Las Pájaras

Nacho ‘Gaytchcock’ presenta… a Chabelita Pantoja, Sandra Barneda y Raquel Bollo en una historia coral y trágica en la que las bestias invaden la Tierra

Foto: Ilustración de Paco Sordo para 'Vanitatis'
Ilustración de Paco Sordo para 'Vanitatis'

No sé cómo acabé viendo el sábado pasado, por enésima vez en mi vida, Con la muerte en los talones. Cada dos o tres años, como quien espera candorosamente que aquello haya mudado en el transcurso de ese tiempo, le doy una nueva oportunidad a este tostón impropio de Alfred Hitchcock. Sí, lo sé, está considerada una obra magna, la madre que parió al espionaje, es un film que a todo el mundo le encanta, pero yo no soy todo el mundo, supongo. Al menos nunca he visto muy claro eso de intentar matar a mis enemigos montado en un avión fumigador con ametralladoras incorporadas. Sobre todo si están solos y desamparados en medio de un secarral. En ese contexto veo mucho más cómodo el tiro en la nuca y salir por patas, pero supongo que eso tiene menos emoción. Tampoco creo que un servidor sobreviviera más de diez segundos en la cima del monte Rushmore haciendo climbing sin arneses por los orificios nasales de Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln. Y menos con una falda ‘tubo’, cual Eva Marie Saint. Llámenme torpe.

No puedo con esta película, pero yo a Hitchcock le perdono casi todo. Y más aún después de leer La cara oculta del genio, una suerte de biografía de Donald Spoto, cuyo primer capítulo es para enmarcar; una forma sutil y certera de desnudar a su personaje. Spoto lo clava. El genio visto desde otra perspectiva, ruin y perversa, que es lo que a mí me va. Hitchcock presentado como lo que era: un cabrón. Un cabrón con pintas, además. Y un patán con escasa alma para todo lo que no tenía que ver con el cine. Su Alma para esas cosas se escribía con mayúscula, se apellidaba Reville y era también su mujer, pero sobre todo su chacha, su alma de casa. Una santa que tuvo que lidiar con “un almacén de todo cuanto de contradictorio hay en la naturaleza humana” (Spoto dixit).

Risto Mejide, en una imagen promocional de 'El rincón de pensar'
Risto Mejide, en una imagen promocional de 'El rincón de pensar'

A mí me encantan todos los cabrones menos Risto Mejide, que ha estrenado programa esta semana en Antena 3. Vi un fragmento el martes de apenas tres minutos y, dado el interés general de la propuesta, me pasé dos y medio pensando que este tipo tiene toda la pinta de haber sido descartado ayer mismo en un casting de Tarantino. Risto siempre ha sido ‘un casi’. Casi molote, casi listo, casi creíble, casi bueno. Una tragedia se mire por donde se mire. Ahora se ha quitado las gafas oscuras para marcar un antes y un después. Antes de Vasile (a.V.) y después de Vasile (d.V.). Yo sin embargo le veo bastante igual. Casi esto y casi lo otro. Eso sí, sin gafapasta me resulta paradójicamente más siniestro, más opaco. Esas cosas pasan a menudo. Por ejemplo, no me negarán que no han pensado alguna vez que cuanto más curada dicen que está Belén Esteban de lo suyo peor se la ve. ¿Que no? Seré yo, que soy (casi) paranoico.

Belén Esteban, a pesar de sus contradicciones internas, a pesar de su indudable naturaleza de personaje funesto (le pongo un link a la RAE por si me lee), tampoco me gusta demasiado. Quizá sea porque siempre lleva el pelo suelto. Quizá esa sea la clave de todo. La bella Eva Marie también lo lleva suelto en Con la muerte en los talones. Y, sin embargo, Tippi va ‘enmoñada’ hasta las trancas en Los pájaros, sin duda una de las mejores películas de la historia. Al menos de la mía, que es con la que mejor me llevo. Mírenla entrando en la tienda de animales buscando unos pajaritos del amor (lovebirds). Miren el paralelismo entre esa jaula dorada y ese moño represor. Suelto el moño, suelto el pájaro.

Imágenes de 'Los pájaros' de Alfred Hitchcock
Imágenes de 'Los pájaros' de Alfred Hitchcock

Hitchcock era un visionario. Efectivamente, fue descoserse Hedren el moño y nos invadieron las pájaras. Miren si no a Chabelita Pantoja, por ejemplo, paradigma indudable de esta situación hitchconiana. Isa siempre lleva el pelo suelto. Y sucio. Al menos desde que está en Supervivientes. Llevar el pelo sucio, eso sí, le reporta unos 15.000 euros a la semana vía Telecinco, que de este modo sufraga de forma explícita lo que siempre había financiado en el ostracismo: la escoria.

Supervivientes es el título que mejor resume la vida del clan Pantoja. La verdad es que tienes que tenerlos cuadrados para irte a una isla desierta con otras pájaras y mandar todos los jueves en directo un beso a tu madre que está en la cárcel y otro a tu hijo de apenas un año de edad al que Dios lo cría (mientras ella se arrejunta) a 8.000 kilómetros de distancia, los que separan Honduras de España. Yo no pretendo juzgar a nadie, pero el concepto de buena madre que hay en este país comienza a alarmarme. Si Belén Esteban, esa mamá coraje que ha vendido a su hija para mantenerla (una idea revolucionaria se mire por donde se mire, por cierto) ganó Gran Hermano VIP, no me cabe duda alguna de que Isa Pantoja hará lo propio con Supervivientes. De hecho, me dicen que es la favorita.

