'Vapear' y los nuevos vicios tecnológicos

La tecnología ha aportado su granito de arena al ámbito del tabaco: el cigarro electrónico parece garantizar que, con cambios, todo seguirá igual

Foto: 'Vapear' y los nuevos vicios tecnológicos

Resulta que ahora hay gente, chavales (y chavalas) sobre todo, que se enganchan al cigarrillo electrónico sin pasar antes por el tradicional. Lo preocupante de esto es que los efectos del aparato no están todavía muy claros.

La OMS, por el momento, no se moja y dice estar estudiando el asunto tan rápido como puede. En nuestro país, el Gobierno Vasco se ha adelantado a lo que casi seguro acabará siendo una tendencia global y ya ha anunciado que prohibirá vapear en bares y restaurantes. Los fóbicos del progreso acabarán teniendo razón con eso de que la tecnología mata, pero no de la manera esperada.

Todo parece indicar, sin embargo, que estamos en la infancia de una nueva generación de adicciones

No se producirá un gran caos, ni una revolución de las máquinas. La tecnología matará, sí, pero a la vieja usanza. De cáncer de pulmón y de garganta. Cambiarlo todo para que nadie cambie. Se ha escrito mucho sobre las nuevas adicciones vinculadas a la tecnología. De vez en cuando se publica un estudio asegurando que la adicción a internet o a las redes sociales es una cosa la mar de perniciosa que nos está volviendo a todos medio idiotas. Al poco se publica otro estudio diciendo que ya veníamos idiotas de casa y que echarle la culpa de Facebook viene a demostrarlo un poco.

Tecnología al servicio de la adicción

Todo parece indicar, sin embargo, que estamos en la infancia de una nueva generación de adicciones. El cigarrillo electrónico quizá sea la punta de lanza. Nadie imaginaba hace diez años que la gente iría por ahí chupando un plástico y echando vaporcillo perfumado sin que se le cayese la cara de vergüenza, y en ésas estamos, ya ve. El siguiente paso, por lógica imitativa, deberían ser la drogas electrónicas. Chips y cables al servicio de un buen viaje. La ciencia ficción lleva décadas imaginándolas, y no me extrañaría que, en diez años o menos, estemos todos escandalizados porque la chavalería se nos junta los sábados por la noche para enchufarse el encéfalo a un neurotal. Y los padres, en casa, desesperados.

Dale que dale al cigarrillo electrónico, de puro nervio. A saber dónde estará esta cría, que dijo que a las diez llegaba y son ya las once y veinte. Lo dicho: cambiarlo todo para que nada cambie.

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