Dos semanas con Fitbit Flex, la pulsera que monitoriza la actividad física

Las herramientas de monitorización de la salud ya están presentes, y son una de las tendencias más claras del mercado. Hoy analizamos Fitbit Flex

Foto: Dos semanas con Fitbit Flex, la pulsera que monitoriza la actividad física

A estas alturas, hay que salir de una burbuja para no haber escuchado hablar de los weareables, o tecnología vestible, la materia que ha acaparado el reciente CES de Las Vegas. En principio pensamos que eran sólo relojes, pero los fabricantes ven margen también en anillos, ropa inteligente y pulseras. Precisamente lo que nos acontece hoy es el análisis de Fitbit Flex, un gadget de muñeca que sirve para monitorizar la actividad física y la calidad del sueño.

De modo que la primera cuestión que cabe plantearse es: ¿realmente le importa cuánto se mueve cada día? Asumiendo que interesa tanto como para gastar 92 euros en ella, vamos a comprobar si lo que promete Fitbit, que está arrasando en Estados Unidos, se cumple con Flex.

Fitbit Flex

Envase y presentación

El pack incluye el gadget, dos pulseras de distintos tamaños, un receptor Bluetooth 4.0 para ordenador y un cable USB para recargarlo. Sorprende que no venga acompañado de ningún tipo de software, ya que funciona íntegramente vía web. Lo único que se necesita es hacerse un usuario en Fitbit.com y registrar el número de serie para comenzar a utilizarla. Tampoco incluye un manual de instrucciones al uso, sino un diagrama que remite a la página web.

Fitbit Flex se vale de la simplicidad como caballo de batalla. Esto, que es una ventaja en la mayoría de aspectos, puede desilusionar en la toma de contacto, ofreciendo la sensación de que se han gastado 90 euros en unos trozos de plástico minúsculos y aparentemente poco tecnológicos. En realidad, el envase está adelantando la filosofía del producto: eficiencia sin excesos que encarezcan el dispositivo. Y no se equivoque, que dentro del Flex hay un procesador, un dispositivo Bluetooth, un vibrador y un acelerómetro MEMS de tres ejes.

Diseño

La joya de la corona. En realidad, todo el misterio del producto reside en una cápsula no mayor que una judía. Consta de cinco puntos LED y la conexión para recargarla, además de estar perfectamente aislada contra el agua y otras inclemencias. Esta cápsula se inserta en la pulsera, que se presenta en siete colores distintos (negro, pizarra, mandarina, turquesa, azul marino, rosa y pistacho), todos con un elegante acabado mate. Sólo se pueden elegir los modelos negro, pizarra y rosa, mientras que los demás se venden como complementos por 30 dólares, aunque no parece ser posible comprarlos en España.

Como decíamos, Fitbit Felx es, ante todo, un gadget pulcro. Ni un adorno o forma caprichosa que pudiera dejarlo fuera de la moda en el futuro. Los que lleven pulseras lisas verán que no destaca en absoluto. El peso también es un punto fuerte: 11 gramos.

Funciones

La cápsula de monitorización se articula con cinco pequeñas luces led. Su aprovechamiento es óptimo: no sólo sirve para contabilizar nuestros pasos y el nivel de actividad, sino que ejerce como control del dispositivo. Flex propone un reto diario medido en pasos o distancia-recorrido. Así, dándole dos toquecitos, el Flex muestra la actividad de la jornada por medio de lucecitas. Cada led equivale al 20% del objetivo, de modo que dos luces son el 40%, tres el 60% y cinco indica que ha superado la expectativa. 

Si se golpea varias veces, la pulsera entra en modo sueño. Se trata de una contabilización inversa: registra la falta de movimiento como horas de sueño y las pequeñas sacudidas como "sueño inquieto". Por último, puede configurarse en modo vibración para que nos despierte por las mañanas, en lo que es, sin duda, un valor añadido de gran interés si se comparte cama pero no horarios.

