'Las Campos': Omaita y Antonia en Nueva York

María Teresa Campos, Terelu Campos y Carmen Borrego han vuelto con su docu-reality por Navidad. Nadie las echaba de menos pero no ha estado de más

Foto: Las Campos. Viñeta de Jate para Vanitatis.
Las Campos. Viñeta de Jate para Vanitatis.

Como Los Morancos en aquellas maravillosas décadas pasadas, las Campos vuelven a nuestras casas por Navidad. Como el turrón también. En un dúo cómico de tres que ameniza la víspera de Los Santos Inocentes se ha convertido la familia más televisada de España. María Teresa es la madura con ínfulas de grandeza Omaita y sus hijas, las Antonias con los pies en alpargatas sobre la tierra y la cabeza en las nubes.

La entrega ‘Las Campos a Nueva York’ comenzó con un mensaje de la matriarca María Teresa Campos, como si del mismo rey Felipe VI se tratase, dirigido a todos los españoles. Se mostró preocupada por la situación política en Cataluña y agradecida con su público y sus compañeros por las muestras recibidas durante su ingreso hospitalario en el mes de las flores. También con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y su equipo por haberle concedido la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Este previo desde la casa de la periodista, escoltada por sus hijas, sirvió de muestra de la sinrazón que le vino después. Mamá Campos dice estar abierta a las críticas. No mostró la misma mano abierta en los anteriores debates sobre su documental por entregas. Quizás se mostró tan generosa porque conocía que a este capítulo no le seguía en la parrilla un coloquio sobre el mismo.

Las Campos.
Las Campos.

Predecible. El viaje, como toda aventura narrada por los aires en un docu-reality, arrancó con un personaje histérico por su miedo a volar, Carmen Borrego, y sus compañeras meadas de la risa. Con perdón. Tras el aterrizaje la aterrorizada era María Teresa Campos, que fue recluida por la policía aeroportuaria porque sus huellas dactilares no se imprimían en el papel. Al parecer porque la malagueña es de yema seca. Ella, genéticamente perfecta y amante de las cremas, lo niega.

Ubicada la reina madre en el hotel, Terelu Campos y Carmen Borrego pusieron pies en Rockefeller Center para ver el encendido del árbol de Navidad más famoso del planeta. El gentío, según Borrego el mismo en cantidad que durante la Semana Santa malagueña, se lo impidió. La comparación de Carmen recuerda a aquella de “¿que cómo es Dubái? Como Toledo pero todo nuevo”. ‘Ahogaron’ el disgusto comiéndose un perrito. Les gusta con kétchup. Fue el primero de los muchísimos perritos con salsa de tomate que se zampó Terelu en la ciudad que nunca duerme. Íbamos sobre aviso, durante la rueda de prensa de presentación del capítulo sentenció: "Es más fácil encontrar un buen perrito en Nueva York que una buena porra en Madrid. Inevitable caer en la tentación".

Las Campos.
Las Campos.

La mañana siguiente la dedicaron a visitar el Empire State Building. María Teresa se mostró regañona y Terelu aprovechó, como el que no quiere la cosa, para confesar que había tenido un novio en la ciudad llamado Juan. También jugó a emular a Marilyn Monroe en ‘The Seven Year’ sobre la ventilación de un metro, pero en vez de con vestido blanco con uno de cuadros salpicado de floripondios de Zara. Conocemos la firma porque una espontánea se lo preguntó. Hablando de teatrillos; fue su madre la que se llevó todo el protagonismo del documental antes de reproducirse por aparecer disfrazada de Audrey Hepburn en ‘Desayuno con diamantes’ frente al escaparate de la joyería Tiffany&Co. Dice que era la ilusión de su vida.

Menos simpática que con los curiosos que se agolparon para verla emular a la actriz belga se mostró con los paparazzi españoles que la fotografiaron montada en una calesa. “No me van a sacar porque no me da la gana. Me van a sacar con la cara tapada”. Un ‘no me vas a grabar más’ de manual.

María Teresa Campos en 'Las Campos'. (Mediaset España)
María Teresa Campos en 'Las Campos'. (Mediaset España)

Derrochonas confesas, las tres hicieron gasto en Bergdorf Goodman ayudadas por una especie de ‘personal shopper’ que, como todo ignorante de la Moda, califica de alta costura todo lo que toca. 3.700 dólares se gastó la matriarca en zapatos para ella y sus hijas. Terelu no quería su regalo, de hecho aprovechó que su madre, cual abuela cebolleta, le estaba contando a una dependienta que ella tiene su propia línea de zapatos en España para escaparse a comprarse un perrito. Cuando volvió y vio que a Carmen le había comprado unos bonitos botines de Chanel, se le antojó un zapato-media de Balmain. Celos de hermanas. Ellas le correspondieron comprándole a su progenitora un poncho de unos cuarenta dólares.

Tras otro perrito en Kat’z – “me voy a comer un perrito aunque me quede más delgada” es el nuevo slogan de Terelu–, donde la mayor de las hermanas fingió un orgasmo como Meg Ryan en ‘Cuando Harry conoció a Sally’, se fueron a comprar barato a Chinatown. “Hemos ido a comprar de marca con mi madre, ¿quién ha pagado? Mi madre. Hoy nos hemos ido a comprar de imitación a Chinatown, ¿quién ha pagado? Nosotras”, Carmen Borrego.

Fueron en metro y volvieron a demostrar que están poco familiarizadas con los transportes públicos. Tampoco lo están con el inglés americano. Compraron bolsos de imitación. Dos de Gucci y tres de Louis Vuitton. Carmen lo siente por las marcas, pero cree que no está haciendo nada ilegal. Se equivoca.

En la última cena un invitado de lujo: Enrique Monereo, el cirujano de las estrellas. Carmen se quiere quitar la papada. La del cuello, porque según ella “hay papadas por todas las partes del cuerpo”. Carmen maravillosa. Se despiden de un Nueva York cuajado de luces. Cae el telón. “¡Volveremos! Y yo sin papada”, se le oye decir a Borrego. La pequeña es la nueva estrella de la familia. La Jenni les ha quitado el protagonismo a Omaita y Antonia.

Mucha tele que cortar
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