Crónica 'marciana' de un suicidio anunciado

“Dentro de seis días ingresará irremediablemente en prisión, pero lo peor es que no está dispuesto a cumplir su pena y sólo ve dos caminos: darse

Foto: Crónica 'marciana' de un suicidio anunciado
Crónica 'marciana' de un suicidio anunciado

“Dentro de seis días ingresará irremediablemente en prisión, pero lo peor es que no está dispuesto a cumplir su pena y sólo ve dos caminos: darse a la fuga o quitarse la vida. Hoy, en DEC, el testimonio de un famoso con la soga al cuello”.

Ese era el cebo. Marca de la casa, por cierto. Tremendo relato el que se marcó este viernes la becaria de DEC, premio Arcipreste de Hita a la mejor metáfora del año, para presentar al invitado estrella de la noche. En efecto, salió de seguido el señor Coto Matamoros con la soga bien enroscada al pescuezo. La soga de la miseria. Esa miseria que le recorre a uno el cuerpo cuando ha vivido de la injuria durante media vida.

Y se sentó el doño con todo el morro del mundo a relatar con ademanes literarios la crónica marciana (en homenaje a su insigne maestro Javier Sardá) de su propio suicidio. “Dentro de la libertad que aún sigo manteniendo, tengo el derecho de suicidarme antes de entrar en la cárcel, que es lo que voy a hacer”. Vea el momento.

No supieron en el plató captar su ironía. Le preguntaron a Coto el cuándo, el cómo y el dónde de su macabra revelación, pero la respuesta era “aquí y ahora”. De todas las formas de suicidio que ha inventado el hombre a lo largo de la historia, Coto Matamoros eligió el viernes la peor: sentarse delante de María Patiño. Agonizó el hombre durante una hora ante la cámara macabra y chocarrera de DEC –otrora Dónde estás corazón- por tres míseras perras. ¿Puede haber muerte peor?

Los periódicos titularán: “Otro juguete roto: Un hombre ahogado por sus deudas, obligado por sus vicios, vende su muerte en un prostíbulo del cuore ‘patrocinado’ por Ana Rosa Quintana (Cuarzo Producciones)”.

No descarten que Coto cumpla de verás su amenaza. En ese caso, DEC habría dejado de dar pábulo a un jeta, para dárselo a un loco. Una pregunta en el aire: ¿A cuántos ‘inadaptados’ no ha tirado ya la televisión por el balcón?

Carta de Ajuste
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