Breve (y alternativa) historia del 'selfie'
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José A. Pérez

No me creas

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Breve (y alternativa) historia del 'selfie'

Tras la aparición de los 'smartphones', todo el mundo empezó a llevar una cámara encima. El problema es que la realidad no ofrece tantos momentos mágicos

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La fotografía nació en plano general. No había otra opción. En realidad, las exposiciones eran tan largas que el fotógrafo tenía que plantar la cámara durante un día entero. De ahí que las primeras fotos de la historia muestren paisajes desolados, calles vacías a pleno sol.

La técnica mejoró muy pronto. Las exposiciones se redujeron enormemente y los fotógrafos pudieron retratar personas, tal y como los pintores llevaban siglos haciendo. Personas, eso sí, que debían permanecer inmóviles durante larguísimas sesiones. Lo que no podían evitar era el parpadeo, claro, así que todos los retratados en aquella época aparecen con ojos medio fantasmales, medio velados, cerrados y abiertos al mismo tiempo.

La siguiente conquista fue el movimiento. Tan pronto como las exposiciones rompieron la barrera del segundo, los fotógrafos se lanzaron a la calle. Retrataron a bailarinas, a obreros y a deportistas. Se registraba, por primera vez, una risa, un bostezo, un estornudo.

Luego llegaría la instantánea, el color y los píxeles. Pero la revolución más radical se produciría cuando ya nadie la esperaba. Fue a principios del siglo XXI, cuando la fotografía era ya un arte viejo y medio muerto. La revolución tecnológica hizo posible, por un costo asombrosamente bajo, introducir lentes y sensores en aparatos no destinados a la toma de imágenes. Como los teléfonos.

Una segunda juventud de la fotografía

De la noche a la mañana, todo el mundo empezó a llevar una potente cámara en su bolsillo. El problema, por supuesto, es que la realidad no ofrece tantos momentos merecedores de inmortalidad como uno podría pensar. Lo cierto es que no ofrece casi ninguno.

El problema es que la realidad no ofrece tantos momentos merecedores de inmortalidad como uno podría pensar. Lo cierto es que no ofrece casi ninguno. Por eso nació el 'selfie'

De modo que la gente empezó a fotografiarse a sí misma. Yo tomando una cerveza. Yo en el aeropuerto. Mi perro y yo. Yo con los amigos. Porque el objetivo ya no era la captura de la imagen, sino su exhibición inmediata y sin fronteras. A ese fenómeno, mezcla de evolución tecnológica, egocentrismo y aburrimiento extremo se llamó selfie y alcanzó su apogeo en el año 2013 porque la prensa mundial así lo quiso.

Pero, como las modas nacen y muere en intervalos cada vez más breves, el selfie se agotó al poco de nacer. Y en esas estamos ahora. Huérfanos de tendencia fotográfica. En busca de la nueva revolución que nos entretenga un par de meses o de semanas o ni eso.

Del antropocentrismo fotográfico al miembrocentrismo

De los grandes y desolados planos  generales del origen de la fotografía se pasó a los retratos y, de ahí, a los selfies. La tendencia, por tanto, es obvia. Con el paso de los años, el encuadre ha ido centrándose en el hombre al tiempo que abarca cada vez menos espacio. Las fotografías han ido reflejando una porción cada vez menor del mundo.

Si esta tendencia se mantiene (y no hay razón para pensar lo contrario), parece lógico suponer que la próxima moda de la fotografía consistirá en planos extremadamente cerrados de la anatomía humana. Detalles de un ojo, de la yema de un dedo o de la punta de la nariz. Del antropocentrismo fotográfico pasaremos al miembrocentrismo.

Nacerán redes sociales donde colgar las instantáneas de los poros cutáneos, de las células muertas. Le daremos al Like it y comentaremos qué globo ocular más guapo, ¿lo has filtrado o es así?

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