'Sherlock' llega a su fin con un capítulo bomba

La ficción de la BBC cierra con grandes revelaciones una cuarta temporada que ha estado marcada más por el factor emocional que por la ironía de su protagonista

Foto: Imagen promocional de 'El problema final' de 'Sherlock'.
Imagen promocional de 'El problema final' de 'Sherlock'.

El viento del Este llegó, arrasó con todo a su paso y nos trajo el final de una temporada más de 'Sherlock'. Quién sabe si también el final de la serie, porque regusto a despedida tiene 'El problema final', a pesar de que se ha elucubrado con una quinta temporada de la que no hay nada confirmado. Después de tres semanas de revelaciones, sobresaltos, acertijos y cebos, las piezas han encajado —y de qué manera— y Sherlock se ha convertido en el dramón de la ficción televisiva.

Este tercer y último capítulo (que se estrenó el domingo en la BBC y el lunes en Netflix) es un episodio de contexto que destaca, al igual que toda la cuarta temporada, por el factor emocional más que por ese Sherlock egocéntrico, irónico y antisocial que tan buenos momentos nos ha regalado. Si Mary fue la protagonista del primer episodio ('Las seis Thatchers') y Watson se erigió como el de un segundo capítulo ('El detective mentiroso') frenético y de los mejores de la serie, este final de temporada es de Sherlock.

Mark Gattis y Steven Moffat han firmado un cierre tensísimo y dramático, desigual en algunos tramos un tanto increíbles, que desvela con precisión uno de los secretos mejor guardados de la serie: la historia de los Holmes y por qué Sherlock es como es. Un colofón taquicárdico que llegaba precedido del gran 'cliffhanger' de la semana pasada y, tal y como prometía, ha dado munición de sobra para componer un puzle asfixiante que no nos deja ni pestañear. Son tantas las piezas por encajar que 'El problema final', basado en el relato del mismo nombre de sir Arthur Conan Doyle, no da descanso al espectador y cierra en alto una temporada largamente esperada y con dos villanos dignos de enmarcar.

'Sherlock' llega a su fin con un capítulo bomba

A PARTIR DE AQUÍ, 'SPOILERS'

Sin llegar a los fuegos artificiales del segundo capítulo, 'El problema final' es un episodio de una factura impecable. Ben Carson dirige una historia de casi hora y media oscura, trágica, retorcida y emocionante. Nos enfrentamos al primer y último caso de Sherlock. El círculo que se cierra. El pasado que vuelve. El problema final o, mejor dicho, el gran problema. Han sido tres años de espera para recolocar todos los porqués de la personalidad sociópata de Holmes y apreciar la evolución emocional y humana que ha sufrido el personaje. Tres años para conocer a los tres Holmes: Mycroft, Eurus y Sherlock. Tres años para descubrir el gran plan oculto de Moriarty: su venganza final era Eurus. O, más bien, que Eurus era la auténtica villana de esta serie.

Como contábamos la semana pasada, el segundo episodio se cerraba con LA gran revelación: Mycroft y Sherlock tienen una hermana llamada Eurus, que los dos detectives conocen porque se ha hecho pasar por la mujer que seduce a Watson, por su terapeuta y por la hija del malvado Smith que pone a Sherlock tras su pista —sí, tres por uno y sin que ninguno de estos dos lumbreras se pispara de nada—. El redoble de la revelación llegaba al saber que de algún modo estaba conectada con Moriarty. 'Miss me?'. Absolutamente.

Porque Moriarty está de vuelta. A pesar de haberse suicidado hace cinco años, su mente sibilina y su maldad vuelven por todo lo alto. Épico ha sido ese 'flashback' que nos regala un regreso pop de Moriarty (Andrew Scott ha firmado estos años uno de los mejores villanos de la televisión) cual 'rock star' con 'I want to breake free', de Queen, como banda sonora para el recuerdo. Aplausos fuertes en pie. Y tranquilos, está 100% muerto tras el tiro que se pegó en la azotea, pero Eurus y él tuvieron cinco minutos de conversación cinco años atrás gracias a Mycroft —sí, han leído bien— en los que se cocinó esta retorcida venganza.

'Sherlock' llega a su fin con un capítulo bomba

'El problema final' comienza con una niña en un vuelo en el que todo el mundo está extrañamente dormido. Sola y con la nave condenada a estrellarse, suena un móvil y al otro lado responde Moriarty. Sherlock tendrá que salvarla. Paralelamente, Mycroft está viendo una película antigua cuando empiezan a aparecer fragmentos de vídeos de su infancia y ese inquietante 'miss me?' La escena se convierte en una peli de terror con payasos y niñas perturbadoras, pero en realidad es una trampa urdida por Sherlock y Watson para hacerle confesar que en realidad tienen una hermana. Algo que ni el propio Sherlock recuerda porque el trauma de su infancia, ese que le volvió emocionalmente discapacitado, está relacionado con ella y absolutamente borrado de su mente.

