El '(Des)encanto' de Matt Groening flojea en Netflix... salvo que aguantes hasta el final

Para tratar de disfrutar de la serie, de la que destacan sus últimos episodios, hay que sacudirse las ideas preconcebidas en base a los anteriores trabajos del creador de 'Los Simpson'

Foto: La primera temporada de '(Des)encanto' cuenta son diez episodios de unos veinte minutos (Netflix)
La primera temporada de '(Des)encanto' cuenta son diez episodios de unos veinte minutos (Netflix)

Una princesa borracha y divertida a la que acompaña un demonio faltón y cínico y un adorable duende que reniega de la felicidad. Los tres condimentados como mucha cerveza, humor, un reino medieval fantástico y con sello de Matt Groening. Por supuesto, las expectativas que se cocinaron con ‘(Des)encanto' ('Disenchantment') fueron máximas: una nueva creación del padre de ‘Los Simpson’ con una fórmula distinta, cuando hace tiempo que ‘Futurama’ ha quedado -con honores- en el pasado y la familia amarilla se va hundiendo en lo cómodo y plano en cada temporada que pasa. Quizá sea culpa de las expectativas o de que la serie de Netflix no ha sacado todo el potencial que prometía, pero ‘(Des)encanto’ no deja con ganas de más.

‘(Des)encanto’ narra la historia de Bean, una princesa que no quiere casarse, que se bebe hasta los floreros del palacio y que busca encontrar su sitio mientras sale de fiesta con sus amigos, desobedece a su exasperado padre y mata a unos cuantos incautos por el camino. Un personaje que parece obedecer a la época en la que ha sido creado, y bienvenido sea. Es verdad que el género fantástico en el que está ambientada es algo nuevo en la obra de Groening, pero ya vimos en Los Simpson algunas tomas de contacto con el mundo medieval de la mano de una Marge que se engancha a un juego de ordenador. Por ello cabía esperar algo más.

La nueva producción de Netflix continúa el reconocible estilo de Groening: Elfo, en lo visual, es como un gemelo no malvado de Bart. Mientras, la princesa Bean muestra unas ansias de independencia que recuerdan a las de Lisa y un alcoholismo unido a una permanente sensación de soledad que ya vimos en Bender. En la narrativa, ‘(Des)encanto’ tiene una historia que va más allá de lo episódico con diez episodios de veinte minutos, algo que no beneficia a la falta de ritmo y al humor intermitente.

Bean con el demonio Luci y Elfo, el elfo (Netflix)
Bean con el demonio Luci y Elfo, el elfo (Netflix)

La gran mayoría de los episodios de 'Los Simpson' -sobre todo de las primeras temporadas- son pequeñas joyas atemporales que pueden disfrutarse una y otra vez de forma independiente. Te sabes el chiste que viene a continuación, pero la carcajada llega con él una y otra vez. '(Des)encanto' no es memorable y sus capítulos, que no llegan a la media hora, se hacen largos. Desde luego que tiene algunas ocurrencias brillantes y gracias a destacar, como los granjeros humildes o los Hansel y Gretel antropófagos dispuestos a perturbar con su versión enferma del cuento. Algunos de sus gags incluso recuerdan al surrealismo pythoniano pero, en general, ‘(Des)encanto’ se queda corta, con un humor negro que trata de ser insolente pero que funciona a ratos. Hay una sensación constante de querer apartar al que esté al mando para pisar el acelerador.

'(Des)encanto' sigue la estela de los anteriores trabajos de Groening, pero se queda corta (Netflix)
'(Des)encanto' sigue la estela de los anteriores trabajos de Groening, pero se queda corta (Netflix)

Lo mejor de '(Des)encanto', sin duda, son sus últimos dos episodios, que cierran la temporada subiendo el nivel con un giro radical y abren la historia a nuevas posibilidades. '(Des)encanto' es fácil de ver y es lo suficientemente digna como para pasar el rato, pero siendo obra de Groening, duele que deje tanto que desear. Desde luego, para tratar de disfrutarla hay que sacudirse las ideas preconcebidas en base a los anteriores trabajos del creador de ‘Los Simpson’, o el soplido de disgusto será inevitable. La fórmula de la serie, sin embargo, sigue prometiendo: los personajes secundarios, la magia, los montruos y habitantes pueden aportar infinitas posibilidades de frescura y nuevo humor. Quizá en las siguientes temporadas, tras el buen cierre de la primera, encontremos la carne que en esta ha faltado.

Chanquete ha muerto
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