Wyoming destapa una estafa informativa de Veo 7

El Gran Wyoming -esta temporada más grande que nunca- denunció este lunes en El Intermedio de laSexta una reciente estafa informativa de Veo 7, la televisión de Unedisa

El Gran Wyoming -esta temporada más grande que nunca- denunció este lunes en El Intermedio de laSexta una reciente estafa informativa de Veo 7, la televisión de Unedisa -editora de El Mundo-. La cadena de Melchor Miralles habría emitido el lunes 28 de septiembre un documental sobre mendicidad en las calles de Madrid -Yo, Mendigo- como ejemplo irrefutable de la mala gestión que ha hecho de la crisis el presidente Zapatero. Hasta ahí, todo correcto. Demagógico, sí, pero correcto al fin y al cabo. El problema es que varios elementos que aparecen en la encomiable pieza audiovisual emitida por Veo 7 evidencian que la misma se grabó hace la friolera de nueve años, cuando todavía gobernaba el Partido Popular. Gran pillada.

 

“Mientras nos dicen que esta subida de impuestos la paga cualquier persona con la gorra, hay dos millones de personas en el paro y ocho tienen que vivir con menos de 500 euros al mes”, afirmaba Carlos Cuesta, presentador de La vuelta al mundo, para introducir el reportaje. Lo mejor, sin duda, el final de dicha introducción: “Vamos a ver todo esto en un reportaje terrorífico, espeluznante”. Y, en efecto, lo era. Nunca se manipuló a la audiencia con semejante descaro. Un trabajo de investigación periodística encomiable, como no se había visto en años. Concretamente, en nueve.

 

De todos modos, no nos debe sorprender en absoluto lo que pasó la semana pasada en Veo 7, desde este momento mi cadena preferida. Malviven los hijos de Pedrojota en el espectro digital desde hace tiempo, como tantos otros. Su negocio es ruinoso. Sus audiencias, pobres. Tanto que Miralles se vio obligado a prescindir de John Müller, su gran baza para esta temporada, por los malos resultados que cosechó en las primeras dos semanas de emisión La vuelta al mundo, el programa ‘estrella’ de la casa. Ese folletín de denuncia y actualidad política, que se emite diariamnte en horario de máxima audiencia, lo presenta desde hace una semana Carlos Cuesta, que decidió bautizarse el lunes pasado con semejante propuesta. Se lució, el pobre. Tras el relevo, la dirección de la cadena dijo que la audiencia había reaccionado a los cambios. No me extraña. Lo raro es que no se hayan echado a la calle.

 

El problema de fondo se llama TDT. Qué gran invento. La hay hasta de pago. ¿Se han comprado ustedes un descodificador? Mi más sentido pésame. A dos días, como quien dice, del apocalipsis analógico, la televisión digital es todavía una quimera. Decenas de canales desperdigados por el espectro y obligados a emitir, por ley, veinticuatros horas al día y siete días a la semana. Sesión continúa de bazofia en un cine cuyas salas (demasiadas) están casi siempre vacías. En nombre de eso que los guays han dado en llamar fragmentación de audiencias y diversificación de contenidos hemos caído en el más absoluto cutrerío y sopor. Hemos vuelto a la televisión de principios de los noventa, con platós de cartón piedra y diseños de producción ‘berlusconianos’, desfasados en grado superlativo. La ecuación aquí no tiene incógnitas. X es siempre igual a estafa. Si no hay público, no hay publicidad. Si no hay publicidad, no hay dinero para alaborar reportajes demagógicos de media hora sobre la elevada mendicidad en las calles de Madrid. Por eso se emiten los de hace ocho o nueve años. Y por eso caerán una tras otra el 50% de las cadenas de TDT, como si de un castillo de naipes se tratara.

Carta de Ajuste
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