Un tercio de varas

El tercio de varas que destaco ha sido el del sexto toro. No por puro o asombroso sino más bien por canónico y aclamado

Foto: El diestro Javier Jiménez da un pase a su segundo toro. (EFE)
El diestro Javier Jiménez da un pase a su segundo toro. (EFE)

Plaza de toros de Las Ventas, jueves 7 de junio de 2018.

Corrida del desafío ganadero. Más de media plaza en tarde por fin agradable y de buena temperatura, aunque con rachas de viento molestas para los toreros.

Cuatro toros de Pallarés y dos toros de Rehuelga (primero y tercero), todos cárdenos y de entre 480 y 624 kilos. Segundo devuelto y sustituido por un sobrero jabonero precioso de José Luis Marca que finalmente se lidió quinto, malo en la muleta. Algo justos de presentación los de Rehuelga, con pocos kilos, que levantaron algunas protestas, y más serios y cuajados los de Pallarés, en especial el cuarto, un toro muy serio por delante.

Iván Vicente, de rosa salmón y oro con cabos negros. Ovación y silencio.

Javier Cortés, de verde manzana y azabache. Ovación y ovación. Fue atendido tras matar su segundo de un puntazo en la cara interna del muslo derecho, la misma en la que sufrió una cornada hace apenas un mes en esta misma plaza, teniendo que ser trasladado al hospital para un estudio radiológico.

Javier Jiménez, de corinto y oro. Algunas palmas y silencio.

Se guardó un minuto de silencio al final del paseíllo en memoria de Antonio Medina, puntillero casi 40 años de esta plaza, y también hubo aplausos para Javier Cortés por su último triunfo con cornada en esta plaza el pasado 2 de mayo.

Un tercio de varas, y no, no me refiero a alguno de esos destacamentos de la élite militar, de cuando reinaban los Austrias, que hiciera del instrumento que daba longitud a las picas su seña de identidad. De esos que hicieron aguerrido al pueblo español durante siglos a los ojos de los sorprendidos y ocupados italianos o flamencos. No me refiero a esa infantería que por su resistencia en la batalla y su origen profesional constituyeron la clave de la victoria de Pavía, de Sicilia o Lombardía. A aquellos aguerridos soldados que anteponían su honor a su vida y preferían la muerte a la deshonra. A esos orgullosos y disciplinados grupos de piqueros, arcabuceros y mosqueteros que, repartidos en tres partes iguales en los grupos de combate, acabaron por denominarse, cogiendo la parte por el todo, como los tercios de España.

El diestro Iván Vicente da un pase a su segundo toro. (EFE)
El diestro Iván Vicente da un pase a su segundo toro. (EFE)

Tampoco me refiero en esta ocasión, aun teniendo motivos para hacerlo, a ese tercio de los aficionados ubicados en el tendido siete que a fuerza de manifestar de forma cansina sus muletillas sonoras acaban con la paciencia del 99% de esta plaza. Y que han dado y darán la vara como si fueran tercios que perderían su honor en caso de estar contentos.

Reconozcamos no obstante, no duelen prendas en eso, que este jueves no les faltaba razón pitando alguno de los toros, sobre todo los de Rehuelga, que con el peso justito, la flojedad y sus poco destacadas cornamentas, probablemente hayan lidiado los toros más pequeños de la feria. Los de Pallarés, con más kilos y más armados, han parecido enormes al ser comparados, en especial el cuarto y sexto, que lo hubieran parecido de sobra también en solitario.

El tercio de varas que destaco ha sido el del sexto toro. No por puro o asombroso sino más bien por canónico y aclamado. Un toro, el sexto, gordo como un gorrino, con 150 kilos más que alguno de sus hermanos. Chato, choto, ancho y con pecho, no le faltó la che ni en el nombre, que se llamaba Dichoso. Un toro que, queriendo ser visto en un formato de desafío de ganaderías, salvó un poco el bochorno del supuesto desafío y del atribulado ganadero. Se pintaron, reforzando el formato, perpendiculares a las rayas del tercio —zona del ruedo más pegadita a las tablas, no otra cosa—, unas líneas que servían de referencia a las masas sobre a qué distancia se arrancaba hacia el caballo el bóvido sujeto. Supongo que son unas marcas muy útiles si sufres astigmatismo, porque yo que no lo sufro sí que puedo calibrar con qué bravura embiste el toro al caballo y a qué distancia lo hace sin tener que referenciar la escala métrica decimal con tanta rayita de cal.

El diestro Javier Jiménez da un pase a su segundo toro. (EFE)
El diestro Javier Jiménez da un pase a su segundo toro. (EFE)

El caso, volviendo al tercio, es que Jiménez dejó bien largo al caballo al toro en el primer puyazo, tan largo que casi estuvo fuera de la referencia métrica. Y mira por dónde Dichoso mira ceñudo al caballo, mete a fondo sus riñones para movilizar sus 14 quintales, y arranca con ese brío que solo tiene el toro bravo, mientras un gran picador, Agustín Romero a caballo, también moviliza al jaco, templa vara y lanza pica y remata ese momento de fiesta que es comprobar la bravura bien mezclada con la pericia. Fue más 'pericio' Alejandro que Dichoso lo fue bravo, pero se remató el resultado de un soberbio gran puyazo.

Con la alegría de todos, en especial los del tercio mencionado, volvió Jiménez al toro y volvió a ponerlo largo. Sin conocer la distancia de las marcas en la arena, que ya que las han puesto podían haber numerado, yo diría que Dichoso se paró a unos 10 metros. Y volvió Agustín Romero a movilizar caballo y, girando sobre el eje de la montura con peto, inició ese momento que fue el segundo puyazo. Un momento de emoción, porque volvió el toro al caballo, aun no pareciéndome bravo, con tensión y con fijeza y con esos 600 kilos a estrellarse con franqueza. Y de nuevo el buen picador acreditó geometría y cuadró ese triángulo que es la vara, el lomo del toro y toda su anatomía. Y protagonizó con acierto lo que fue el segundo acto.

Con el toro ya sangrado de sobra para ser toreado, el público reclamó un tercer picado encuentro y Javier lo concedió en un exceso de celo por agradar a los que lo pedían que, es cierto, ya no eran solo un tercio. Y se repitió el éxito y se conformó el puyazo y se remató esa suerte ya casi olvidada de ver tres buenos puyazos a un toro, el picador saludando y el público agradeciendo lo que al final resultara un grandioso y memorable tercio, de varas, me estoy refiriendo.

El diestro Javier Cortés sufre una cogida con su segundo toro. (EFE)
El diestro Javier Cortés sufre una cogida con su segundo toro. (EFE)

Gran tarde de Iván Vicente acreditando cualidades, buen gusto y muy mala suerte. Porque de todo eso tuvo a raudales este jueves, sobre todo lo último, si valoramos las reses que le han tocado en mala suerte.

Muy dispuesto y entregado Javier Cortés, que volvía sin recuperarse del todo de la cornada que le dio un toro en mayo en esta misma plaza y también con la mala suerte de la tremenda voltereta que le pegó su segundo y que le ha vuelto a afectar la pierna que aún tenía herida. Incorporado y valiente, liquidó su toro con decoro y marchó a la enfermería, de donde ya no saldría, espero que salga pronto y se le reconozca su hombría.

Un tercio de varas vistoso igual te arregla una tarde... Eso, qué le vamos a hacer, solo lo tienen los toros.

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