Pebble, un reloj amateur que sonroja a Sony y Samsung

“Pedí prestados los primeros 15.000 dólares a mi padre”. Lo dice con nostalgia Eric Migicovsky, pero no demasiada. Su dispositivo hace sombra a los grandes

Foto: Pebble, un reloj amateur que sonroja a Sony y Samsung

“Pedí prestados los primeros 15.000 dólares a mi padre”. Lo dice con nostalgia Eric Migicovsky. Aunque no demasiada. Este enfant terrible en el mundo de la tecnología comenzó sus andaduras allá por 2008, cuando soltó sonoramente el último ejemplar de la revista Mad Magazine sobre la mesa y dijo que él quería ser actor y no sólo espectador. Y no hablamos ni de cine ni teatro: este joven de Waterloo, Canadá, se ha convertido, casi sin quererlo, en una de las bestias negras para Apple y Samsung ni más ni menos.

En realidad, la lista de afectados por los daños colaterales de la creatividad de este emprendedor es bastante más larga, pero los coreanos y los californianos son los que más suenan a la hora de hablar del mercado de los smartwatch, esos relojes de pulsera que se han convertido en tendencia y en una realidad de uso común en un futuro inminente. Migicovsky es el creador de Pebble, sin duda, el reloj inteligente con mayor proyección ahora mismo en el mercado.

Nuestro hombre debe mucho a la revista antes mencionada, porque fue gracias a ella que asentó los cimientos de lo que es a día de hoy un negocio boyante. Mad Magazine y Pen Computing alimentaron su inquieto espíritu por aquel entonces.

“Era un friqui”, reconoce. Hay que tener en cuenta que hasta la llegada del iPhone en 2007, lo más cercano a la realidad actual en la que nos afanamos a aporrear la pantalla con los dedos eran las célebres Palm, aquellos deliciosos dispositivos con los que toda una generación soñó a formar parte de un futuro que parecía que nunca llegaba.

No se sabe si Apple entrará en el mercado de los 'wearables' pero un joven canadiense con pocos más recursos que un espíritu inquieto y la ayuda de sus padres se ha hecho fuerte en este mercadoY también nuestro atípico emprendedor, que contaba con ese algo más que le hizo destacar sobre el resto: tenía una visión de futuro. Fue más o menos por aquel entonces cuando se fraguó inPulse, la semilla de lo que hoy es Pebble.

En aquellos años y más viviendo en Waterloo, lo más in eran las BlackBerry. Mayores imperios han caído pero aquello parecía indestructible, así que inPulse era un reloj inteligente que funcionaba únicamente con las hoy moribundas crackberry. Pero aquello duró poco.

De Waterloo a Silicon Valley en busca de inversiones

Pasaron dos años y en 2011 este inquieto espíritu se arrimó intuitivamente a Silicon Valley dejando atrás, cómo no, el garaje de Waterloo donde vio la luz el primer inPulse. De las subvenciones estatales de Canadá al hambriento espíritu de los inversores del conocido valle californiano.

El dinero comenzó a circular a raudales y pronto se encontraron con mucho más capital del que hubieran imaginado. Ahí había oportunidad de negocio y las VC no dudaron en soltar el fajo sobre la mesa, aunque con una condición, la derivada de la misma pregunta que repetían compulsivamente los inversores: “¿Funciona con el iPhone?”.

Migicovsky decidió probar fortuna en el crowdfunding, incipiente en aquel entonces, y Pebble batió récords absolutos recibiendo el proyecto el espaldarazo definitivo. Estamos en 2012 y a través de Kickstarter vendieron la friolera de 85.000 ejemplares del cotizado relojTocaba efectuar un giro copernicano en lo que al smartphone se refería, pero la dirección del producto era la adecuada: fue entonces cuando dieron muerte a inPulse y nació Pebble. Si la financiación obtenida a través de sociedades de capital riesgo les pareció desmedida, estaban a punto de medir en cifras reales el entusiasmo que despertaba su idea en el mercado: Migicovsky decidió probar fortuna en el crowdfunding, incipiente en aquel entonces, y Pebble batió récords absolutos recibiendo el proyecto el espaldarazo definitivo. Estamos en 2012 y a través de Kickstarter vendieron la friolera de 85.000 ejemplares del cotizado reloj.

Así se hace un reloj, Apple

No se sabe si el fabricante de Cupertino entrará finalmente en el mercado de los wearables, como se conoce a relojes y pulseras inteligentes que tan de moda se están poniendo, pero en este deshojar de la margarita, un joven canadiense con pocos más recursos que un espíritu inquieto y la ayuda de sus padres, se ha hecho fuerte en este mercado. Y qué decir de Samsung, cuya entrada en este segmento del mercado ha sido, cuando menos, de lo más accidentada con su Galaxy Gear.

Pero más allá de la anécdota, Pebble cuenta con unos ingredientes magistrales que han logrado captar la atención del público y convertirse en una realidad recibida con pasión por el mercado. El primer palo que apuntala esta joven es el de la funcionalidad. ¿Para qué sirve realmente un reloj inteligente? Esta duda la resolvió desde el inicio Pebble. El dispositivo es una extensión del smartphone en el que podremos ver las notificaciones (llamadas, mensajes, etc…) así como controlar algunas funciones como la música o hacer check-in en Foursquare.

El producto de Migicovsky ataca además varios inconvenientes a los que se está enfrentando ya el Galaxy Gear de Samsung al optar por una pantalla de tinta electrónica en lugar de una pantalla AMOLED a todo color. La tinta electrónica apenas consume batería y puede verse el contenido sin problemas bajo la luz directa del sol, no así con la del equipo de Samsung, que requiere un paso más frecuente por el enchufe y una de las primeras críticas que recibieron tanto el Galaxy Gear como el smartwatch de Sony fue su dificultad en ver la hora a la luz del día.

Una nueva versión más elegante y discreta

Pebble es además un producto con funciones, por el momento, limitadas, pero que ejecuta a la perfección lo que puede hacer, y por otro lado, soporta tanto el iPhone como smartphones Android, con lo que se distancia de la guerra de plataformas con un producto neutro. Su espíritu es abierto y la firma incita a los desarrolladores a crear apps que aprovechen todo el potencial del dispositivo, con lo que el número de aplicaciones irá creciendo a medida que haya más dispositivos en el mercado.

Pebble fue un éxito en 2013 pero en el Consumer Electronic Show que acaba de concluir en Las Vegas anunció al mundo que van a por todas con una nueva versión con la que guiñan también a los que buscan un reloj estético y que pueda llevarse sin complejos a la oficina con traje. Y es sólo el comienzo: el canadiense ha dejado una puerta abierta en el equipo dotándolo de Bluetooth LE, con lo que en un futuro se podrá conectar a diversos equipos en el hogar además del móvil que siempre llevamos encima.

Lo mejor del asunto, es que no será necesario cambiar el hardware: todas las novedades vendrán mediante actualizaciones del software. El nuevo SDK del producto permite a los desarrolladores abrirse a un nuevo mundo de posibilidades del reloj, como conectarlo directamente al termostato de casa o poder apagar la luz desde la muñeca. “Pebble es una plataforma abierta sobre la cual cualquiera puede desarrollar lo que quiera”, especifica Migicovsky.   

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