De vuelta en el 221B de Baker Street, Mycroft les cuenta que Eurus (nombre que viene del griego y significa viento del este) es un año menor que Sherlock y es "un genio legendario superior a Newton". Hasta que aparece un dron con una granada de la paciencia, es decir que se detona por movimiento, y les hace explotar a los tres por los aires. Claro está, los tres salen ilesos y reaparecen en Sherrinford, que no era un nombre en clave sino una isla fortaleza "cuyo único propósito es contener a los que llamamos los incontenibles". Aislar a los demonios de la sociedad, y Eurus es uno de los más peligrosos. Estos saltos, a pesar de que el episodio cuenta con un guion bien atado, resultan poco verosímiles aunque, en realidad, estás tan metido en las confesiones que no importa demasiado.

Eurus (interpretada por una formidable Sian Brooke, que ya compartió escenario con Cumberbatch en 'Hamlet') lleva toda su vida encerrada en Sherrinford. Es una manipuladora maquiavélica y malvada que ha esclavizado a todos los guardias del centro y se mueve a su antojo en la institución en la que la recluyeron su tío y su hermano Mycroft. Es despiadada y ansía venganza, pero sobre todo es la más lista y cruel de los hermanos Holmes. Y eso ya es mucho decir. Conocemos que ella es la gran responsable de cómo es Sherlock. Él es su fijación. "El hombre que eres hoy es tu recuerdo de Eurus", le confiesa Mycroft. Fue ella quien le volvió un sociópata incapaz de sentir, quien marcó su atracción por los crímenes sin respuesta y quien, finalmente, termina dando contexto a su vida en este episodio.

Barba Roja es el gran trauma que Sherlock ha borrado de su mente y ahora empieza a encajar. No era su perro sino su Watson de la infancia: Victor Trevor. Su mejor amigo y al que su hermana Eurus ahogó en un pozo por celos y soledad. "No tenía a nadie", le dice a Sherlock. Por eso, su venganza ahora es volver a hacerle lo mismo a su hermano con Watson. Pero no será tan simple. Aliada con Moriarty, que vuelve en forma de vídeo de entre los muertos, Eurus teje una tortura desquiciante y tensa que es en lo que se convierte este episodio.

El viento del Este ya está aquí. El juego ha comenzado: los peones son Sherlock, John y Mycroft y la jugadora Eurus. "Esto no es una tortura, es una vivisección. Vivimos la ciencia de la pespectiva de las ratas de laboratorio", dice Sherlock y tiene toda la razón. Porque para salvar el vuelo de esa niña, Sherlock y sus dos acompañantes tiene que pasar unas pruebas extremas (muy Milgram): salvar a la mujer del director de la prisión, atrapar/condenar a un asesino entre tres hermanos, conseguir que Molly le diga a Sherlock que la quiere —¡menuda escena!— o que Sherlock elija si mata a Watson o Mycroft. Ese es su punto de no retorno.

En otro salto irreal, todos están en la casa familiar de los Holmes y Watson corre la misma suerte que Victor. ¿Podrá salvarle Sherlock esta vez? ¿Cómo? Con la misma canción que le cantaba su hermana cuando eran niños y que no era otra cosa que un canto desesperado de ayuda y compañía, de un compañero de juegos a la altura de su inteligencia. Ese avión y esa niña son la metáfora de su miedo y aislamiento. Es una manera brillante de humanizar a un monstruo, aunque resulta menos creíble que de repente se pase al lado bueno, ayude a salvar a Watson y vuelva a recluirse en Sherrinford, donde esta vez sí recibirá habitualmente las visitas de su hermano pequeño.

Con todo arreglado, Watson y Holmes vuelven a su rutina y la serie termina con un final demasiado suave y una innecesaria vuelta al vídeo de Mary poniendo de nuevo a resolver casos a sus "Baker Street Boys" —¡¿en serio?!—. Aunque esta temporada haya sido la más emocional y sentimental de la serie, en realidad es la vida mundana la que hace tan divertido a Sherlock. Ahí es donde terminan como, en palabras de la señora Watson, ese "yonqui que resuelve crímenes para colocarse y el médico que nunca regresó de la guerra". ¿Habrá una quinta temporada protagonizada por este par más humanizado pero igual de sarcástico y ególatra o es el tiempo de la nueva 'boy-band' anticrimen?

Chanquete ha muerto
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