar, no es ninguna okupa. 'El País' dice que ha tenido acceso a la documentación que lo demuestra: recibos por transacciones de 400 euros y un acuerdo firmado entre Luna y Carmen. Pese a que la policía da credibilidad a Luna, en este momento Esteve ya había aprovechado el revuelo mediático en torno a la "conmovedora historia" para promocionar su empresa, e incluso después de que la policía le aclarase las cosas seguía en sus trece. Además de sus acostumbrados porrazos en la puerta y gritos en el descansillo de Luna, además de amenazas de un hijo de Carmen con denunciarla a extranjería (cuando su situación en España es legal), Esteve ha estado inundando las redes con una campaña en la que llama a Carmen "la abuela de España" y difama a la marroquí.

Foto: Miembros de Desokupa durante un operativo en Barcelona.

Estamos a 3 de septiembre, ha salido el artículo de 'El País' y sus perfiles de redes sociales, normalmente ruidosos y combativos, ya no sueltan prenda sobre "la abuela de España". No sé si esto habrá cambiado cuando se publique este artículo, pero se diría que Daniel Esteve tiene un problema muy gordo entre manos. Después de todo, siempre va con un abogado a "echar a las ratas", como le gusta decir. Sospecho que sabe que esta vez ha metido la pata hasta el corvejón y ha cruzado la difusa línea legal que suele esquivar.

Zorros y gallinas

Matinales de televisión han dado un bombo espectacular a Desokupa desde su fundación. Su éxito queda demostrado con la proliferación de competencia: otras empresas de brutos amenazantes hacen lo propio, y viven de ello. Esto, más allá de consideraciones éticas sobre su actividad, indica que algo va mal en el sistema. No es nada frecuente, pero si unos sinvergüenzas okupan tu segunda residencia o se niegan a seguir pagándote el alquiler, pero no se van del piso, puede que termines contratando a los malos de la película. Pero, claro, esto no alude al problema principal de la vivienda en España. La okupación de segundas residencias o pequeños propietarios es rara, y además es el último eslabón de una cadena larga que empieza en la especulación.

Por historias de pequeños propietarios desesperados a los que la policía y los juzgados no pueden ayudar con rapidez, estos desokupadores han aparecido en los medios como héroes de historias impactantes y sensacionalistas. Por sus métodos abusivos, sus extorsiones y su chulería chabacana, otros medios los han mostrado como malvados villanos fascistoides. Pero, más allá de ese debate, sin duda muy fecundo y entretenido, el foco mediático se acaba desplazando desde el precio de la vivienda, asunto gris y aburrido, problema abrumador, hacia el mucho más animado tema de la okupación. Y se omite que la okupación afecta sobre todo, ejem, a fondos buitre, grandes propietarios y edificios vacíos.

Foto: Radiografía de la okupación en España: segundas viviendas o en construcción, las más afectadas.

¿Quién se beneficia de este miedo a la improbable okupación de tu casa de verano? Sin duda, empresas como Desokupa, y por supuesto los matinales y los vespertinos televisivos necesitados de chicha sensacionalista. Pero también terminan beneficiándose, de rebote, los grandes especuladores, cuando ven distraerse un debate que afecta a la médula de su negocio hacia los flecos sueltos y los detalles. Esta cantinela con la okupación podría hacer creer a un mindundi que paga una hipoteca y tiene un pisito de veraneo en Torrevieja que los problemas de los fondos buitre y los suyos se parecen en algo, cuando no es así. Lo que convierte a Desokupa en un peón para la propaganda con que los zorros inmobiliarios inundan el corral de las gallinas, que somos casi todos.

Mientras la vivienda siga consumiendo porciones tan importantes de los salarios, me temo que habrá okupas, deshaucios y "desokupadores", por no hablar del agobio extenuante de millones de personas honradas a las que no les da la vida para pagar el alquiler. Así podremos seguir discutiendo si los tatuados de cabeza rapada con bates de béisbol son fascistas o unos héroes sin capa, y preguntándonos qué hacer en caso de que unos malvados sinvergüenzas entren en una casa que, la mayor parte de las veces, nunca en la vida vamos a poder pagar. Por el camino, por cierto, gente como Luna sí pagará los platos rotos de esta intromisión lucrativa en las labores de la policía y los jueces.

Después de todo, muchos tipos rudos acaban en estas empresas tras pasar por la seguridad privada y la puerta de las discotecas, y el sentido de la justicia de esa clase de profesional no siempre alcanza cotas aceptables en Estrasburgo, por decirlo suavemente.

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