Burugagá

Los Morancos, Bertín Osborne y el propio Sáenz de Buruaga tomarán el relevo de José Luis Moreno para levantar la muy menguada repercusión de la televisión pública. La Corporación ha formado algo así como la versión cañí de 'Los Vengadores' de Marvel

Foto: Caricatura realizada por Paco Sordo
Caricatura realizada por Paco Sordo

Son las 22:35 horas del lunes 25 de mayo. La novia llega unos minutos tarde a su boda. Se casa por enésima vez con un ente público (o corporación). Un ente abstracto. Todo lo era en esta velada. Hasta el padrino del enlace, Sánchez Dragó, colocado, como no podía ser de otro modo, a la derecha del altar. España es testigo del enlace. Aunque España hoy éramos pocos. Eso lo sabríamos a la mañana siguiente, la de la resaca. Veníamos a un fiestón y no dio ni para pachanga. Un 6,5% de share para el estreno de Ernesto Sáenz de Buruaga al frente de su espacio de debate, Así de claro. Un 6,5%, que es lo que le queda a Paolo Vasile después de cenar entre los dientes.

TVE cerró abril con uno de los peores resultados de su historia (9,9%), pero en su favor hay que decir que ha encontrado rápidamente la solución a sus problemas. Los Morancos, Bertín Osborne y el propio Sáenz de Buruaga tomarán el relevo de José Luis Moreno para levantar la muy menguada repercusión de la televisión pública. La Corporación ha formado algo así como la versión cañí de Los Vengadores de Marvel. Cinco hombres para salvar su mundo, que por suerte parece que no es el nuestro. ¿Que qué tienen en común estos superhéroes, al margen de su indudable compromiso con el (dinero) público? Está claro, que todos tienen pinta de haber votado a Podemos en las últimas elecciones.

Este lunes le tocaba el turno a Superburuaga. Comenzaba el de Miranda de Ebro llevando sus cámaras a un bar de la periferia madrileña, donde un grupo de ciudadanos montaban una tertulia nada impostada. Era la primera vez que el periodista visitaba (incluso virtualmente) la ciudad de Leganés, pero con ese guiño maestro nos quedó claro el indudable compromiso de su programa con la calle. Sin embargo, en adelante solo hablarían ellos, los contertulios invitados, todos jóvenes talentos como Joaquín Leguina, Victoria Prego, Ángel Expósito, el exalcalde de La Coruña Paco Vázquez, el exfiscal Ignacio Gordillo o el trovador Luis del Val, un fijo en las tertulias de su buen amigo Ernesto. Todo quedaba en familia. De hecho, se ha visto a Buruaga y José Antonio Sánchez, actual director de RTVE, salir juntos alguna que otra vez de la caverna de Platón. 

Ernesto Sáenz de Buruaga, en una imagen de 'Así de claro' (TVE)
Ernesto Sáenz de Buruaga, en una imagen de 'Así de claro' (TVE)

Dicen que hacen buen café allí. Y por lo que se ve el de aquel día lo pagó Buruaga, porque lo que ha hecho el consejo de RTVE para que el programa del periodista burgalés saliera adelante es encaje de bolillos. Quien hizo la ley hizo la trampa. (Advertencia: lo que sigue le puede aburrir tanto como el programa Así de claro). Y sí, en ella, en la ley de 2010, se dice claramente que la producción de los programas informativos de TVE no se puede entregar a las productoras de los amigos, ni de los enemigos siquiera. Eso lo pone. No se dice, pero se entiende, que no se puede pactar con esos amigos o enemigos un paquete de programas excesivo a largo plazo, por un montante de 66.000 euros por emisión en una cadena que genera un déficit anual de unos 130 millones. Y lo que tampoco pone en la Ley del Audiovisual es que Buruaga ahora no hace programas informativos, sino de entretenimiento. Como decíamos, hecha la ley, hecha la trampa.

