El mundo no se acabará este 28 de septiembre, y otros bulos de internet

Las teorías sobre un inminente apocalipsis aparecen de forma recurrente, apoyándose en supuestos fenómenos poco normales. Pero todos tienen una explicación lógica. Así que todos tranquilos

Foto: El mundo no se acabará este 28 de septiembre, y otros bulos de internet

Ya estamos otra vez. Alguna noticia ha anunciado que el mundo se va a acabar y las ventas de kits de supervivencia han vuelto a aumentar. Pese a que estos bulos han aparecido y fallado una y otra vez durante milenios, hay gente que sigue tomándoselos con suficiente seriedad como para gastarse cientos o miles de euros en botes de comida deshidratada y máscaras de gas. No vaya a ser que esta vez acierten, claro.

Durante la navidad pasada y en agosto de este mismo año apareció el bulo que decía que la Tierra iba a pasar 3 o 4 días en la oscuridad más absoluta y tal era la cantidad de gente que estaba asustada y recurría a Google para saber si realmente el mundo se iba al traste que la entrada donde lo desmentía se convirtió en el post más leído de mi blog. Y no ha pasado ni un mes y ya estamos otra vez con la misma historia. 

Esta vez ha aparecido una cascada de noticias cutres que dicen que la luna de sangre que ocurrirá entre el 27 y el 28 de septiembre es un presagio que anuncia que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina. Da igual que estos fenómenos tengan lugar cada dos por tres y que lleven produciéndose desde que el mundo es mundo sin ninguna consecuencia para el planeta. A ojos de estos cantamañanas, un eclipse lunar es toda la prueba que hace falta.

Da igual que tengan lugar cada dos por tres sin ninguna consecuencia. A ojos de estos cantamañanas, un eclipse lunar es toda la prueba que hace falta

Ya expliqué por qué la Luna aparece roja durante un eclipse lunar y que el fenómeno no tiene nada que ver con la hemoglobina humana, así que escribo este artículo para desmentir las causas que, en teoría, deberían acabar con el mundo a finales de este mes. Porque, seamos sinceros, la gente que se inventa estos bulos no tiene ni idea de lo que está hablando.

Ningún asteroide se estrellará contra la Tierra

Los asteroides son un tema recurrente en las teorías del fin del mundo porque el público general no tiene mucha idea de astronomía, pero ha visto suficientes películas al respecto como para dar a entender que los asteroides son cosas que dan bastante miedo. La prensa tampoco ayuda demasiado, avivando el miedo de vez en cuando diciendo que un asteroide pasará rozando el planeta Tierra, cuando en realidad pasan a decenas o cientos de miles de kilómetros de la superficie terrestre. El problema de usar esta terminología (que en términos astronómicos no es incorrecta) es que da a entender al público que el peligro de ser bombardeados por rocas espaciales es mucho mayor del que realmente es.

El impacto de un asteroide contra la Tierra es un fenómeno muy improbable, pero sus potenciales consecuencias para la vida son suficientemente graves como para que la NASA creara un programa para clasificar y vigilar las órbitas de todos los NEOs (Near Earth Objects u Objetos Próximos a la Tierra) que pudieran representar algún peligro para el planeta. Hasta ahora, el proyecto ha catalogado más de 12.745 asteroides de entre 1 metro y 32 kilómetros de diámetro, 981 de ellos con alrededor de 1 kilómetro de diámetro. ¿El resultado? Ninguno de ellos se va a estrellar contra nuestro planeta en un futuro cercano y menos aún a finales de este septiembre. De hecho, el bulo que hoy nos ocupa ha ganado suficiente impulso como para que la agencia espacial haya tenido que salir a desmentirlo.

En 'Armageddon', un asteroide venía directo hacia la Tierra y se descubría justo a tiempo. En la práctica, esto sería imposible. No en vano es una de las películas con más errores científicos de la historia.

“Pero, espera”, me diréis, “¿y si la NASA realmente ha encontrado un asteroide que impactará contra nosotros el 28 de septiembre y lo está ocultando para que no cunda el pánico mientras los ricos se esconden en sus búnkers súperseguros?”.

