Spotify se desangra y demuestra cuál es el cáncer de la música: las discográficas

De cada euro que Spotify ingresa, 84 céntimos se esfuman al instante como pago a las discográficas. Así es imposible montar un negocio rentable

Foto: Thom Yorke, cantante de Radiohead, uno de los artistas más críticos de Spotify. (Foto: Reuters)
Thom Yorke, cantante de Radiohead, uno de los artistas más críticos de Spotify. (Foto: Reuters)

La próxima vez que oigas a las discográficas quejarse de la piratería y soltar eso de que las alternativas legales como Spotify son la salvación, recuerda este dato: 173 millones de euros. Son las pérdidas que el servicio de 'streaming' registró en 2015. La compañía sueca ingresó también una cifra récord, casi 2.000 millones de euros. Pero los números no cuadran, sigue perdiendo una millonada diez años después de su fundación. ¿Por qué? Por el 'impuesto revolucionario' que las discográficas siguen cobrando a Spotify en concepto de "derechos y costes de distribución".

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Un vistazo rápido a los últimos resultados financieros de Spotify puede llevar a una conclusión demasiado optimista: buenas noticias, los ingresos crecen más rápido que las pérdidas. Y es cierto. Sus ingresos crecieron un 80% entre 2014 y 2015, mientras que las pérdidas solo aumentaron un 6%. Pero es otro dato el que revela el verdadero problema al que se lleva enfrentando (sin éxito) Spotify durante toda una década: tuvo que pagar la friolera de 1.600 millones de euros a la industria musical (discográficas, aunque también entidades de gestión) por derechos de autor y costes de distribución.

El coste por el pago de derechos ha crecido mucho más rápido que el aumento en ingresos. Es ahí donde reside el auténtico problema

Dicho de otra forma: de cada euro que Spotify ingresa, 84 céntimos se esfuman al instante principalmente como pago por 'royalties'. Esto supone un 85% de incremento respecto a lo que pagó en 2014 (que a su vez fue bastante más de lo que pagó en 2013). Es decir, el coste de esta partida, clave para el futuro del 'streaming', ha crecido más rápido que el aumento de los ingresos. Y es ahí donde reside el auténtico problema: las discográficas tienen cogido por el cuello a Spotify y aprietan lo justo, ni ahogan ni dejan respirar hondo.

Estamos en el 2016 y estas compañías, desgraciadamente, siguen con la sartén por el mango, la del contenido, la de la música. Han sido astutas: han dado el salto al mundo digital primero de la mano de 'startups' como Spotify, Pandora o Dezzer y luego de gigantes como Google o Apple, pero a la vez han obligado a todo el sector a pasar por el aro. A pagar desorbitadas cifras por derechos de autor, su forma de seguir ordeñando y controlando el sector.

(Foto: Reuters)
(Foto: Reuters)

Google y Apple se lo pueden permitir, tienen los bolsillos llenos, pero Spotify no deja de ser una eterna 'startup' cuyas pérdidas no dejan de aumentar. Y se encuentra en la peor situación posible: es el servicio de 'streaming' de música más popular, con 90 millones de usuarios activos totales (30 millones de pago). Las discográficas, por tanto, no van a aflojar la presión, van a querer cobrar más y más por cada reproducción. Y todo a costa de Spotify y de los artistas.

Cifras clave de Spotify (millones €)

 201320142015
Ingresos7461.0811.945
'Royalties' a discográficas6028821.633
Pérdidas55162173

Los cálculos sobre cuánto se lleva una discográfica y un artista por cada reproducción en plataformas de 'streaming' son innumerables a estas alturas. Según la propia Spotify, esta paga en total un promedio de 0,0072 dólares (a repartir) por canción reproducida. Algunas de las fuentes más fiables señalan que, en promedio, los artistas se llevan solo un 18% de esa cantidad, es decir, 0,0012 dólares. No hace falta saber estadística para darse cuenta de que es un negocio ruinoso tanto para unos como para otros. Solo Sony BMG, Universal Music, Warner Music y EMI (todas, por cierto, accionistas de Spotify) salen ganando.

A los suecos les quedan pocas opciones. Hasta sus inversores se han puesto nerviosos y la compañía tuvo que recurrir en marzo a conseguir 1.000 millones extra de financiación mediante deuda convertible (bonos que se pueden transformar en acciones), en lugar de dinero contante y sonante. Y todo ello a las puertas de una supuesta salida a Bolsa, que valoraría la empresa en algo más de 8.500 millones de dólares. La duda es si llegará viva a ese momento o morirá (¿comprada? ¿en quiebra?) por el camino. Queda en manos de su peor enemigo: las discográficas.

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