Olviden ordenadamente
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José A. Pérez

No me creas

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Olviden ordenadamente

Esto que voy a decir quizá suponga una innovación en el mundo de las columnas, pero la verdad es que no tengo una opinión sobre el 'derecho al olvido'

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El Tribunal de Justicia de la UE ha decidido que los europeos tenemos derecho a ser olvidados por Google. Incluso los sudeuropeos. Desafiando a la tendencia en boga de derechos menguantes, surge así uno nuevo e inesperado: el derecho a que no le indexen a uno.

Opiniones al respecto las hay para todos los gustos, desde quienes aplauden que una multa de tráfico no te persiga toda la vida hasta los que consideran que hay formas mejores para desaparecer contenido de la red.

Esto que voy a decir quizá suponga una innovación en el mundo de las columnas, pero la verdad es que no tengo una opinión al respecto. O, mejor dicho, tengo las dos. Fluctúo entre ellas. A veces este derecho al olvido me parece de lo más lógico y otras me parece un estupendo punto de partida para acabar con la libertad en la red.

De modo que les remito a quienes saben de estas cosas, que son los de siempre, no sin antes contarles una anécdota real, ilustrativa de lo que nos ocupa.

Un caso práctico

Conozco yo a una persona, hermano de un amigo, a quien esto del derecho al olvido le habrá traído, sin duda, algún mal recuerdo. El tipo en cuestión fue un notable deportista, de esos cuyo nombre no suena a casi nadie porque, a pesar de haber sido campeón de España en lo suyo, lo suyo es un deporte minoritario por estos lares.

La única vez que llegó a las portadas de los diarios fue cuando la Guardia Civil se le plantó en la puerta de casa para decirle manos arriba, queda usted arrestado. Se le acusó de colaboración con banda armada.

A veces este derecho al olvido me parece de lo más lógico y otras me parece un estupendo punto de partida para acabar con la libertad en la red

¿El motivo? En su pueblo se habían puesto a la venta unas papeletas para una rifa cuyos beneficios irían a una asociación de familiares de presos de ETA. El deportista cometió el error, si a usted se lo parece, de poner un banner con la rifa en su blog, y alguien pensó que aquello era motivo más que suficiente para aparecer en su casa con metralletas y someterle a un interrogatorio.

Fue puesto en libertad al día siguiente de su detención, sin ningún cargo y sin ninguna disculpa.

Hoy el deportista ya no es deportista sino otra cosa mucho más mundana, pero, si uno teclea su nombre en Google, siguen apareciendo sus falsas vinculaciones con ETA en decenas de resultados, todos muy bien posicionados.

Desconozco si la que propone el Tribunal de Justicia de la UE es la mejor manera de olvidar, o de forzar el olvido. Pero sí creo que alguna gente merece otros resultados de búsqueda. Y también una disculpa, aunque eso, me temo, no tiene nada que ver con internet.

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