La respuesta es sencilla: los científicos de la NASA no son los únicos que tienen permiso para estudiar el espacio y los asteroides que contiene. Hay un montón de astrónomos (tanto profesionales como amateurs) que se dedican a observar constantemente el cielo en busca de asteroides e incluso algunos equipos de astrónomos aficionados han descubierto asteroides con telescopios mucho más modestos que los de cualquier agencia espacial. 

La labor de esta gente es tan valiosa que la NASA ha lanzado un programa de ordenador que ayuda a esta gente a detectar asteroides en las imágenes que toman a través de su telescopio desde su patio de su casa. No sólo eso, la NASA está tan interesada en encontrar asteroides que vosotros mismos podéis buscarlos gracias a su proyecto Asteroid Zoo en el que podéis comparar distintas imágenes del cielo para saber si de una a otra se ha movido algo. No es una jugada muy inteligente si tu intención es ocultar la existencia de cualquier asteroide potencialmente peligroso.

En definitiva, si un asteroide se acercase hacia la Tierra su brillo iría aumentando mientras se acercara y su presencia resultaría cada vez más obvia en el cielo. A una semana del supuesto impacto, podéis estar seguros de que cientos de astrónomos alrededor del mundo se habrían dado cuenta y, gracias a internet, el pánico habría cundido hace tiempo.

Si un asteroide se acercase hacia la Tierra su brillo iría aumentando mientras se acercara y su presencia resultaría cada vez más obvia en el cielo

Pero, dentro de lo que cabe, que la gente que dice que el mundo se va acabar utilice un fenómeno tan concreto como el impacto de un asteroide para justificarse es raro porque si ese día no cae ningún meteorito, la gente debería perder la fe en ellos. Por este motivo no es raro encontrar alusiones a señales que demuestran que el fin del mundo está por llegar, sin concretar en ningún momento cuál va a ser la causa de la destrucción de nuestra especie.

Pero resulta que estas señales ni siquiera son reales.

No hay más terremotos

Hay gente que tiene la percepción de que se está produciendo un aumento en el número de terremotos y que, por algún motivo, eso vaticina que algo muy loco está a punto de ocurrir. Pero, ¿realmente están ocurriendo más temblores de tierra o simplemente sólo lo parece?

Pues resulta que la segunda opción es la más acertada, ya que el número de terremotos que tienen lugar anualmente por todo el planeta se mantiene dentro de la variabilidad que se esperaría encontrar estadísticamente año tras año. Como podéis ver en la siguiente tabla que recoge los datos de 2004 a 2014, la mayoría de ellos son de baja intensidad.

(Fuente: Wikipedia)
(Fuente: Wikipedia)

Número de terremotos anuales según magnitud de 2004 a 2014. Aunque los números varían cada año, se puede ver que se mantienen siempre en el mismo rango.

Aún así es posible que de vez en cuando os encontréis con alguna página catastrofista que os suelte un gráfico como este, en el que aparecen el número de terremotos detectados cada año.

(Fuente: Dlinquist.com)
(Fuente: Dlinquist.com)

A primera vista podría parecer que hoy en día tienen lugar 6 veces más terremotos que hace 30 años, pero lo que no enfatizará esta página es que se refiere a la cantidad de terremotos detectada anualmente de cualquier magnitud. O sea, que el aumento que aparece en el gráfico se debe a dos factores: la instalación de un número mucho mayor de estaciones sismográficas durante este tiempo (de 350 en 1931 a más de 8.000 en la actualidad), y también a la mayor sensibilidad que ofrece la tecnología más moderna y que, por tanto, facilita la detección de terremotos mucho más débiles… Que al fin y al cabo son los más numerosos

Muerte de animales en masa

La gente que defiende cree que en la actualidad están aumentando las señales del fin del mundo afirma que últimamente tienen lugar un montón de muertes en masa de animales. Un caso especialmente llamativo es la muerte de 127.000 saigas en Asia central en tan sólo cuatro días en mayo de este año.

Y, claro, las páginas web de conspiraciones se frotan las manos cada vez que algo así ocurre. Lo que no cuentan es que estos eventos en los que repentinamente mueren una gran cantidad de animales son relativamente comunes. En el caso de los saigas, que parecen especialmente propensos a sufrir estos episodios, en 1984 murieron otros 100.000 ejemplares de manera igual de repentina, mientras que durante los primeros años del siglo XXI se repitieron episodios más leves

Estos eventos no tienen nada de señal de que se acerca el fin del mundo ni son inexplicables.

