PREMIOS DEL CINE ESPAÑOL

Muchachada baratuna y Locomía de postureo

Ayer se celebró la gala de los Premios Goya 2018, presentada por Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla

Foto:  Los humoristas y presentadores de la gala Ernesto Sevilla (i) y Joaquín Reyes. (EFE)
Los humoristas y presentadores de la gala Ernesto Sevilla (i) y Joaquín Reyes. (EFE)

Todo resultó ayer un poco trágico, un poco catastrófico, un poco tedioso y un poco largo. ¿Han visto alguna película de Roland Emmerich? ¿Quizá 'Indepence Day', '2012' o 'El día de mañana'? Pues más o menos igual, pero sin presupuesto.

Y aquí termina la crítica de la gala de los Goya 2018. Hasta el año que viene.

Breve anexo:

Muchos esperábamos algo parecido a una 'hora chanante', pero no, amigos. Nooo sostenido. No fue una hora, eso lo primero. Fueron algo más de seis o siete. Al menos en el subconsciente, que es donde habita el reloj biológico. Mi estómago hizo la digestión unas dieciséis veces tan solo durante la primera aparición de Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes, conductores de la velada.

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Y sí, estos tipos, pobrecitos míos, tienen talento. Lo tienen, pero no se lo llevaron a los Goya. Es probable, bien mirado, que no les dejasen subirlo al escenario. Cómo explicar si no que ayer echáramos de menos no solo a Dani Rovira, sino incluso, permítanme exagerar, a la malograda Antonia San Juan.

Muchachada baratuna y Locomía de postureo

Gags pasados de vueltas, humor de boina calada, costumbrismo raruno sin sentido del espectáculo… Todo ello almidonado con los comentarios de corte intenso grado 9 en la escala de Richter de la voz en off de Carlos del Amor. Un cóctel molotov de azufre con el añadido de un mal llevado leitmotiv feminista.

La Terremoto de Alcorcón en los Goya
La Terremoto de Alcorcón en los Goya

Porque cabía esperar también, quizá, que fuera una noche gloriosa para las mujeres, que una 'superwoman' diera el discurso de su vida, que los tuiteros crearan un 'hashtag' pidiendo para ella la presidencia del Gobierno. Esas cosas mágicas (o no) que pasan al otro lado del charco. Pero tampoco. Lo más parecido que hubo a una Oprah ayer en la gala de los Goya fue la Terremoto de Alcorcón.

Los pretendidos Goya de las mujeres se quedaron en el intento. Puro postureo en una industria cuyas cifras asfixian al género, por mucho que ayer se repartieran abanicos rojos para relajar esa sensación de falta de aire. Todo destilaba un cierto mamoneo, porque probablemente habría más de un capullo primo hermano de Harvey Weinstein sentado en el patio de butacas. Es muy probable, incluso, que su cornuda esposa le acompañara y portara también un abanico entre las manos. Es posible, por ir más lejos, que algún tipejo con la mano larga subiera incluso al escenario. Y todo eso con la connivencia de un gremio que venía ayer a dar lecciones de no sé qué.

¿Los premios? Bien, gracias. Bueno, mejor 'eskerrik asko'.

Carta de Ajuste
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