Facilidad de uso

Basta con insertar la cápsula en la pulsera, descargar el programa y enchufar el receptor Bluetooth a un puerto USB del ordenador para empezar a utilizarla. Al situarse el Flex cerca al ordenador, actualiza automáticamente la información. Existe también la posibilidad de sincronizarlo directamente con la app para smartphones y tabletas, si bien en estos momentos sólo puede hacerse con un puñado de dispositivos.

Llegamos al software. Los datos se recogen en forma de tablas y gráficas de barras, haciendo sencilla la comprensión de los días de más actividad y las tendencias. En un solo pantallazo podemos ver la actividad del último mes, los pasos recorridos hoy, el número de calorías consumidas, la distancia, los minutos de alta actividad (ejercicio), el tiempo de sueño e incluso los vasos de agua consumidos (este dato, como el control de los alimentos, se ha de proveer de modo manual). 

En cualquier caso, son estadísticas poco ambiciosas. Si se desea de un sistema algo más complejo, está la modalidad premium, que incluye comparaciones con otros usuarios, un entrenador personal y programas personalizados de pérdida de peso por 45 euros anuales.

Batería

El quid. La duración de la batería es lo que decantó mi decisión de compra hacia Fitbit, en detrimento de otras alternativas como la FuelBand de Nike. Flex ofrece hasta cinco días sin cargarla y hemos comprobado que incluso se puede estirar un sexto. El dispositivo de Nike se queda en los tres días, seguramente en contraprestación a la pantalla led que monta, capaz de mostrar avisos y la hora. Como en tantas otras ocasiones, nos encontramos ante el dilema 'espectáculo versus batería'.

Conclusiones

Modelo económico. Fitbit Flex es el modelo más barato del mercado. Sus 92 euros marcan una distancia con los 128 que cuesta la Jawbone Up y suponen menos de la mitad de lo que se paga por la FuelBand (244 euros).  

Poco espectacular. Flex es un monitor. Ejerce como testigo de la actividad física y transmite los datos al ordenador o smartphone. Esto es, como gadget que hace cosas no tiene valor; por sí solo, apenas sirve para orientarnos sobre cómo ha ido el día. Si lo que busca es sorprender a los amigos con nuevas prestaciones en la muñeca, Flex no es adecuado.

Excelente concepción. Una vez puesta, es difícil recordar su existencia. Es plana, agradable al tacto y sale indemne de la ducha y la piscina. Tampoco parece fácil de destruir de forma accidental. Por ejemplo, los aficionados al running encontrarán en ella un poderoso aliado que les permitirá, de una vez por todas, dejar el móvil en casa. La pulsera puede funcionar con distintas aplicaciones de terceros.

Acicate físico. Ver los resultados motiva para batirlos. Es una herramienta óptima para medir el rendimiento y motivarse a superarlo día a día. En una sociedad tan sedentaria como la actual, esta información puede terminar por salvarle del infarto a alguno.

Percepción del sueño. Quizá el movimiento no es una forma correcta de cuantificar la calidad del sueño. Unas personas se mueven más que otras, y no significa necesariamente que están descansando inquietas. Además, para apagar la alarma se necesitan cinco toques rápidos, lo que supone demasiada coordinación para los primeros segundos de la jornada.

Configuración remota. Es un dispositivo dependiente, ya que la pulsera no puede configurarse desde la muñeca. Las alarmas o la cantidad de pasos objetivo han de modificarse desde el PC o el móvil, aunque en este último caso se ha de disponer de uno de los escasos modelos compatibles. 

Pionera. En el mercado hay cuatro o cinco modelos similares a Fitbit Flex. Significa que son dispositivos pioneros, seguramente lejos de la perfección, que se irá logrando según su éxito y el desfile de sistemas. En el próximo Mobile World Congress se esperan apuestas para la muñeca de los principales fabricantes, de modo que quizá esperar es lo correcto.

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