Por ejemplo, pequeños cambios de temperatura en el océano pueden tener un efecto desolador sobre la vida marina. La proliferación de ciertos tipos de algas puede producir sustancias tóxicas o absorber el oxígeno del agua, terminando con la vida de grandes cantidades de animales. Las epidemias víricas o los parásitos también pueden ser los responsables y, por supuesto, el vertido de sustancias tóxicas provenientes de la actividad humana también tiene tela.

Los pájaros también son especialmente propensos a caer víctimas de este tipo de eventos, sobre todo si viajan en bandadas. Algo tan relativamente inocente como un espectáculo de fuegos artificiales nocturnos asustó a los pájaros la noche del 31 de diciembre de 2010 en Beebe (EEUU) que, incapaces de ver con claridad por la noche, terminaron estrellándose contra los obstáculos de la zona. Al día siguiente, los residentes encontraron unas 3.000 aves muertas esparcidas por el suelo del pueblo.  

Una marea roja, aparecida debido a la proliferación masiva de una especie de alga.

Hasta cierto punto, la afirmación de que se está aumentando el número de eventos de este tipo sí que tiene sustento… Hasta cierto punto. Un estudio publicado en el Proceedings of the National Academy of Sciences reveló que existe un ligero aumento de este tipo de episodios tras revisar 747 eventos ocurridos desde 1940. En el estudio admiten que parte de este aumento se puede atribuir a que hoy en día hay una mayor cobertura mediática de cualquier cosa que ocurre, pero que sí que parece que han aumentado en frecuencia para peces y pájaros. Pero aquí falta otro pedazo de información: los mamíferos siguen sufriendo estos eventos con la misma frecuencia y la tendencia de los anfibios de padecerlos incluso se ha reducido.

Así que no os asustéis, que aparezcan de vez en cuando grandes grupos de animales muertos es algo que, aunque trágico, no es un signo de que el mundo se vaya a acabar. Más bien es una señal de que deberíamos intensificar nuestra lucha contra el cambio climático y controlar el vertido de según qué sustancias en la naturaleza.

El mundo no es cada vez más violento

Últimamente el mundo está viviendo situaciones dramáticas, empezando por el conflicto en Ucrania o, a una mayor escala, el que está teniendo lugar en Siria e Irak. Pero hay temas igual de negativos y recurrentes que se repiten constantemente en las noticias: homicidios, tiroteos, accidentes… Viendo la tele, cualquiera diría que el apocalipsis está a la vuelta de la esquina. 

Pero aunque estas situaciones terribles reciben una gran atención mediática la verdad es que, como explica este artículo de Slate, en el último siglo el mundo se ha ido convirtiendo en un lugar más pacífico en muchos sentidos, tanto desde el punto de vista del bélico y las víctimas resultantes de la guerra como de cualquier otro tipo de la actividad criminal. 

En el último siglo el mundo se ha ido convirtiendo en un lugar más pacífico en muchos sentidos

Ojo, con esto no quiero quitar hierro a los problemas que tenemos ni estoy insinuando que tengan una importancia menor: no debemos descansar hasta que todos estos problemas hayan desaparecido por completo. Pero, siendo más optimistas, hay que tener en cuenta que hemos erradicando enfermedades que han azotado a la humanidad durante milenios y seguiremos haciéndolo si los colectivos antivacunas deciden que el pensamiento crítico no es algo tan terrible al fin y al cabo. La esperanza de vida no deja de aumentar y, aunque el progreso es lento, cada vez hay menos gente viviendo por debajo el umbral de pobreza.

Tampoco estamos haciendo las cosas tan mal. Como dijo Miquel Barceló en una entrevista el otro día “no somos tan tontos la bomba atómica se inventó hace 70 años y seguimos aquí”

Aunque aún quede un largo camino por recorrer, pese a que los medios sólo hablen de lo malo y nos dé la impresión de que el planeta se está yendo al garete, en realidad estamos avanzando poco a poco en la dirección correcta hacia un mundo mejor. Les guste o no a los que se empeñan en decir que el Apocalipsis está a la vuelta de la esquina, lo cierto es que tiene pinta de que el día del juicio final cae cada vez más lejos.  

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