'Convénzeme', Mercedes Milá quiere ahora embrutecer lo único que le faltaba: los libros

La popular presentadora regresa con 'Convénzeme' (Be Mad), un alocado programa de libros donde decenas de lectores difunden una concepción ansiolítica de la literatura

Foto: Mercedes Milá (Mediaset España)
Mercedes Milá (Mediaset España)

Puede interpretarse de dos maneras: después de quince años al frente de 'Gran Hermano', uno de los programas más embrutecedores de la historia de la televisión, Mercedes Milá ha decidido paliar el daño causado al cerebro de varias generaciones de españoles apoyando la promoción de la lectura con un espacio exclusivo en prime time; o: después de quince años devastando el tejido intelectual de la sociedad, Mercedes Milá ha decidido rematar la faena embruteciendo lo poco que le quedaba por embrutecer: los libros. Que el nombre de su nuevo programa incluya una falta de ortografía ya da alguna pista sobre sus intenciones.

'Convénzeme' se llama así porque decenas de lectores serán recibidos por Mercedes Milá para que la convenzan de que lea algún libro. Así de dura está la cosa. Desde que Francisco Umbral perdiera los estribos en los años 90 sólo para que se hablara de su libro, la presentadora ha subido mucho el listón. Ahora Umbral tendría que ponerse de rodillas.

'Convénzeme', Mercedes Milá quiere ahora embrutecer lo único que le faltaba: los libros

'Convénzeme' aclara su analfabetismo con el añadido “con Z de Zweig”. Esto va a serle de mucha utilidad a los chavales en sus redacciones. Miguelito, que me has puesto biernes con B. ¡Con B de Borges, profe!

Z verde, Z roja

La errata borbónica (Letizia) da mucho juego al programa. Cada lector invitado tiene unos tres minutos para recomendar un libro (su Z verde) y para desaconsejar otro (la Z roja). Luz verde recibió una cosa llamada 'Mis besos' no son de cualquiera y otra cosa llamada 'La magia del orden', amén de un libro de Lucía Etxebarria. Con la luz roja tuvo que apañarse 'Rayuela', de Julio Cortázar, y 'El principito', de Saint-Exupéry. Ya ven.

Cada lector invitado tiene unos tres minutos para recomendar un libro (su Z verde) y para desaconsejar otro (la Z roja)

“Así me gusta”, decía Milá -descaradamente dispuesta a promocionar la lectura-, “que digáis que no os gusta sin tener en cuenta al sanedrín”.

El sanedrín es esa gente que dice que los libros buenos son buenos; una panda de gilipollas.

También se dijo que era bueno 'Guerra y paz', de León (sic) Tolstoi. Según Víctor, el lector, este libro le había ayudado a encontrar su destino; o a conocerse a sí mismo como ente vivo y fungible; o a algo así de radiante. Yo qué sé.

'Convénzeme', Mercedes Milá quiere ahora embrutecer lo único que le faltaba: los libros

No te ayudan

El primer programa de 'Convénzeme' nos regaló una deslumbrante aportación a la historia universal del retruécano. Como casi todos los lectores traían libros de autoyuda o esperaban de los libros que les ayudaran a encontrarse a sí mismos por dentro de los calcetines, una lectora habló de '222 recetas para la felicidad'. La buena mujer había recurrido a este libro en un momento “bajo” de ánimo. Y no le había servido para nada.

“Es increíble que los libros de autoayuda no te ayuden”, clamó. He llamado a un marmolista para que me grabe en granito estas alucinantes palabras.

"Es increíble que los libros de autoayuda no te ayudan", clamó una señora. Quiero grabar en granito estas alucinantes palabras

Que los libros de autoayuda no te ayudan era algo que sospechábamos todos; estaba en el aire. A fin de cuentas, no dejan de publicarse nuevos libros de autoayuda, cuando la gente a la que hay que ayudar ya se ha leído todos los anteriores. Si 'Mis zonas erróneas' o este '222 recetas para la felicidad' funcionaran, entonces no se escribirían más libros de autoayuda, porque estaríamos todos ayudados.

Es un mundo increíble, en efecto: los libros de autoayuda no te ayudan, los Reyes Magos no son ni reyes ni magos y el trankimazin te lo recetan con k de Kafka.

Rebelión en la granja

Mercedes Milá podría haber contraprogramado su propia trayectoria titulando su programa '1984' o 'Rebelión en la granja'. También podría haber buscado lectores en lugares distintos a la cola del terapeuta o el borde de los viaductos. En su programa el lector queda como un ciudadano débil que requiere asistencia emocional constante. Alguien que tiene una visión ansiolítica de la lectura, a la que recurre como último remedio. En la sección de libros del Carrefour puede cortarse la desolación con una cuchilla de afeitar, amigos.

En el programa el lector queda como un débil que requiere asistencia emocional constante. Alguien con una visión ansiolítica de la lectura

La realidad de la lectura yo creo que no tiene nada que ver con esto. En verdad hay que ser bastante libre y autónomo para dedicar varias horas al día a leer. Aislarse durante un buen rato de las redes sociales, de los likes a las fotos de tus pies y de la incontinencia del wasap para perseguir palabras sobre un papel no es una actividad que pueda soportar cualquiera.

Quien lee -no necesariamente libros de autoyuda- muestra, justamente, una convicción: la de querer estar solo. No hay persona que tenga más claro lo que quiere hacer con su vida que aquella que, aquí y ahora, decide leer.

No necesita convencer a nadie.

Mala Fama

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