Arramblar

Una voluminosa, basta y desproporcionadamente cornalona corrida de Las Ramblas rompió con su defensiva mansedumbre la buena racha que, en el aspecto ganadero, se llevaba disfrutando

Foto: El diestro Juan del Álamo da un pase con la muleta a su primero. (EFE)
El diestro Juan del Álamo da un pase con la muleta a su primero. (EFE)

Plaza de toros de Las Ventas, martes, 4 de junio de 2019.

22ª jornada de feria, casi media plaza en tarde calurosa pero con mucho y muy molesto viento.

Seis toros de Las Ramblas de entre 542 y 610 kilos, altos y muy grandes. Algunos bastos y con tremendos pitones. Muy seria la corrida, que no desarrolló gran poder pero sí mucho peligro sordo. Muy deslucidos y con mal estilo en general, sin humillar y sin permitir ningún tipo de toreo, algo mejores el sexto y sobre todo el segundo hasta que se rajaron. Gran esfuerzo de la terna que tapó muchos defectos de los toros.

Morenito de Aranda, de negro y plata. Silencio y silencio.

Juan del Álamo, de blanco y plata. Ovación y aplausos.

Tomás Campos, de azul marino y oro. Silencio y aplausos.

Intuyo que esta no es la mejor forma de hacerlo: ni puedo presumir de experiencia en lucha armada ni nunca tuve vocación de guerrillero o faccioso. Pero queriendo imaginar que en acciones militares el factor sorpresa es útil, anunciar aquí, por pocos que lo lean, mi voluntad de coordinar un comando de operaciones especiales y de actuación inmediata para salvar la ganadería de Las Ramblas no creo que sea lo más adecuado.

Aun así, no teniendo medios ni más discretos ni eficientes, lanzo el reto de encontrar a lo largo de la crónica las palabras clave para dar con el sitio y con la hora que propongo para el encuentro de voluntarios integrantes del nuevo comando 'alas ramblas'. La primera misión será por supuesto cambiar el nombre, que creo que anunciar por delante el sujeto del ataque tampoco está muy valorado entre estrategas militares. Reconozco poco ingenioso y, aún más, heterodoxo tener que recurrir a romper las reglas del silabeo del castellano para dar semejante mal nombre por intentar disimularlo, pero es que necesitamos ser claros, al menos entre nosotros, sobre cuál es el objetivo de este semioculto llamamiento: juntarnos unos cuantos que pongan por delante de sus riesgos la misión humanitaria de recuperar ese encaste del que bebieron Las Ramblas. Ese encaste de El Torero, de D. Santiago Domecq, que perdido en otras manos y criterios, nos ha echado seis mostrencos sin sentido y cuyo malísimo juego casi nos echa a la mitad del festejo a casi media plaza. La otra media, ni vino.

Ese encaste de Santiago Domecq nos ha echado 6 mostrencos sin sentido y cuyo malísimo juego casi nos echa a la mitad del festejo a casi media plaza

“A las Ramblas hemos de ir porque hace falta, porque hace falta... A las Ramblas hemos de ir con dos cojones y a redimir...”. Bien: con música de sanfermines, ya también tenemos himno, otro de esos elementos de iconografía militar imprescindibles para la autoestima y por lo visto para la consecución de éxitos. Admitiremos otras propuestas en el tercer punto del orden del día de la reunión constituyente del día D y la hora H, que también creo que así es como quedan ellos en los teletipos en clave.

Lo siguiente será decidir en concreto cómo lo hacemos. Cómo podemos conseguir revertir la situación y redimir a los ancestros. Mi primera idea, sujeta a valoración, es colarnos en Las Iniestas (buen nombre para entender los regates que este martes han dado algunos de los morlacos), que es la finca de Las Ramblas, cargar cada uno con un semental y, protegidos por la noche, abandonar en la típica acción relámpago Albacete. Con disimulo de espías a ser posible. Estando biológicamente acreditado el no hermafroditismo del ganado vacuno, la ausencia de sementales me parece una estrategia incontestable a medio plazo. Reconozco discutible la logística operacional, visto el peso de los toros de este martes, ya que no le echo menos de 600 kilos a ninguno de los bovinos reproductores. Tampoco les echo las entendederas necesarias para tener un diálogo que acabara en la conclusión compartida de un abandono voluntario de sus misiones reproductivas. Yo tengo más entendederas y nadie me convencería de no intentarlo a diario si estuviera en sus dehesas.

El diestro Morenito de Aranda estoca a su segundo. (EFE)
El diestro Morenito de Aranda estoca a su segundo. (EFE)

Más sencillo podría ser un buen ataque 'informático'. Informático en términos de campo sería entrar y arramblar con todo: con los cuadernos del ganadero, con los nombres de las vacas, la historia de las reatas, los crotales, con los hierros... Ahí asumiríamos el riesgo de cruces aleatorios sin selección ni criterio. Y siendo poco probable empeorar resultados, las mejoras podrían no darse en unos cuantiosos años.

Así que, pensándolo bien y proponiendo algo sensato, yo creo que la actuación del comando próximamente renombrado debería poder centrarse en convencer al ganadero de que lo que él ve bravo no lo ha sido en absoluto. Lo que él ve con raza solo ha sido desesperante, y lo que él cree, que los toreros se asustan con esos pitones, en realidad es lo contrario, que es la bravura, la fuerza y la movilidad lo que sí da miedo.

Y digo esto al escuchar la valoración de lo que ha visto D. Daniel Martinez, propietario de Las Ramblas, y le he escuchado declarar a un compañero en el burladero de al lado.

El diestro Tomás Campos da un pase con el capote a su primero. (EFE)
El diestro Tomás Campos da un pase con el capote a su primero. (EFE)

Porque, ahora hablando en serio, ser ganadero es difícil, es un oficio de afición y ganar poco dinero, es algo que yo valoro porque es la esencia del toreo: criar ese semidiós para morir en el ruedo. Pero a la vez me da pena que el buen fondo de esa casa se pierda en la obsesión de criar unas bestias pardas de tamaño descomunal y de fondo poco serio. Porque un toro serio no tiene que ser tan grande ni un toro bravo, tan poco bueno.

Juntaría por las buenas, sin recurrir al comando, a D. Daniel con Morenito de Aranda, con Juan y también con Tomás, y que se dejara explicar qué es lo que se siente delante de sus criados, de los toros, me refiero. Estoy seguro de que dirían que más frustración que miedo, más impotencia que dudas y más una sensación de riesgo por no poder ser valorados que por ser heridos en el intento de demostrarlo.

Enormes este martes los tres toreros sin poder destacar casi nada. Oficio de Morenito, ganas de Juan del Álamo y las muy buenas maneras de Tomás Campos, que a nada que le embista un toro va a dejar bien claro las formas bellas y clásicas que atesora en su concepto. Este martes, además demostró su valor dejándose coger dos veces y como para querer demostrar que podría ser de los primeros en la misión de arramblar caso de no convencer a D. Daniel de su cambio de criterio.

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