A Dios rogando y la Campanario 'dando'

María José Campanario ha sorprendido tratando en una portada los temas más polémicos que hace días quiso silenciar

Foto: María José Campanario. Ilustración realizada por Jate para Vanitatis.
María José Campanario. Ilustración realizada por Jate para Vanitatis.

Qué beneficioso es, a veces, el silencio. Después del decepcionante #requetebelenazo en el que Belén Esteban compartió con su pueblo la llamada que le hizo María José Campanario, desde su retiro voluntario en un centro psiquiátrico, gran parte de la opinión pública se posicionó al lado de la odontóloga. Hasta el miércoles. Día en que la señora de Jezulín abrió el pico en la revista '¡Hola!' para narrar su paso por el centro sanitario y comentar qué le habían parecido las declaraciones de la expareja de su marido en ‘Sálvame Deluxe’, de forma velada, obviamente. Uno tiene que leerse dos veces la entrevista para coscarse de que la Campa tiene un mensaje para la 'princesa del pueblo': demandará todo lo demandable.

Cada uno es dueño de su vida y tiene derecho a compartir lo que quiera de ella. La una puede hablar de su enfermedad y la otra desvelar quién la llama y qué le cuenta. No lo digo yo, lo dice la ley. ¿Que Campa no estaba en sus cabales durante su llamada? Qui lo sa. Ella dice acordarse de todo lo que vivió en el centro, de todas las llamadas que realizó, no niega haber llamado a la colaboradora de ‘Sálvame’, por lo que uno puede entender que el que calla otorga y confirma con su silencio la versión de Belén. Llegados a este punto de nada sirve tirar la piedra y esconder la mano. O se habla o se guarda silencio, pero no se puede dar una exclusiva (cobrada o regalada) y evitar entrar en las materias que realmente interesan. ¿Llamó Campa a Esteban y le reconoció sus méritos como madre y le pidió una cita en el chalet de Belén en Paracuellos? Es sencillo: Belén dice la verdad o Belén miente.

En el reportaje explica que la coloración rubio Esteban (patentado; bueno, casi) que lució este verano se debía a un ‘se le fue de las manos’ a la peluquera. Niega estar obsesionada con nadie. Por lo que el lector puede entender que no colecciona recortes de apariciones de Belén Esteban debajo de la cama en cajas de zapatos, pero ¿y Jesús?, ¿los colecciona Jesús?

Resulta curioso que la odontóloga pida silencio, a toro pasado, en una revista posando sonriente envuelta en un capote verde esperanza trianera en vez de hacerlo mediante un comunicado cuando ingresó. Resulta curioso que trate temas para ella tan graves que había que silenciar por respeto y los airee en una boda en Portugal. Resulta curioso que se nieguen a aceptar que si Belén habla de ellos en ‘Sábado Deluxe’, sus palabras cotizan al alza. Resulta curiosísimo que obvien que si Belén no siguiese siendo el personaje que es, ellos no serían de interés público. Si Belén no llevase 18 años hablando del torero y la consorte, habríamos olvidado que hubo una vez en la que un chico de Ubrique llenaba las plazas de féminas que le tiraban sus bragas. A Dios rogando y la Campanario dando. Su segunda boda, esa a la que no renuncian para vender en '¡Hola!' pese al malestar de María José, no es la boda de un mataor, es la boda del padre de la hija de Belén. Los Bazán Campanario si no hablan de Belén, aunque sea de forma indirecta, no venden ejemplares ni en Ambiciones. A Dios rogando silencio y a Belén dando.

Mucha tele que cortar
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