Y sí, no se lo vamos a negar al excelentísimo presidente de RTVE, el programa Así de claro informativo no es, para qué nos vamos a engañar, pero entretenido, lo que se dice entretenido, tampoco. Esa calificación del espacio ha servido, sin embargo, para dos cosas. La primera, para que una productora externa, El Pulso (Grupo Secuoya), se embolse esos 66.000 euros por una bazofia trasnochada que cosechó este lunes el indudable mérito de que, por una vez, echáramos de menos la publicidad. La segunda, para que Gundín, director de informativos de la Corporación y muy amigo de Pablo Iglesias, como sabe todo el mundo, no pueda meter mano en la escaleta. Y eso se comprobó a la media hora de programa, cuando el líder de Podemos, vetado hasta la fecha en el canal, conectaba en directo desde lo que parecía el baño de su casa para hablar por primera vez en dos años más de tres minutos en TVE sin que se le relacionara con ETA.

De esa primer bloque temático de Así de claro sacamos dos ideas claras: que, como decía Ángel Expósito, hay sitios en España donde la corrupción es endémica, y sin duda uno es TVE, y que ahora que el PP se ha quedado sin barones y que prácticamente todas las inefables televisiones autonómicas van a pasar a manos de la izquierda, toca echar el resto en el canal nacional. Ayer, sin ir más lejos, como bien se percató la audiencia, en La 1 podíamos ver a Sáenz de Buruaga. En La 2, una película de Sáenz de Heredia. Todo programado por Sáenz de Santamaría. La Santísima Trinidad 3.0.

En el espacio de Buruaga se habló también de los pitos al himno en la final de la Copa del Rey, de la libertad de Isabel Pantoja y del acoso infantil. En todos los debates participaron los mismos expertos. Ya ven, hay gente que sabe de todo, y no solo los de Sálvame. Desde luego, como bien sabía Blancanieves, siempre será mejor repartir 66.000 euros entre siete enanitos que entre veinte. Y además debía sobrar algo para unas cañas. Había que celebrar que todos han perdido en el PP las elecciones menos alguno al que le han dado un programa.

Un programa joven y moderno, de nuestro tiempo, de esos que tienen un hashtag en la parte superior izquierda de la pantalla. A eso de las 11 la atención de los tuiteros era nula. De hecho, Leticia Sabater, que anunciaba que ha pasado por quirófano para reconstruirse el himen, les había robado la cartera del trending topic. Indudablemente, esto no puede ser una casualidad. El mismo día que Buruaga estrena un programa de televisión, las otrora geishas de la corte vuelven a ser vírgenes. Vio Leticia Sabater un minuto del programa de Ernesto ‘Burugagá’ y se le reconstruyó automáticamente la puerta del nirvana. Volvimos todos 40 años atrás, a los tiempos nodales. Volvimos todos a ser vírgenes por unas horas. La gente en masa buscaba en Google la temperatura de ebullición de la naftalina.

Con el paso de los minutos, Así de claro fue ganando sin embargo peso en las redes. Mucho. Me gustaría reproducir aquí algunos mensajes de la gente, pero no quiero ser cómplice de un delito. Indignación general con el espacio de marras. Y ellos presumiendo en directo del éxito cosechado en Twitter. Cuando entró una joven al plató para resumir lo que los usuarios de esta red social estaban diciendo sonó el Réquiem de Mozart, se mascaba la tragedia. Pero la tía había encontrado cuatro tuits positivos en ese manantial de hostias. Mi más sincera enhorabuena. Para que luego digan que las nuevas generaciones no vienen preparadas.

Que sí, que son palomos todos los cojos. Ahí estuvo el Al rojo vivo: objetivo elecciones de La Sexta del domingo para demostrarlo. Aquello era una bacanal, con Antonio García Ferreras narrando las victorias de Podemos con la misma pasión que Virgilio narraba las de Augusto. Yo no lo vi demasiado, apenas unos minutos, pero me cuentan que, en esa orgía de zurdas, Ana Pastor era la moderada. Producen el mismo grado de rechazo, sí, pero hay una clara diferencia entre un programa hecho por una cadena privada y una pública.

¿Que cuál?

Eran las 22:35 horas y la novia llegaba tarde a su boda. Allí estaban esperando los padrinos, Leguina y Dragó. Y nosotros, los testigos. Qué coño testigos… Nosotros, como de costumbre cuando se trata de Buruaga, llevábamos las arras. He aquí la diferencia.

Y eso, que así son las cosas y así se las hemos contado. Asín de claro.

Carta de Ajuste