Treintaytantas

Se acabó san Isidro a más de mitad de junio. Se quedaron para siempre, bien guardadas en la mente y en esa piel de gallina que ponen algunas suertes, las cinco salidas a hombros y las 22 orejas

Foto: El diestro David Fandila 'el Fandi', con su primero en la tradicional Corrida de la Prensa, último festejo de la Feria de San Isidro. (EFE)
El diestro David Fandila 'el Fandi', con su primero en la tradicional Corrida de la Prensa, último festejo de la Feria de San Isidro. (EFE)

Plaza de toros de las Ventas, domingo 16 de junio de 2019.

34ª y última jornada de feria. Corrida de la Prensa.

Lleno de no hay billetes en tarde agradable pero con viento que molestó a los toreros.

Seis toros de Santiago Domecq de entre 538 y 602 kilos, de buena presentación en general, variados de pelaje, menos en tipo primero y tercero, más altos que el resto. De juego variado en general, fueron prontos y se movieron en los tres tercios. Les faltó algo más de clase en la muleta. El sexto, un gran toro, lo dio todo en los dos primeros tercios y se apagó un poco en la muleta.

El Fandi, de nazareno y oro, silencio, silencio y ovación en el que mató por Pablo Aguado.

Lopez Simón, de azul marino y oro, silencio y silencio.

Pablo Aguado, de grana y oro, ovación tras dos avisos, resultó herido al entrar a matar y pasó por su propio pie a la enfermería para ser atendido de una cornada en tercio superior de la cara anterior del muslo derecho con dos trayectorias de 10 y 15 centímetros afectando músculo recto anterior. No pudo continuar la lidia.

Se llevó la ovación de la tarde el picador Manuel José Bernal, por el tercio de varas que protagonizó en el sexto toro.

Treintaytantas. Treinta y cuatro, para ser concreto, tardes seguidas de toros. Mes y pico de corridas vespertinas y seguidas que nos han dejado de todo. Y del todo también me temo, que vuelve ya la rutina de ir solo los domingos a saludar a muy pocos y la mayoría chinos. Nos ha dejado esta feria como dejan casi todas, que cada uno la cuenta según la haya sufrido: satisfechos o empachados, contentos o cabreados, felices con su torero o disgustados con todo. Buenos toros muchos días, heridos más de la cuenta, mucho público, embestidas y puertas grandes importantes, cinco en total de matadores de toros más tres de rejoneadores, harán de estas treintaytantas un destacado capítulo de la historia de esta feria, la más importante del mundo.

Hoy, sin ir más lejos, corrida tradicional de la Prensa, ha sido una buena muestra de la variedad de esta fiesta. Buenos lances de capote, un gran tercio de varas, un nuevo torero herido, grandísimos muletazos y los típicos aburridos muy enfadados con todo, y esos, a pesar de tanto ruido, no son más de 'treintaytontos'.

Los otros 25.000 disfrutamos de los tres tercios de banderillas de poderío de El Fandi, temple hasta el infinito en la muleta de Aguado, aplomo y mucha verdad en los cites de Simón. Una buena tarde de toros que tuvo un gran colofón con el juego del sexto, que levantó a la afición de sus incómodos asientos para celebrar la bravura que derrochó en tres puyazos y que aguantó hasta un cuarto gran par de banderillas que consolidó al Fandi como torero y atleta de medalla olímpica.

Se consolidó también Pablo Aguado como torero artista en su versión de valiente, y de estoico especialmente, que con dos cornadas profundas decidió esperar a que doblara su toro para ir andando a que le cosieran por dentro.

El diestro Pablo Aguado, en su faena con la muleta durante la Feria de San Isidro. (EFE)
El diestro Pablo Aguado, en su faena con la muleta durante la Feria de San Isidro. (EFE)

Ha sido un largo San Isidro con casi 50 toreros, con treintaytantas ganaderías, 39, creo, en concreto. Más de 700.000 personas se han acercado a las Ventas no a ver sufrir animales sino a disfrutar de una herencia que la cultura y el arte mantendrán por muchas décadas.

Se acabó san Isidro a más de mitad de junio. Se quedaron para siempre, bien guardadas en la mente y en esa piel de gallina que ponen algunas suertes, las cinco salidas a hombros y las 22 orejas. Y también por desgracia los percances, que fueron una docena. Algunos de ellos muy graves que, sin el equipo médico y los medios con los que cuenta esta plaza, podrían haber sido de aún peores consecuencias. Y luego todos los sustos y dramáticas volteretas que no acabaron en sangre y que demuestran que la gente que se pone delante no son personas, son héroes.

Muy buena feria, con la que los empresarios podrán seguir innovando vista la respuesta del público, el buen balance generalizado y la cantidad de orejas.

Se acaba una feria pero no terminan los toros... Anímense alguna tarde a acercarse por las Ventas o por cualquier otro festejo a disfrutar de un espectáculo que aun conteniendo la muerte es puro homenaje a la vida.

Que esto, aunque algunos lo intentemos, no te lo pueden contar... Que el toreo no se lee, no es para que te lo cuenten, es para poder sentirlo y emocionarte al vivirlo y así poderlo contar... Que es mucho mejor, lo aseguro, a que alguien te lo cuente.

Feria de San Isidro
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