Y Zapata pagó el pato viral
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Alfredo Pascual

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Y Zapata pagó el pato viral

Las bromas del pasado matan, sobre todo cuando quedan por escrito en un formato fácilmente viralizable

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Entre el nuevo equipo de concejales del ayuntamiento de Madrid hay una chica que irrumpió semidesnuda en la capilla de la Complutense cagándose en dios, ytambién un muchacho que ha puesto a las discográficas panza arriba a base de crear herramientas para descargar música sin licencia. Y más que habrá, porque la mayor partede Ahora Madrid no tenían pensado dedicarse a la política.

Tampoco nos volvamos locos, porque a la señora más votada a la alcaldía, esta sí profesional de la vida pública,le llega la Púnica al cuello y estuvo a punto de llevarse a un policía por delante en un hit and run histórico que en cualquier otro paíslehubiera mandado a casita con sus nietos.

Todos sabemos que Guillermo Zapata no es antisemita ni celebra asesinatos y atentados, su problemaes más de forma. Su gran error no ha sidoponernegro sobre blanco bromitas mil veces escuchadas,sino en hacerlo en prácticas tarjetitas firmadas, idóneas para su viralización fuera de contexto. Clic, clic, clic. Cada vez que se comparte crece la estupefacción, y al final la bromita -espoleada internacionalmente por la embajada israelí, faltaría más-es más grave que embestir y escapar de las fuerzas del orden.

Es un escándalo que se propaga. Si Zapata hubiera bromeado en un vídeo, o incluso en un fanzine libertario, su cabeza seguiría hoy pegada al cuello. Pero lo hizo en varios tuits,a la postrecheques del escarnio, y ante suevidencia poco importa que se expidieran en 2011 bajo unas circunstancias más o menos razonables.

Carmena se equivoca aceptando la dimisión de Zapata. Ha creado un precedente siniestropor el que podría despeñarse Pablo Soto mañana mismo. Seguirán pinchándole por ahí, visto que duele. Me imagino a los concejales revisando sus timelines, valorando si eso que escribieron borrachosen 2008 le va a costar la carrera, en lugar de trabajar por la ciudad. Ridículo.

Sí, los que utilizamoslas redes sociales a veces decimostonterías, ¿y qué?Los que no las dicen, los que venden pulcritud pública, son también los responsables de que este país sea un pozo de corrupción institucional.

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