Entregarte

Si yo quisiera hoy a alguien, así me gustaría entregarme, hasta olvidarme del cuerpo, del tiempo y de las heridas

Foto: El diestro francés Sebastián Castella sufre una voltereta por el segundo de su lote en el vigésimo tercer festejo de la Feria de San Isidro 2018. (EFE)
El diestro francés Sebastián Castella sufre una voltereta por el segundo de su lote en el vigésimo tercer festejo de la Feria de San Isidro 2018. (EFE)

Plaza de toros de las Ventas, miércoles 30 de mayo de 2018

23ª de feria. Lleno de no hay billetes en tarde fresquita, con viento molesto pero también algo de sol al principio y con la inevitable lluvia en el sexto.

Cinco toros de Garcigrande y uno, tercero, de Domingo Hernández, de entre 541 y 599 kilos, aceptablemente presentados aunque desiguales, de muy mal juego en general, peligrosos y con genio. Segundo devuelto y sustituido por un sobrero de Valdefresno de 550 kilos, bonito y con ritmo, pero que se apagó muy pronto.

Enrique Ponce, de corinto y oro. Ovación y fuerte ovación que saluda desde el tercio.

Sebastián Castella, de azul marino y oro. Silencio y dos orejas, consiguiendo una histórica puerta grande.

Jesús Enrique Colombo, que confirmaba alternativa, de azul eléctrico y oro. Silencio y ovación

Si yo quisiera hoy a alguien, así me gustaría entregarme, hasta olvidarme del cuerpo, del tiempo y de las heridas. Si pudiera ser torero, así querría entregarme y renunciar a mi vida. Así querría demostrar que ya no soy lo importante. Que lo que soy no me vale si no se lo doy a nadie. Así le contaría a alguien que mi alma ya es consciente de que su sitio en mi cuerpo está de paso y trasciende. Que quiere salir y darse para tocar otras almas... la de mi amor, la de mis hijos... la de quien tenga delante.

El diestro Enrique Ponce. (EFE)
El diestro Enrique Ponce. (EFE)

Así y de ninguna otra manera demostraría mi empeño en querer alcanzar algo. En mi trabajo, en mi casa, con amigos o en la plaza. Así, como se ha entregado don Sebastián Castella a ese cuarto toro Garcigrande. Porque así conseguiría no dejar dudas ni resquicios. Porque así a quien lo vea, sean mujer o hijos, sea empresa o plaza entera, podría tocarles sus almas y conseguir al instante no solo que me creyeran, sino que vivieran conmigo lo que significa esa entrega. Que la sintieran infinita, completa y sin reservas, como una lección de vida, para enfrentarnos muy juntos a todo lo que nos venga.

Exactamente así lo haría, como lo ha hecho hoy Castella. Así, pase por pase, voltereta a voltereta. Así de tranquilo y serio. Así, sin un aspaviento, como siempre este torero. Que hoy al quedarse tan quieto en todo el centro del ruedo para parar ese toro, salió volando sin freno rumbo claro hacia otro mundo. Pero, milagros del toreo, el destino no era ese y evitando los pitones le condujo de otra suerte a encoger los corazones, algunos especialmente. Voltereta violenta, fuerte, seca y con cornada. Cogida espeluznante cuando, en plena salida, tienen más fuerza los toros, más saña y más puntería. Quedó inerte, yo encogido, tuvo suerte... yo rendido.

El diestro francés Sebastián Castella. (EFE)
El diestro francés Sebastián Castella. (EFE)

Rendido a la determinación, pilar básico de la entrega, de recuperarse del lance, vendarse el pie como pudo y poder seguir andando contra las leyes del mundo. Y aun pudiendo plantar ese pie solamente a duras penas, decidió, a más entrega, echar las rodillas al suelo y entregado hasta la médula torearlo tan despacio que parecía que a medias se iba a quedar el morlaco. El toro miraba y no entendía, pero oliendo tanta paz, tanta renuncia y ofrenda, remataba el muletazo mientras gritaba la audiencia.

Y seguía el abandono de cuidar su propia vida mientras construía una faena que era perfecta en sí misma y que se convirtió en histórica por la consagración de la ofrenda.

Y la ofrenda fue estocada, fue volcarse en los pitones, fue de jugarse la vida, ¿creen que acaso le importaba? Fue de rematar el triunfo, que era lo que merecía. Entregarte... esa entrega que cuando es pura, suele acabar en arte.

El diestro galo Sebastián Castella sale por la puerta grande. (EFE)
El diestro galo Sebastián Castella sale por la puerta grande. (EFE)

Tarde de gloria callada también para el maestro Ponce, que con dos faenas variadas, molestadas por el viento, demostró su magisterio y su excelente momento. En especial con su segundo, que era un toro para despachar y despachó una lección de dominio y buena lidia, de pundonor y de oficio y de vergüenza torera.

Colombo, que confirmaba, entre el frío de ser primero y tras la locura del quinto, solo pudo demostrar que podrá encontrar su sitio. Cuando los toros ayuden, no haya lluvia ni haya viento y desarrolle el oficio, tendremos otro torero alegre y vistoso, variado y comprometido... que hoy no pudo brillar, eclipsado por Castella.

Entregarte... Esa virtud de la entrega que, cuando la haces bien, suele terminar en arte. Me va a durar la emoción de la lección aprendida, que así es como quiero yo continuar con mi vida...

Feria de San Isidro

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