¡Que los taxistas vivan de los conciertos!
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José A. Pérez

No me creas

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¡Que los taxistas vivan de los conciertos!

Los taxistas están experimentando estos días el mismo vértigo que los profesionales de la música, el cine y el periodismo llevan años viviendo. Se supera

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De vez en cuando una noticia nos recuerda que vivimos en algo bastante parecido al futuro. Otras, es cierto, se empeñan en mantenernos firmemente anclados en el pasado, pero no es éste el blog para esos asuntos.

Esta semana se ha producido uno de esos raros (por infrecuentes) titulares que lo mismo podrían encontrar acomodo en las páginas de nacional que en las de tecnología. Me refiero al parón de los taxistas contra Uber, ese programita que le permite a uno gestionarse un coche con conductor en el momento y con solo dos clicks.

Los taxistas tienen sus razones para la huelga, por supuesto; han pagado una pasta por la licencia y ahora aparece un tipo con un iPhone y les fastidia el negocio. Cualquiera con un mínimo de empatía puede comprender su enfado. Y, sin embargo, al ver esas pancartas cargando contra la aplicación, no puedo evitar pensar en aquellos trabajadores del diecinueve que se quejaban a grito pelao contra las máquinas que llegaban a quitarles el trabajo.

Estos profesionales del volantepretenden que se apliquen viejos esquemas a nuevos paradigmas y, claro, la cosa no acaba de encajar. En ese sentido, los taxistasestán experimentando estos días el mismo vértigo que los profesionales de la música, el cine y el periodismo llevan años viviendo. La misma sensación de derrumbe.

Deje que le recuerde las fases del duelo, ese proceso psicológico que se vive tras la pérdida de alguien o algo querido, y que tantas claves nos da para entender mejor cualquier fin de ciclo:

Fase 1: la negación.
Fase 2: el enfado.
Fase 3: la negociación.
Fase 4: la depresión.
Fase 5: la aceptación.

Los taxistas están ahora mismo surcando la segunda fase, una verdadera travesía por el desierto con sus silbatos y sus pancartas, así como la industria del cine y la de la prensa están ya firmemente apostadas en la cuarta, sobreviviendo al día a día a base de Procaz y Lexatin.

Un largo duelo

A los taxistas les queda, por tanto, un largo camino de duelo. Uber no será su único enemigo, eso está claro. Surgirán otras plataformas, se crearán nuevas leyes y nuevas formas de saltárselas. Al cabreo seguirán las negociaciones, su fracaso, la melancolía y, por fin, la asunción del nuevo modelo.

Una cosa es segura: para los taxistas, vienen curvas pronunciadas. Y nada, ninguna manifestación, ningún impuesto, ningún les va a salvar de eso. Tendrán que buscar su propia manera de vivir de los conciertos.

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