‘La Llamada’, el entrañable fenómeno cinematográfico de los ‘millenials’

Javier Calvo y Javier Ambrossi han llevado a los cines su éxito teatral regalando a los espectadores casi dos horas de alegría y buen rollo

Foto: Fotograma de 'La Llamada', con Susana reflexionando.
Fotograma de 'La Llamada', con Susana reflexionando.

Un campamento de verano cristiano, dos adolescentes fanáticas del electro-latino y Dios apareciéndose a una de ellas cantando algunos grandes éxitos de Whitney Houston. Es probable que la sinopsis de ‘La Llamada’, estrenada en más de un centenar de cines de toda España la semana pasada, parezca descabellada. Y a más de uno, que no conozca el fenómeno teatral que le precede, le habrá llevado a pensar en los manidos prejuicios sobre el cine patrio. Pero dentro de unas semanas la curiosidad llevará a ese espectador a comprobar por qué su madre, su sobrina y sus compañeros de trabajo hablan maravillas de "la película de los Javis”.

Javier Calvo y Javier Ambrossi, que en 2016 ya dieron de qué hablar gracias a su webserie ‘Paquita Salas’, son los creadores de este largometraje que ha sido capaz de reunir un curioso grupo de productores. Enrique López Lavigne, Toni Carrizosa y Kike Maíllo han unido fuerzas con José Corbacho y Jorge Javier Vázquez. Sí, el de Telecinco. Frente a las cámaras cuatro actrices estupendas y Richard Collins-Moore, un Dios con acento inglés. El culpable de que la vida de cuatro mujeres cambie para siempre.

Dios viene a verme

La enérgica madre Bernarda llega al campamento cristiano “La Brújula” decidida a imponer el orden y salvar a las jóvenes con la canción “Viviremos firmes en la fe”. Allí le espera la hermana Milagros, una joven insegura que trata de asumir que a la edad de las niñas del campamento, ella ya era novicia. Aunque no tan impetuosa y decidida como María y Susana, dos adolescentes que sueñan con convertirse en el próximo grupo de electro-latino que triunfe en todas las pistas de baile. Hasta que, una noche, la primera recibe la visita de Dios. Y a Dios le gusta mucho Whitney Houston.

Puede parecer una marcianada fruto de una dolorosa resaca pero, en realidad, ‘La Llamada’ es una original excusa para provocar que el espectador salga del cine, o del teatro, con una sonrisa en la cara y una visión más optimista de la vida. La culpa la tiene la inocencia propia de Susana y María, dos chiquillas en plena transición vital. Lejos de dejarse llevar por la prudencia o las reservas de la edad adulta las adolescentes apuestan, como dice la canción que esperan que les lance al estrellato, por dejarse llevar por sus sentimientos sin miedo al qué dirán. “Lo hacemos y ya vemos” como filosofía de vida, rompiendo los esquemas de la madre Bernarda, a pesar de que ella se considera una “monja moderna”.

Sor Milagros y Susana compartiendo confidencias.
Sor Milagros y Susana compartiendo confidencias.

La modernidad nostálgica

La ambientación de esta historia de amistad y fe en un campamento cristiano sirve para retratar el cambio de ciclo de las jóvenes. La elección de la religión como metáfora del deseo de seguir a su corazón no es más que la búsqueda de una imagen transgresora. Quizá la mayor muestra de autenticidad en este siglo XXI con una capacidad de asombro en pleno desgaste, repleto de modas y en el que confesar tus creencias religiosas es una actividad social llena de riesgos y, por ello, poco habitual. O al menos así lo cree María, que no es capaz de compartir con su mejor amiga las visitas nocturnas del Señor.

Los teléfonos móviles y el electro-latino sitúan la historia de estas cuatro mujeres en la actualidad. Pero, a excepción del género de Juan Magán y Henry Mendez, la ambientación musical del largometraje es de finales de los noventa. Por aquel entonces la malograda Whitney Houston compaginaba su consagración musical con su carrera como actriz, y el grupo valenciano Presuntos Implicados publicaba ‘Siete’. El disco que Milagros saca de su maleta y que le empuja a cantar el tema de apertura, ‘Todas las flores’. Una época en la que los ‘millenials’ tenían una edad similar a Susana y María, las adolescentes protagonistas.

Con este viaje cargado de nostalgia Calvo y Ambrossi regalan a su maltratada generación, la que sufre contratos precarios y anglicismos que ponen de moda ser pobre, un relato optimista y valiente. Una inyección de buen rollo que no exige del espectador más que la disposición necesaria para olvidarse de todo. Y dejarse llevar por una historia de verano adolescente en el que no falta la música, pero tampoco las drogas o el sexo.

Calvo y Ambrossi con las protagonistas de 'La Llamada'.
Calvo y Ambrossi con las protagonistas de 'La Llamada'.

Naturalidad y crisis vitales

Para algunos espectadores, especialmente aquellos que acudan al cine con niños preguntones, la naturalidad con la que la producción afronta el consumo de estupefacientes o la sexualidad puede resultar incómoda. Pero forma parte de la naturalidad con la que ‘los Javis’ han creado a sus personajes y sus historias. Roles frescos, sin artificios, que consiguen despertar el interés del espectador. Porque muchos son capaces de reconocerse en las dudas y los miedos de María, la espontaneidad y la vitalidad de Susana, la inocencia de la hermana Milagros o la firmeza de la madre Bernarda.

Macarena García y Anna Castillo son las culpables de que las adolescentes sean creíbles sin ser una caricatura de esa etapa vital. Y Gracia Olayo se luce interpretan a una madre superiora que ya hubiera querido la hermana Mary Clarence. El póker lo completa Belén Cuesta que además de ser una entrañable hermana Milagros, es la culpable involuntaria de la existencia de ‘La Llamada’. La obra fue escrita en 2013 tras una crisis vital que ella y Ambrossi atravesaron tras la barra del bar en el que trabajaban, que curiosamente se llama ‘Válgame Dios’. “Le prometió que le iba a escribir un papel que la sacara de allí”, contó hace unos días Macarena García en el ‘El Hormiguero’.

Entre bayetas rancias y copas vacías Ambrossi compartió con Cuesta su idea de un musical de monjas en un campamento. Y ella se apuntó. Aunque tal vez no le contó que aquellas eran las monjas más divertidas del mundo, y el campamento un lugar en el que volver a tener fe. En la humanidad o en Dios, eso ya depende de lo aficionado que uno sea a la discografía de Whitney Houston.

Desde Melmac
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