lA DIFÍCIL SITUACIÓN DE MARIO GARCÍA MONTEALEGRE

"Más vale que se cambie de nombre, porque de esta no se libra"

No irá a la cárcel ni pagará una multa exorbitante, pero el joven talaverano que agredió a una mujer en Barcelona ha condenado su nombre en internet, quizá para siempre

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Mario García Montealegre tiene un problema. Es, como saben, el joven que golpeó a una mujer en la Diagonal barcelonesa hace unos días. El Confidencial trató de preservar su intimidad en primera instancia, pero internet no ha tenido compasión: su nombre y dos apellidos están expuestos para siempre al escrutinio público. Tanto es así que, al introducir su nombre, Google devuelve 420.000 resultados. Más allá de lo que dictamine el juez, el talaverano ya tiene su escarmiento. Y es terrible.

"Más vale que se cambie de nombre, o que cambie el orden de sus apellidos, porque de esta no se libra", explica Alejandro Domínguez, experto en reputación online y Digital Director en Apple Tree Communications. "Si sólo le hubieran identificado como Mario García no habría tanto problema, pero es que su nombre completo figura hasta en los titulares, y por lo tanto en la URL, de varios grandes medios, que tienen autoridad de búsqueda y están respaldados por millones de lectores diarios", prosigue. 

Existen empresas especializadas en mejorar la reputación de una persona, empresa o institución. Su modus operandi, en líneas generales, se basa en generar contenido positivo de sus clientes, de modo que estos resultados terminen por sepultar su mala publicidad en Google. Naturalmente, cuanto mayor es el problema, mayores son los emolumentos a pagar, tanto en dinero como en tiempo.

En otros casos, como el de Mario, ni siquiera el dinero puede ayudarle: "El impacto que ha tenido su vídeo es tremendo. Tremendo. La gente que recurre a estos servicios suele tener uno o dos contenidos negativos. Una pella con Hacienda, una derrota judicial... y además tiene una actividad comercial que se puede vender. Este tiene 400.000 impactos negativos y un vídeo indecente. ¿Qué vas a contar positivo de este chico? ¿A qué se dedicanbsp;¡Si da una entrevista, es para hablar de la patada sí o sí!", explica Domínguez.

Un error añadido

García Montealegre cometió, además, otro error: borrar sus perfiles en redes sociales. Una maniobra para dificultar su identificación que ahora juega en su contra. Tras conocerse la noticia sus perfiles se habrían disparado en tráfico, consiguiendo que sus cuentas de Twitter o Facebook se aupasen a las primeras posiciones de los buscadores. Era la tribuna perfecta para expresar una sentida disculpa pública. Al eliminar las redes sociales fulminó con ellas su posibilidad de réplica; solo su padre, sin llegar a disculparle, ha dado la cara por la estupidez de Mario.

¿Qué puede hacer ahora?, le preguntamos al experto. "Yo me cambiaría el orden de los apellidos, saldría de Talavera y trataría de empezar de nuevo. No utilizaría ese nombre ni para las tarjetas de visita, porque te va a costar el puesto de trabajo, si lo tienes, o la candidatura, si no. Ninguna agencia seria va a aceptar trabajar por tu reputación. ¿Imaginas un titular tipo "Llorente y Cuenca (por ejemplo) ayuda al agresor de Barcelona"? Ni en broma, nadie se va a arriesgar a eso. Este chico se ha metido en un lío que ni se imagina", concluye.

El derecho al olvido tampoco le asiste. "No puede pedir que se borren las noticias porque ha cometido un delito. Se habla de falta por vejaciones pero veremos en qué queda porque, al final, la diferencia entre el delito y la falta radica en lo que tarde la víctima en recuperarse", explica Borja Adsuara, abogado especialista en nuevas tecnologías. "Si gana el juicio podrá acogerse al derecho al olvido e incluso adoptar medidas legales por difamación, pero no parece el caso: se le ve la cara y le han identificado, estos casos suelen acabar de la misma forma".

Linchamientos

Quizá García Montealegre no merezca semejante castigo. No me malinterpreten: de buena gana aplicaría esa misma patada sobre la dentición del muchacho, si bien quedar señalado para siempre en internet le puede cerrar muchas puertas en el futuro. No obstante, al menos tiene culpa. Otros, como el bloguero Isaac Jiménez, fueron arrojados a los leones por expresar una opinión basada en datos objetivos. En su caso, el detonante fue este tuit:

La tuitera Barbijaputa, con 164.000 seguidores, catapultó el mensaje -no muy compasivo con los enfermos, para qué negarlo- a su masa social con el objeto de que Jiménez fuese apaleado públicamente. Y lo consiguió. "De repente comencé a recibir unas 3.000 menciones por minuto, la mayoría con insultos y amenazas. Algunos incluso me amenazaron de muerte, de modo que me vi obligado a borrar mi cuenta de FourSquare y cualquier dato de geolocalización, porque querían encontrar mi casa", lamenta Jiménez a Teknautas.

"De las más de 50.000 interacciones que recibí esos días, apenas tres se ofrecieron a debatir, lo demás eran insultos. Incluso salí en Buenafuente. Fíjate que de aquello han pasado dos meses y todavía sigo recibiendo amenazas", concluye. 

Internet no solo lincha, sino que tampoco olvida. Toda una carrera se va por el sumidero en unos minutos

Más reciente aún es el caso de la actriz Anna Allen quien, tras quince años de carrera, se ha convertido en la burla oficial de las redes sociales. De entre las 146.000 noticias que Google ofrece al buscar su nombre, menos del 1% hacen referencia a su trabajo. "Mentirosa", "inventora", "falsa", "perturbada" e incluso "pequeña Nicolasa" le llaman, olvidando que durante siete años formó parte de Cuéntame, la serie española más exitosa de todos los tiempos. Quizá a Allen la mala publicidad le sirva para encontrar trabajo, porque así es como funciona el mundo del espectáculo, pero difícilmente volverá a ser considerada una actriz relevante.

No es una actitud nacional, sino un fenómeno global. En este artículo de The New York Times se citan un puñado de ejemplos que ilustran una verdad descarnada: internet no solo lincha, sino que tampoco olvida. "Como digo siempre, menos mal que cuando hicimos nuestras tonterías de juventud no había redes sociales", dice Adsuara entre la risa y el alivio.

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