Tienen que estar pasmados los hondureños con todo esto, por cierto. Ellos alquilan por periodos de tres meses sus islas a diversas cadenas privadas de televisión de toda Europa para que graben las sucesivas ediciones de estos realities. Hay quien les ha escuchado hablar con cierta sorna de lo que nosotros llamamos “primer mundo”. Desde luego, no deja de ser cuanto menos curioso que el tercero nos alquile el suelo en el que clavar de nuevo, más de cinco siglos después, la pica de la innegable civilización. Y hemos elegido para tal menester a Chabelita. Sin duda, un pequeño gran paso para el pájaro.

Raquel Bollo, Sandra Barneda e Isabel 'Chabelita' Pantoja
Raquel Bollo, Sandra Barneda e Isabel 'Chabelita' Pantoja

Como en Telecinco y en el cuore todo son sinergias, desde el plató de Sálvame defiende a la joven madre desplazada a Honduras por necesidad otra rubia con el pelo suelto. Raquel Bollo fue mujer de Chiquetete antes que fraile y amiga de Isabel Pantoja. Se desconocen sus anteriores trabajos.

Raquel ha sido la empleada de la semana en Sálvame, según me cuenta mi amigo Iñaki. Y eso es sin duda una putada. O no, depende de cómo se mire. Las semanas en Sálvame son temáticas, como las rebajas de El Corte Inglés. Todos los compañeros juegan con el elegido a ‘beso, atrevimiento o verdad’, pero siempre toca verdad. O mentira, da igual, pero que duela. La cosa es que te humillan hasta que lloras en directo dos o tres veces, no más, para que el asunto tampoco se vaya de madre. El viernes no vas a trabajar por la tarde porque tienes depresión diagnosticada, pero por la noche te marcas un Polideluxe. Te dan 10.000 pavos, 25 arriba o abajo, y te vuelves a dar de baja. De ese montante, una pequeña parte la tienes que emplear en falsificar un justificante de la clínica López Ibor que te garantice una vuelta (a los dos meses más o menos) por todo lo alto, con noche de prime time, orla y certificado de redención. Todo incluido en el precio. El de la fama, el de mantenerse, el de seguir viendo el mundo a vista de pájara.

No está el horno para Raqueles Bollo ni tampoco para Sandras Barneda, que es una mujer que, a diferencia de las anteriores, todavía lleva el moño bastante apretado. Ha intentado salir dos veces del armario en directo y ha terminado diciendo "soy persona", que no es una información desdeñable de alguien que trabaja en Telecinco, sinceramente, pero vamos que ahí sigue el moño en todo lo alto. 

Sandra presenta, por poco tiempo, Un tiempo nuevo, el sustituto en los sábados de Telecinco de otros insignes programas políticos como La noria y El gran debate, a los que dieron muerte El Cuco y Rajoy respectivamente. En aquellos tiempos, Vasile dijo, sin embargo, que fundía a negro su croniquilla política de trotaconventos no porque el PP se lo hubiese pedido, sino porque no había sitio para ese tipo de programas en la televisión. Como Paolo abre y cierra ciclos informativos al modo en que Moisés abre y cierra mares, al poco tiempo se retractó, convocó a la prensa para decirles que era de nuevo la hora de la política (tal cual) y dio luz verde al programa presentado por Barneda. Todo un visionario, como Hitchcock, porque Un tiempo nuevo sería rebautizado poco después en el sector como Un tiempo nueve, ya que no pasaba de esa cifra en los informes de audiencia.

Un fiasco absoluto que ahora se muda a Cuatro, donde los fracasos se tornan sin duda más pequeños. Parece que lo hará sin Barneda, que apenas se habla con la directora del espacio, otra Sandra, Fernández, que abandonó La Sexta Noche sin apenas avisar para recalar por sorpresa en Mediaset. Todo el mundo habla en Telecinco de estas dos Sandras (¿Sandra era una raza de pájaro?) y muchos las culpan de la debacle. Sobre todo a ella, Barneda, metida ahí con calzador por la dirección de Mediaset, con la oposición del 95% de la productora, que no creía que una joven que entrevistaba los miércoles junto a Rocío Carrasco a Chabelita (Dios las cría) pudiera hacer lo propio con Cristóbal Montoro 72 horas después. No era serio. Pero en Telecinco nada lo es. 

Esta cadena tiene la curiosa habilidad de que todas las pájaras, las que se creen de alta y las que son de baja ralea, parezcan iguales. Y a mí esta invasión de Tippis venidas a menos me trae de cabeza. Ayer, de hecho, estuve de baja por depresión y hoy escribo esto desde la López Ibor. Me han preguntado las enfermeras por mis síntomas y yo les he dicho que hay veces que me dan ganas de coger un avión fumigador, incorporarle dos ametralladoras y liarme a tiros. Es broma. Ya saben que a mí no me gusta mucho Con la muerte en los talones. Yo soy más de Los pájaros. Y así me hallo, constriñendo permanentemente mi rabia en el moño.

Carta de Ajuste
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